Las ciudades perdidas..   Leave a comment

Existen multitud de historias y leyendas acerca de magnificas ciudades que existieron en al pasadom cudades de leyenda, que acabaron perdidas en al tiempo…..

Existe Akakor?:

El 3 de enero de 1984, Karl Brugger , corresponsal de origen alemán que por ese entonces residía en el estado de Río de Janeiro –Brasil -, fue asesinado en pleno día por un tirador anónimo que le disparó a quemarropa mientras se encontraba paseando con un colega amigo, Ulrich Eucke, por la famosa playa de Ipanema

En una ciudad donde la criminalidad, marginalidad y pobreza registran una de las tasas más elevadas del mundo, nadie prestó demasiada atención a la desaparición del periodista. La policía abrió un expediente para investigar el hecho, aunque las pruebas recopiladas no fueron muy efectivas. Solamente se pudo reconocer el arma, identificada como una ametralladora portátil 9 mm similar a una mini UZI, y que suele utilizar el personal militar. El agresor nunca fue detenido y el caso entró en zona muerta.

Ocho años antes de su deceso, Brugger, había alcanzado cierto éxito con un libro de su autoría, “La Crónica de Akakor. Mito y leyenda de un pueblo antiguo de Amazonia (1976)” , best-sellers en Europa y EE.UU. La obra fue la culminación de un largo reportaje que dejó un saldo de doce tapes de grabación, con un único interlocutor, Tatunca Nara, mestizo indígena y líder de los Ugha Mongulala quién en forma oral contó un extraño y fantástico relato sobre los orígenes milenarios de su pueblo.

Nacía la leyenda de Akakor.

Remontémonos a 1971. Cuenta la historia, que los integrantes de una línea área comercial alemana Swissair, se encontraban paseando por Manaus estado de Amazonia, cuando fueron abordados por un mendigo vestido en forma harapienta, que les solicitó el pago de una comida.

La sorpresa surgió al comprobarse que el desconocido, podía expresarse en perfecto alemán, causando el asombro de los tripulantes y en especial de su comandante, Ferdinand Schmidt, experimentado aviador.

El misterioso personaje dijo llamarse Tatunca Nara, príncipe de una tribu perdida de la selva, los Ugha Mongulala. Reveló además, que un contingente de 2.000 alemanes arribaron a su país en los últimos tramos de la Segunda Guerra Mundial -1939-1941-, refugiándose en Akakor, antigua ciudad subterránea legada por maestros venidos de las estrellas.

De vuelta en Alemania y aún impresionado por el relato de Tatunca Nara, Schmid, decide informar acerca del extraordinario encuentro a un periodista, Kart Brugger quién prestaba colaboración para una televisora pública nacional, la ARD, una de las cadenas de comunicación más importante de Europa.

Nacido en Munich -1941-, Brugger, además de su título como Periodista, contaba con estudios en Sociología e Historia. Con el tiempo se transformó en un reputado especialista de culturas nativas americanas.

Intrigado por la confidencia, el corresponsal alemán decide aceptar el reto y partir a Brasil en busca del “príncipe del mundo subterráneo”.

A su llegada, inicia una serie de investigaciones que después de un año de pesquisas e indagaciones, se verían coronadas por el éxito.

“El 3 de marzo de 1972. M., al mando en Manaus del contingente brasileño en la jungla, facilitó el encuentro. Fue en el bar Gracas á Deus («Gracias a Dios») donde por primera vez me enfrenté con el blanco caudillo indio. Era alto, tenía el pelo largo y oscuro y un rostro finamente moldeado. Sus ojos castaños, ceñudos y suspicaces, eran los característicos del mestizo. Tatunca Nara vestía un descolorido traje tropical, regalo de los oficiales, como posteriormente me explicaría.

El cinturón de cuero, ancho y con una hebilla de plata, era realmente sorprendente. Los primeros minutos de nuestra conversación fueron difíciles. Con cierta indiferencia, Tatunca Nara (imagen derecha) expuso en un deficiente alemán sus impresiones de la ciudad blanca, con sus miles de personas, la prisa y la precipitación en las calles, los altos edificios y el ruido insoportable. Sólo cuando hubo vencido sus reservas y su suspicacia inicial, me contó la más extraordinaria historia que jamás había escuchado. Tatunca Nara me habló de la tribu de los ugha mongulala, un pueblo que había sido «escogido por los dioses» hacía 15.000 años.

Describió dos grandes catástrofes que habían asolado la Tierra, y habló de Lhasa, el legislador, un hijo de los dioses que gobernó el continente sudamericano, y de sus relaciones con los egipcios, el origen de los incas, la llegada de los godos y una alianza de los indios con 2.000 soldados alemanes. Me habló de gigantescas ciudades de piedra y de los poblados subterráneos de los antepasados divinos. Y afirmó que todos estos hechos habían sido registrados en un documento denominado la Cronica de Akakor

Pero Brugger, dudó.

“ La historia parecía demasiado extraordinaria: otra leyenda más de los bosques, el producto del calor tropical y del efecto místico de la jungla impenetrable. Cuando Tatunca Nara concluyó su relato, yo tenía doce cintas con un fantástico cuento de hadas”

A pesar de sus vacilaciones en el terreno, el periodista decidió sondear entre sus contactos regionales para ver si se obtenían datos extras que validaran la historia. Cuando le fueron presentados los resultados, quedó sorprendido.

Supo, que la irrupción de Tatunca Nara en escena se produjo en 1968.

“Cuando un periódico menciona a un caudillo indio que salvó las vidas de doce oficiales, le fueron concedidos un permiso de trabajo brasileño y un documento de identidad. Según diversos testimonios, el misterioso caudillo habla un deficiente alemán y sólo comprende algunas palabras de portugués, pero está familiarizado con varias lenguas indias habladas en las zonas altas del Amazonas. Unas pocas semanas después de su llegada a Manaus, Tatunca Nara desapareció súbitamente sin dejar huella ”.

En 1969 estalló un violento enfrentamiento que involucró a las tribus salvajes y los colonos blancos en la provincia fronteriza peruana Madre de Dios.

“El líder de los indios, quien, según los informes de prensa peruanos, era conocido como Tatunca («gran serpiente de agua»), huyó tras la derrota a territorio brasileño. Con objeto de impedir una repetición de los ataques, el gobierno peruano solicitó del brasileño la extradición, pero las autoridades brasileñas se negaron a cooperar. Las hostilidades en la provincia fronteriza de Madre de Dios se prolongaron durante 1970 y 1971.

Las tribus indias salvajes huyeron hacia los bosques casi inaccesibles cercanos al nacimiento del río Yaco. A Tatunca Nara parecía habérselo tragado la tierra. Perú cerró la frontera con Brasil e inició la invasión sistemática de los bosques vírgenes. Según los testigos oculares, los indios peruanos compartieron el destino de sus hermanos brasileños: fueron asesinados y murieron víctimas de las enfermedades de la civilización blanca”.

Por ese mismo año, una terrible sequía golpeó a la región de los Ugha Mongulala. Con el hambre en puerta, Tatunca Nara decidió arriesgarse a salir a la superficie, para pedir ayuda a los “Blancos Bárbaros”, y así aliviar los pesares que amenazaban a su gente.

Su confianza se depositó en un sacerdote .

“Vestido con las ropas de los soldados alemanes, abandoné Akakor y después de un laborioso viaje, llegué a Río Branco. una de sus grandes ciudades, situada en la frontera entre Brasil y Solivia. Aquí me dirigí al sumo sacerdote de los Blancos Bárbaros, a quien había conocido por intermedio de los doce oficiales blancos. Le revelé el secreto de Akakor y le hablé sobre la miserable situación de mi pueblo. Como prueba de mi historia, le entregue dos documentos de los Dioses, y éstos convencieron definitivamente al sumo sacerdote blanco. Accedió a mi petición y regresó conmigo a Akakor. La llegada a Akakor del sumo sacerdote blanco provocó violentas discusiones con el consejo supremo. Los ancianos y los señores de la guerra rechazaron todo contacto con él.

Para evitar cualquier posible traición, exigieron incluso su cautividad. Solamente los sacerdotes estaban preparados para discutir una paz justa. Después de argumentaciones infinitas, el consejo supremo concedió al sumo sacerdote blanco un período de seis meses, durante el cual expondría a su propio pueblo la terrible situación de los Ugha Mongulala. Para que pudiera reforzar su historia, le fueron entregados varios escritos de los Padres Antiguos. Si no lograba convencer a los Blancos Bárbaros, tenía la obligación de devolver los documentos a Akakor.

Durante seis meses, nuestros exploradores esperaron en el lugar acordado para el encuentro en la zona alta del Río Rojo. El sumo sacerdote blanco no regresó. (Algún tiempo después me enteraría de que había muerto en un accidente de aviación. De todos modos, había enviado los documentos a una lejana ciudad llamada Roma. Esto es lo que, en cualquier caso, dijeron sus servidores.)”

En las postrimerías de 1972, Tatunca Nara llevó su historia a las autoridades brasileñas, para convencerlas de tomar cartas en el asunto.

“Con la ayuda de los doce oficiales cuya vida había salvado, entró en contacto con el servicio secreto brasileño. Apeló asimismo al Servicio de Protección India (FUNAI) y le habló a N., secretario de la embajada de la República Federal de Alemania en Brasilia, sobre los 2.000 soldados alemanes que, según sostenía, habían desembarcado en Brasil durante la Segunda Guerra Mundial y están todavía vivos en Akakor, la capital de su pueblo. N. no creyó la historia y negó a Tatunca Nara todo acceso posterior a la embajada.

FUNAI sólo accedió a cooperar una vez que muchos de los detalles de la historia de Tatunca Nara sobre tribus indias desconocidas de la Amazonia fueron comprobados durante el verano de 1972. El servicio formó una expedición para establecer contacto con los misteriosos ugha mongulala y dio instrucciones a Tatunca Nara para que hiciera todos los preparativos necesarios. Sin embargo, estos planes se vieron interrumpidos por la resistencia de las autoridades locales de la provincia de Acre. Siguiendo instrucciones personales del entonces gobernador Wanderlei Dantas, Tatunca Nara fue arrestado. Poco antes de su extradición a la frontera peruana, sus amigos oficiales lo liberaron de la prisión de Río Branco y lo devolvieron a Manaus”

Con los datos recogidos, Brugger decidió emprender una expedición hacia Akakor, que contaría con la guía de Tatunca Nara y la participación de un fotógrafo. Pero la aventura casi termina en tragedia.

“Abandonamos Manaus el 25 de septiembre de 1972. Remontaríamos el río Purus hasta donde pudiéramos en un barco alquilado, tomaríamos después una canoa con motor fuera borda y la utilizaríamos para alcanzar la región del nacimiento del río Yaco en la frontera entre Brasil y Perú, luego continuaríamos a pie por las colinas bajas al pie de los Andes hasta llegar a Akakor. Tiempo necesario para la expedición: seis semanas; probable regreso: a comienzos de noviembre. Nuestro equipo se componía de hamacas, redes para mosquitos, utensilios de cocina, alimentos, las ropas habituales para la jungla y vendajes médicos. Como armas, un Winchester 44, dos revólveres, un rifle de caza y un machete. Además, llevábamos nuestro equipo de filmación, dos registradoras magnetofónicas y cámaras.

Los primeros días fueron muy diferentes de lo que esperábamos: nada de mosquitos, ni de serpientes de agua ni de pirañas. El río Purus era como un lago sin orillas. Contemplábamos la jungla sobre el horizonte, con sus misterios ocultos tras una muralla verde. El primer pueblo que alcanzamos fue Sena Madureira, último asentamiento antes de penetrar en las todavía inexploradas regiones fronterizas entre Brasil y Perú. Era un lugar Típico de la Amazonia: polvorientas carreteras de arcilla, ruinosas barracas y un desagradable olor a agua estancada. Ocho de cada diez habitantes sufren de beriberi, lepra o malaria. La malnutrición crónica ha dejado a estos seres en un estado de triste resignación. Rodeados por la brutalidad de la inmensidad y aislados de la civilización, dependen principalmente del licor de caña de azúcar, único medio de escapar a una realidad sin esperanza.

En un bar, nos despedimos de la civilización y nos topamos con un hombre que dice conocer las zonas altas del río Purus. En su búsqueda de oro, fue hecho prisionero por los indios haisha, una tribu semi-civilizada que se asienta en la región del nacimiento del río Yaco. Su relato es desalentador: nos habla y no para sobre rituales caníbales y flechas envenenadas. El 5 de octubre, en Cachoeira Inglesa, cambiamos el bote por la canoa. A partir de aquí dependemos de Tatunca Nara. Los mapas de ordenanza describen el curso del río Yaco, pero sólo de una manera imprecisa. Las tribus indias que viven en esta región no tienen aún contactos con la civilización blanca. A J. y a mí nos domina un sentimiento de incomodidad. ¿Existe, después de todo, un lugar como Akakor? ¿Podemos confiar en Tatunca Nara? Pero la aventura se muestra más apremiante que nuestra propia ansiedad.

Doce días después de haber dejado Manaus, el paisaje comienza a cambiar. Hasta aquí el río semejaba un mar terroso sin orillas. Ahora nos deslizamos a través de las lianas por debajo de árboles voladizos. Tras una curva del río, hallamos a un grupo de buscadores que han construido una primitiva factoría sobre la orilla del río y criban la arena de grano grueso con cedazos. Aceptamos su invitación de pasar la noche y escuchar sus extraños relatos sobre indios con el pelo pintado de rojo y azul con flechas envenenadas. El viaje se convierte en una expedición contra nuestras propias dudas. Nos hallamos a apenas diez días de nuestro presunto objetivo.

La monótona dieta, el esfuerzo físico y el temor a lo desconocido han contribuido cada uno lo suyo. Lo que en Manaus parecía una fantástica aventura se ha convertido ahora en una pesadilla. Principalmente, comprendemos que nos gustaría dar la vuelta y olvidarlo todo sobre Akakor antes de que sea demasiado tarde .Todavía no hemos visto a ningún indio. En el horizonte aparecen las primeras cumbres nevadas de los Andes; a nuestras espaldas se extiende el verde mar de las tierras bajas amazónicas. Tatunca Nara se prepara para el regreso con su pueblo. En una extraña ceremonia, se pinta su cuerpo: rayas rojas en su rostro, amarillo oscuro en el pecho y en las piernas. Ata su pelo por detrás con una cinta de cuero decorada con los extraños símbolos de los ugha mongulala.

El 13 de octubre nos vemos obligados a regresar. Después de un peligroso pasaje sobre rápidos, la canoa es atrapada por un remolino y zozobra. Nuestro equipo de cámaras, empaquetado en cajas, desaparece bajo los densos arbustos de la orilla; la mitad de nuestros alimentos y de las provisiones médicas se han perdido también. En esta situación desesperada, decidimos abandonar la expedición y regresar a Manaus. Tatunca Nara reacciona con irritación: se muestra violento y contrariado. A la mañana siguiente, J. y yo levantamos nuestro último campamento. Tatunca Nara, con la pintura de guerra de su pueblo, cubriéndole únicamente un taparrabos, toma la ruta terrestre para regresar con su pueblo. Este fue mi último contacto con el caudillo de los ugha mongulala. ”

Pasaría mucho tiempo hasta que Karl Brugger y Tatunca Nara volvieran a reunirse. Con la edición del libro, la fama de Akakor se extendió por todos los rincones, y su historia, trascendió fronteras.

En su crónica oral, el líder de los Ugha Mongulala relató al periodista germano, que visitantes estelares aterrizaron en Sudamérica hace cerca de 15.500 años, procedentes de Schwerta, lugar remoto y “centro de un imperio conformado por numerosos mundos situado en los confines de nuestro universo ”.

Fueron 130 familias que se establecieron en este continente.

“Ellos civilizaron a los hombres y fundaron la Tribu de los Ugha Mongulala, que significa “Tribus Escogidas Aliadas”. Y para sellar su alianza eterna, se unieron a ellos. De aquí que los miembros de esta Tribu se parezcan a los Shuerta, hasta en el color de la piel”.

Tatunca los describió como similares a nosotros en lo físico, salvo por un detalle: los desconocidos contaban con seis dedos.

Los extranjeros erigieron 26 ciudades, casi todas subterráneas, tres de las cuales fueron elegidas como principales.

“ La ciudad de Akakor se extendía más allá del río Purus, en un alto valle, situado en la frontera que divide a Brasil de Perú. La región de Madre de Dios (Perú) y Acre (Brasil), señalarían los límites de su territorio”

Estas so las posibles coordenadas de la mitica ciudad           10°40′38″S 71°09′51″W        segun mis calculos…

Toda la ciudad está rodeada por una gran muralla de piedra con trece puertas. Éstas son tan estrechas que únicamente permiten el acceso de las personas de una en una.

La llanura del Este, a su vez, está protegida por atalayas de piedra en las que escogidos guerreros se hallan continuamente en vigilancia de los enemigos. Akakor está dispuesta en rectángulos. Dos calles principales que se cruzan dividen la ciudad en cuatro partes, que corresponden a los cuatro puntos universales de nuestros Dioses.

El Gran Templo del Sol y una puerta de piedra tallada de un único bloque están situados sobre una gran plaza en el centro.

El templo mira hacia el Este, hacia el Sol naciente, y está decorado con imágenes simbólicas de nuestros Maestros Antiguos. En cada mano, una criatura divina sostiene un cetro en cuyo extremo superior hay una cabeza de jaguar. La figura está coronada con un tocado de ornamentos animales. Una extraña escritura, y que sólo puede ser interpretada por nuestros sacerdotes, reseña la fundación de la ciudad. Todas las ciudades de piedra construidas por nuestros Maestros Antiguos tienen una puerta semejante.

El edificio más impresionante de Akakor es el Gran Templo del Sol. Sus paredes exteriores están desnudas y fueron construidas con piedras artísticamente labradas. El techo está abierto de modo que los rayos del Sol naciente puedan llegar hasta un espejo de oro, que se remonta a los tiempos de los Maestros Antiguos, y que está montado en la parte delantera. Figuras de piedra de tamaño natural flanquean la entrada del templo por ambos lados. Las paredes interiores están tapizadas con relieves. En una gran arca de piedra hundida en la pared delantera del templo se encuentran las primeras leyes escritas de nuestros Maestros Antiguos”

Luego le sigue Akanis (Fortaleza 1), edificada “sobre una estrecha lengua de tierra, cercana a México, dónde se enfrentan los dos océanos (4).

La última, Akahim (Fortaleza 3) quizás la más misteriosa, se encuentra al norte de Brasil lindante con Venezuela.

“ Se parece a Akakor, con su puerta de piedra, el Templo del Sol y los edificios para el príncipe y los sacerdotes. Una piedra labrada en forma de dedo extendido señala el camino hacia la ciudad. La entrada real está oculta detrás de una inmensa cascada de agua. Sus aguas caen hasta una profundidad de 300 metros”. . Yo puedo revelar estos secretos porque desde hace 400 años Akahim está en ruinas.

Después de guerras terribles contra los Blancos Bárbaros, el pueblo de los Akahim destruyó las casas y los templos de la superficie y se retiró al interior de las residencias subterráneas. Estas residencias están dispuestas como la constelación estelar de los Dioses y se hallan conectadas mediante unos largos túneles de forma trapezoidal. Hoy en día, sólo cuatro de las residencias están todavía habitadas; las nueve restantes están completamente vacías. Los en un tiempo poderosos Akahim apenas ascienden actualmente a 5.000 almas.

“Akahim y Akakor se comunican entre sí mediante un pasadizo subterráneo y un enorme sistema de espejos. El túnel comienza en el Gran Templo del Sol de Akakor, continúa por debajo del cauce del Gran Río y termina en el centro de Akahim. El sistema de espejos se extiende desde el Akai por encima de la alineación de los Andes, hasta las Montañas Roraina, que es como las llaman los Blancos Bárbaros.

Consiste en una serie de espejos de plata de altura equivalente a la de un hombre y montados sobre unos grandes andamios de bronce. Cada mes, los sacerdotes se comunican por este sistema los acontecimientos más importantes en un idioma de signos secretos. Fue de esta forma cómo la nación hermana de los Akahim tuvo noticias por primera vez sobre la llegada de los Blancos Bárbaros al país llamado Perú.”

Además de la descripción de las ciudades subterráneas, se incluyeron otras revelaciones importantes, que acrecentaron aún más el enigma

Tatunca habló de tecnología extraterrestre y documentos antiguos que se ocultarían en los recintos.

“Mi pueblo únicamente ha conservado la memoria del Imperio de Samón y sus regalos a Lhasa, los pergaminos escritos y las piedras verdes. Nuestros sacerdotes los han guardado en el recinto religioso subterráneo de Akakor, en donde también se conservan el disco volante de Lhasa y la extraña vasija que puede atravesar las montañas y las aguas. El disco volante es del color del oro resplandeciente y esta hecho de un metal desconocido. Su forma es como la de un cilindro de arcilla, es tan alto como dos hombres colocados uno encima del otro, y lo mismo de ancho. En su interior hay espacio para dos personas. No tiene velas ni remos.

Pero dicen nuestros sacerdotes que con él Lhasa podía volar más rápido que el águila más veloz y moverse entre las nubes tan ligero como una hoja en el viento. La extraña vasija es igualmente misteriosa. Seis largos pies sostienen una bandeja plateada. Tres de los pies apuntan hacia delante, otros hacia atrás. Estos e parecen a cañas dobladas de bambú y son móviles; terminan en unos rodillos de la largura parecida a los lirios del valle. Fieles a los deseos de nuestros Maestros Antiguos, los sacerdotes recogieron todos los conocimientos y todas las experiencias y lo conservaron en las residencias subterráneas.

Los objetos que dan testimonio de 12.000 años de la historia de mi pueblo se guardan en una habitación labrada en la roca. Aquí se hallan también los misteriosos dibujos de nuestros Padres Antiguos. Están grabados en verde y en azul sobre un material desconocido para nosotros. Ni el agua ni el fuego pueden destruirlo.”

“Uno de los mapas muestra que nuestra Luna no es la primera y que tampoco es la única de la historia de la Tierra. La Luna que nosotros conocemos comenzó a acercarse a la Tierra y a girar en derredor de ella hace miles de años. En aquel entonces el mundo tenía otro aspecto.

“En el Oeste, allí donde los mapas de los Blancos Bárbaros solamente registran agua, existía una gran isla. Asimismo en la parte septentrional del océano se encontraba una gigantesca masa de tierra. Según nuestros sacerdotes, ambos quedaron sumergidas bajo una inmensa ola durante la primera Gran Catástrofe, la de la guerra entre las dos razas divinas. Y añaden que esta guerra trajo la desolación a la Tierra y también a los mundos de Marte y de Venus, que es como los Blancos Bárbaros los llaman.”

Y también de cuerpos alienígenas en estado de suspensión.

“Entré en el recinto religioso al despuntar la mañana, poco después de la salida del sol. Envuelto en el traje dorado de Lhasa, descendí por una espaciosa escalera. Me condujo al interior de una habitación, y ni aún ahora puedo decir si ésta era grande o pequeña. El techo y las paredes eran de un color infinitamente azulado. No tenían ni comienzo ni final. Sobre una losa de piedra labrada había pan y una fuente de agua, los signos de la vida y la muerte. Un profundo silencio reinaba en la habitación. Repentinamente, una voz que parecía proceder de todas partes me ordenó que me levantara y que entrara en la siguiente habitación, que se parecía al Gran templo del Sol. Sus paredes estaban recubiertas de muchos y muy diversos instrumentos. Brillaban y resplandecía en todos los colores.

Tres grandes losas hundidas en el suelo fosforecían como el hierro. Contemplé maravillado los extraños instrumentos durante algún tiempo. Tan deslumbrados estaban, mis ojos por la brillante luz que tarde bastante tiempo en reconocer algo que ya nunca olvidaré. En el centro de la habitación cuyas paredes irradiaban una misteriosa luz se encontraban cuatro bloques de piedras transparentes. Cuando, lleno de temor, pude acercarme, descubrí en ellos a cuatro misteriosas criaturas: cuatro muertos vivientes, cuatro humanos durmientes, tres hombres y una mujer. Yacían en un líquido que los cubría hasta el pecho. Eran como los humanos en todos los aspectos, sólo tenían seis dedos en las manos y seis dedos en los pies.”

Cuando esta información llegó a oídos de los investigadores, Erich Von Däniken, de origen suizo, fue uno de los primeros en retomar la posta abandonada por el periodista alemán. En el libro de Brugger, Däniken , figuraba en los créditos como redactor del prólogo de Akakor, y por ende, contaba con antecedentes en el tema. Teniendo en cuenta el espíritu aventurero que el escritor tan bien supo imprimir en sus libros, no resultó sorpresa su intención de lanzar una expedición en busca de la ciudad perdida, a pesar de la experiencia fallida de Brugger. Pero desde el comienzo, arreciaron las dificultades.

En Testigo de los Dioses, el suizo relató los pormenores que hicieron fracasar la operación.

“Hace dos años entré en contacto, sin que ello guardase ninguna relación con el libro de Brugger, con un señor de Manaus llamado Ferdinand Schmidt. Dicho señor Schmidt había sido toda su vida piloto de la Swissair. Después de jubilarse aceptó la misión de trabajar para la Cruz Roja en Brasil. Esa misión le llevó a Manaus, y en el marco de sus actividades tuvo ocasión de tratar muchas veces a Tatunca Nara. Este le contó al señor Schmidt la historia de su tribu, exactamente en los mismos términos que más tarde publicaría Brugger.

Schmidt y yo intercambiamos algunas cartas, y luego tuvimos una entrevista en Zurich. Yo propuse organizar una expedición al territorio de la tribu de Tatunca, como única manera de verificar hasta que punto era verídica tan extraordinaria historia. Schmidt regresó a Manaus y, en su calidad de experto piloto, empezó a programar la expedición, manteniéndose al mismo tiempo en contacto con Tatunca, quién dijo hallarse dispuesto a guiar un pequeño grupo hasta los lugares donde moraba su tribu.

La expedición estaba prevista para la primera quincena de julio (1977), y deberíamos acercarnos cuanto fuese posible al territorio de la tribu empleando dos helicópteros. Contábamos para ello con la autorización de la Comisaría brasileña de asuntos indígenas, la FUNAI. El jefe de la expedición iba a ser Tatunca Nara, pues sólo él sabía el emplazamiento de la misteriosa ciudad. Pese a mi gran curiosidad, yo no deseaba lanzarme a ciegas a una aventura que iba implicar para mí un esfuerzo financiero bastante considerable. Después de las conversaciones preliminares, Ferdinand Schmidt convenció al caudillo indígena para que regresara solo, de momento, a reunirse con los de su tribu y recoger allí una prueba convincente de la existencia de artefactos técnicos como los descritos por él.

Por ejemplo, Tatunca podría tomar fotografías de los mismos. La presentación de esos documentos sería la señal de salida para la expedición, ya preparada en todos sus detalles. Tatunca recibió una cámara de manejo sencillo y, además, un motor fuera de borda nuevo para su barca. A finales de marzo salió de Manaus con instrucciones de regresar dos meses más tarde. Tatunca nunca apareció.

“Ahora bien, como los indios no tienen la noción de la puntualidad tan definida como nosotros, los retrasos no son cosa rara tratándose de ellos. Por otra parte, era posible que la demora viniese impuesta por condiciones climáticas adversas. A veces, los afluentes del río Negro, llevan tan poco caudal, que dejan pasar una lancha motora y se hace preciso aguardar a las próximas lluvias. El 10 de julio aterricé en Manuas. Tatunca aún no había aparecido. El retraso era de un mes y medio.

Sin su presencia, hubiese sido absurdo iniciar la expedición con los helicópteros. Pero la empresa que alquilaba los helicópteros no estaba dispuesta a tener inmovilizados por mucho tiempo sus costosos aparatos. Insistió en que avisáramos con cuatro semanas de anticipación, cuando estuviéramos dispuestos a utilizarlos. Por tanto, si yo hubiera dado luz verde a la expedición el 10 de julio, habríamos tenido que partir cuatro semanas más tarde, con Tatunca o sin él. Como a mediados de julio Tatunca seguía si aparecer, anulé la expedición.

Saqué pasaje para regresar a Europa, y precisamente el último día de mi estancia allí se presentó Tatunca con su barca por el río Negro. Su primera pregunta fue si habíamos recibido las fotos, entregadas diez días antes a un carguero comercial con instrucciones que nos fuesen transmitidas a nosotros. Desde luego, no habíamos recibido nada. Tatunca dijo que había estado con los de su tribu en la ciudad de Akahim, y nos reiteró de nuevo sus manifestaciones acerca de los depósitos de material técnico de los dioses en la mencionada ciudad. El caso es que no lleva consigo ninguna prueba.

Cuando se lo reprochamos, él nos contestó que su obligación era mirar por su pueblo y no por nosotros, y que no podía traicionar a los suyos llevándose ningún objeto de los que ellos consideraban sagrados; que ello sería lo mismo que para nosotros robar una Iglesia. Nuestra conversación duró doce horas, y todavía no sé que pensar de toda esa historia. Lo que nos contó no era ilógico ni imposible …¡pero sí extraordinariamente improbable!. Tatunca notó mi desconfianza, y prometió hablar con sus sacerdotes aquella misma noche …”

“Tatunca dijo que los indios sabían comunicarse por vía extrasensorial o, como diríamos nosotros, telepática. Si bien, según Tatunca, esa clase de comunicación no emplea palabras ni frases, sino una concentración intensa de sentimientos, de sensaciones como el hambre, el amor, la amistad, el odio, la felicidad, la guerra, la enemistad, y así sucesivamente. Con ello sería posible crear símbolos y entenderse a distancia. Dijo que todos los indios practicaban esta clase de comunicación telepática desde su primera infancia.”

“Aplacé mi regreso veinticuatro horas. Al día siguiente, Tatunca se presentó con mucho aplomo y dijo que había conseguido explicar a sus sacerdotes que no podía presentarse ante mí con las manos vacías, pues el hombre blanco no le haría caso. Ahora tenía permiso de los sacerdotes para aportar una prueba capaz de convencerme. Por consiguiente, partiría de nuevo a reunirse con los suyos, recogería la prueba y volvería a Manaus. El señor Schmidt quedó encargado de avisarme por teléfono cuando todo ello se hubiese cumplido. Hasta la fecha Tatunca no se ha presentado con las pruebas prometidas. Sigo esperando.”

Cuando Tatunca se relacionó con Däniken , le contó detalles inéditos de las ciudadelas y que diferían un tanto del relato confiado a Brugger. Uno de esos ejemplos se presentó con Akahim.

El indígena señaló que en esa fortaleza se,

“adoraba un objeto misterioso que hace mucho tiempo atrás había sido entregado a los sacerdotes por los Dioses venidos del cielo en una nave brillante. Un objeto milenario que según las tradiciones comenzaría a cantar en el momento que esos Dioses retornaran a la Tierra. Y que recientemente había comenzado a emitir extraños zumbidos semejantes al de las abejas, causando un intenso fervor y reverencia entre su pueblo”.

Esto motivó las ansias del escritor por encontrar el objeto extraterrestre.

A pesar de sus reservas iniciales, Däniken dio luz verde para que la expedición se concretase. Nuevamente Tatunca y Schmidt fueron convocados. El gobierno brasileño la autorizó, pero con la condición que se contará con la participación de Roldão Pires Brandão, un renombrado arqueólogo y expedicionario. Faltando dos días para arribar a Akahim, se produjo un confuso episodio que involucró a Pires Brandão , el cual resultó herido de bala en un brazo, hecho calificado como “accidente”.

Durante la travesía truncada, Pires Brandão observó extrañas formaciones en la selva. A su regreso partió en un vuelo por la zona, dándose cuenta que esos montículos no eran normales, sino que se asemejaban a pirámides. Por esa época un grupo de exploradores ingleses intentaban llegar a Akahim a través de Venezuela. Temiendo perder la primicia, el arqueólogo informó de su descubrimiento a la revista “Veja”, una de las más importantes de Brasil. El 1 de Agosto de 1979, un reportaje de cinco páginas mostró el increíble hallazgo. La noticia recorrió el mundo .

“Dichas pirámides y la ciudad de Akahim se situaban en la cordillera de Parima, en el sistema montañoso del Gurupira, en las fuentes donde nace el río Padauiri (que es afluente del Rio Negro). Su localización está cercana a la frontera con Venezuela y el territorio es considerado por el gobierno brasileño de “seguridad nacional”. Las pirámides son de base cuadrangular y la más elevada debe tener entre 100 y 150 metros de altura. Las otras son de menores dimensiones. El arqueólogo Roldao Pires Brandao observó que “las pirámides por su forma son idénticas a las descubiertas en México”. Las fotos publicadas por la revista Veja muestran otras construcciones cubiertas por vegetación baja.”

“La expedición brasileña pudo fotografiar las pirámides desde unos cuatro kilómetros de distancia pero, les fue imposible aproximarse a ellas ni a las ruinas de la ciudad abandonada de Akahim ya que no podían abrirse camino a través de la tupida jungla por falta de braceros.

“La expedición brasileña asegura haber tenido como guía al indio Tatunca Nara que, no solo les llevó hasta el lugar donde se ubicaban las pirámides sino que prosiguieron hasta el noroeste, siguiendo las crestas de la Sierra de Gurupira, hasta llegar a las inmediaciones de las ruinas de una ciudad perdida y abandonada medio escondida entre la espesura de la selva. En ella pudieron observar incontables bocas de cavernas por entre las rocas del lugar adyacente.

Al parecer, según testimonios posteriores, la ciudad ya había sido vista por pilotos civiles y militares de las Fuerzas Aéreas Brasileñas que sobrevolaron la región. Un etnólogo que les acompañó, Ryoku Yuhan (1), llegó a la conclusión, después de haber examinado “desde lejos” la ciudad, de que las ruinas tenían gran semejanza con construcciones de estilo incaico y deben tener una antigüedad de “cientos de siglos” (?). Incluso apuntó la posibilidad de que tales ruinas correspondiesen a las de Eldorado, tan buscadas por los españoles. Esta ciudad fue localizada a unos 180 kms. del lugar donde se ubicaban las pirámides.”

El descubrimiento de las pirámides del Amazonas, le brindó a la historia de Akakor una publicidad extra. Tatunca Nara, aumentó su credibilidad entre los investigadores, que intuyeron tras su relato una fuente de verdad.

Cuatro años antes, en 1975, el satélite Landsat de la NASA había captado diez formaciones piramidales en el sudeste del Perú, en la zona de Alta Madre de Dios.

El 30 de diciembre de 1975, el satélite estadounidense Landsat 2 fotografió un área de la jungla peruana en el departamento de Madre de Dios.
La imagen del área forestal mostró doce puntos, en grupos de a dos, simétricos y regulares.
Inicialmente, se pensó que había sido un error, pero luego de atentos análisis de expertos cartógrafos como A.T. Tizando, se llegó a la conclusión de que aquellos extraños objetos en el bosque tenían que ser muy altos, al menos 150-200 metros. Si estaban dispuestos en forma simétrica, no podían ser formaciones naturales, sino productos del hombre. Tal vez eran pirámides construidas en un pasado remoto por motivos rituales o ceremoniales.
Las llamadas pirámides de Pantiacolla (del aymara: lugar donde se pierden los Collas), se encontraban en una zona de selva lejana e inexplorada, situada en la jungla de Madre de Dios, un lugar casi inaccesible.
Rápidamente, se empezó a fantasear. El hecho de que muchos consideraran al área de Madre de Dios como el sitio donde los Incas se escondieron después de la llegada de los españoles a Cusco en 1533 y la supuesta existencia de una ciudad suya escondida en la floresta, denominada Paititi, no hicieron más que alimentar la creencia de que estas pirámides tenían que ver con la leyenda de El Dorado. Además, su relativa cercanía con los bellísimos petroglifos de Pusharo, lugar misterioso situado en el Río Shinkibeni, al interior de la selva primaria del Manu, impulsó a algunos exploradores a ir a la zona con la intención de desvelar sus misterios.
La primera persona no indígena que se acercó a las pirámides fue el japonés Yoshiharu Sekino, en 1977. El joven, aunque no logró llegar al enigmático lugar, tuvo contacto con numerosos nativos Matsiguenkas y contribuyó a hacer conocer su cultura, hasta entonces prácticamente desconocida.
Cuando, en 1979, los cónyuges Herbert y Nicole Cartagena descubrieron ruinas incaicas cerca al Río Nistron, llamadas luego Mameria, se comprobó que los Incas se habían adentrado en la selva situada al oriente de Cusco, buscando escapar de los conquistadores. El interés por la jungla de Madre de Dios volvió a crecer.
El enigma de las pirámides de Pantiacolla (llamadas también Paratoari, en lengua Arawak de los Matsiguenkas), permanecía.
La primera vez que se sobrevoló la zona de las pirámides fue en 1980, en una expedición organizada por el arqueólogo italiano Giancarlo Ligabue. No obstante, el primer explorador que llegó hasta allí fue el arqueólogo estadounidense Gregory Deyermejian, en 1996, acompañado por los guías Paulino e Ignacio Mamani, y por el hijo del doctor Carlos Neuenschwander Landa, Fernando. Después de profundos estudios del territorio, llegaron a la conclusión de que las llamadas pirámides no eran otra cosa que extrañas formaciones naturales.
Sin embargo, para otros exploradores, las cosas no son así de fáciles: luego de varios viajes a la zona del Río Negro, afluente del Palotoa, sostuvieron que éstas son naturales, pero que fueron modificadas por el hombre en épocas pre-incaicas y que tienen relación con la ciudad perdida de los Incas, Paititi. Según otros investigadores, las pirámides fueron utilizadas como lugares rituales y religiosos por los Incas que se adentraron en la selva.
Cuando en el 2001, el arqueólogo italiano Mario Polia encontró, en los archivos vaticanos, una carta original del jesuita Padre López, que databa de los primeros años del siglo XVII y que estaba dirigida al quinto general de la Compañía de Jesús, Claudio Acquaviva, el misterio de la ciudad perdida volvió a fascinar al mundo. En efecto, en la carta, considerada original, se describía el reino de Paititi, próspero en 1600, y riquísimo en oro y en piedras preciosas.
Por tanto, volvió a hablarse de las misteriosas pirámides como un lugar ancestral erigido por el hombre en el lejano pasado y en las cercanías del cual los Incas construyeron su Paititi para escapar de las fuerzas del mal, representadas en los conquistadores. Según estas creencias, en las pirámides se encontraría la clave no sólo de Paititi, sino también de la fantástica cultura amazónica que las edificó en tiempos remotos.

“Además de estas poderosas ciudades, los Padres Antiguos erigieron tres recintos religiosos sagrados: Salazere, en las zonas altas del Gran Río; Tiahuanaco, sobre el Gran Lago: y Manoa, en la llanura elevada del Sur. Eran las residencias terrestres de los Maestros Antiguos y un lugar prohibido para los Ugha Mongulala. En el centro se levantaba una gigantesca pirámide, y una espaciosa escalera conducía hasta la plataforma en la que los Dioses celebraban ceremonias desconocidas por nosotros. El edificio principal estaba rodeado de pirámides más pequeñas e interconectadas por columnas, y más allá, sobre unas colinas creadas artificialmente, se situaban otros edificios decorados con láminas que resplandecían.

Cuentan los sacerdotes que con la luz del Sol naciente las ciudades de los Dioses parecían estar en llamas. Éstas radiaban una misteriosa luz, que se reflejaba en las montañas nevadas.”

” También los recintos religiosos son un misterio para mi pueblo. Sus construcciones son testimonio de un conocimiento superior, incomprensible para los humanos. Para los Dioses, las pirámides no sólo eran lugares de residencia sino también símbolos de la vida y de la muerte. Eran un signo del sol, de la luz, de la vida. Los Maestros Antiguos nos enseñaron que hay un lugar entre la vida y la muerte, entre la vida y la nada, que está sujeto a un tiempo diferente. Para ellos, las pirámides suponían una conexión con la segunda vida”.

Con la noticia en primera plana, Däniken optó por una nueva expedición, la cual tampoco prosperó. Solo alcanzó para un relato oral de Ferdinand Schhmidt (2).

Llegados al punto más abajo de la catarata mayor, en el que estaba enclavado nuestro antiguo campamento, nos plantamos en veinte minutos de marcha a través de la selva ante la pared rocosa que había que escalar. Alcanzamos el punto más alto, que estaba poblado de muchas variedades de cactus, y que ofrecía una grandiosa panorámica hacía el oeste. Desde aquí pude fotografiar las tres pirámides y la inmediata cadena montañosa con las antiguas ruinas de Akahim. A partir de ahora nos encaminamos juntos en dirección hacia la catarata, a través de la selva, y a poca distancia de la orilla.

De repente había ante nosotros, apoyado en un árbol, un indio.

Entre él y nosotros mediaba una hondonada pequeña. Tatunka se detuvo y exclamó “Ramos”.El indio se encaminó hacía Tatunka y ambos se abrazaron. Ramos tenía cabellos negros que le caían sobre los hombros, lucía una cinta trenzada en la frente, era de piel bastante oscura, pero tenía ojos claros, verdes. De la oreja derecha le pendía una cadenita en forma de gota, con alguna figura y un reborde exterior decorado.

Ramos era el jefe de la tropa de los Mongulala y estaba allí con sus guerreros, quienes esperaban más arriba. Ramos advirtió a Tatunka que los sacerdotes de su tribu habían decidido su casamiento con la princesa que le había sido asignada hace ya muchos años(3). Después Ramos le preguntó por el escritor (Däniken), ya que los Mongulala esperaban encontrarse con él, en lugar de con Ferdinand Schmid.

Como Tatunka debía volver para casarse con la princesa, Schmid tuvo que elegir entre proseguir él solo con Ramos y sus guerreros o echar para atrás y regresar: El suizo sabía que apenas quedaban unos kilómetros para alcanzar Akahim, la ciudad donde se ocultaban las reliquias tecnológicas de los dioses. Schmid estaba en un dilema. Ramos y sus guerreros no le daban garantías por su vida tanto en su viaje a Akahim como en el retorno a Manaos.

Pese ello, con cierta osadía, se empeñó en ir a Akahim. Pensó que, después de tan largo y penoso camino por una jungla donde llovía copiosamente la mayor parte del tiempo, estando a un par de pasos del objetivo tanto tiempo esperado no podía desaprovechar aquella oportunidad que, tal vez, fuese la última.


Pero Tatunka le dijo que tenía miedo de volver solo a la civilización. Argumentó que, si regresaba sin Schmid, los blancos – y en especial el propio Däniken -, querrían saber de su paradero y Tatunka se preguntaba si creerían la palabra de un indio. Schmid pensó que si le daba una carta para Erich von Däniken el problema quedaba resuelto. Pero el indio no lo veía claro. Si les daba la carta a los blancos estos podrían pensar que él la escribió presionado por amenazas. De esta forma, Schmid no tuvo más remedio que volver con Tatunka a Manaos.

Resignado, el suizo captó la señal de alerta, marchándose de regreso a su país. Otros investigadores desoyeron “las señales”, y continuaron buscando las ciudades subterráneas. La mayoría desapareció en la selva amazónica.

Lista macabra:

  • 1977: Un joven norteamericano obsesionado con Akakor arriba al Cuzco, para tratar de organizar una expedición que lo conduzca hacia las zonas desconocidas de del sureste del Perú. Contrató a una guía para que lo acompañara hasta las fuentes del Río Yaco, donde esperaba entrevistarse con un “indígena” que lo llevaría a la ciudad oculta. Nunca más se lo vio con vida.
  • 1980: John Reeds, otro norteamericano desaparecido. Una carta fue encontrada dentro de sus pertenencias donde declara estar a dos días de Akahim. En la misma hay elogios hacia Tatunca Nara. Sin embargo contra los deseos de este se interno solo en la selva.
  • 1983: Herbert Wanner. Ciudadano suizo. Desaparecido y encontrado muerto. Tuvo contacto con Tatunca Nara. Interrogado negó cualquier implicancia.
  • 1986: Christine Heuser. Investigadora alemana de la AAS (4). Paso cuatro semanas con Tatunca Nara. Se cree que tuvo un romance con el líder de los Ugha Mongulala. Hasta hoy figura como desaparecida.

En la distancia, Karl Brugger observaba los acontecimientos que se sucedían y planificaba su regreso en silencio, el cual se concretó en 1981. Acompañado de Tatunca Nara, intentó convencer a un cineasta, Orlando Senna para que produjera un video documental sobre Akakor.

Senna se negó a participar, argumentando:

“que no estaban dadas las condiciones de seguridad para una incursión a zonas tan inhóspitas” (5).

Cuando en 1984 sobreviene la muerte del periodista, un nuevo capítulo comienza a escribirse en la intrincada y enigmática historia de Akakor. Hasta ese entonces no existían objeciones demasiado graves en contra de la figura de Tatunca Nara, pero todo eso cambió, cuando desde Alemania se difundió que el indígena en realidad era un ciudadano de ese país con un pasado como convicto.

Günter Hauck, tal su verdadero nombre, figuraba en los archivos policiales alemanes como desaparecido desde el 15 de Febrero de 1968, fecha, en la cual abordó un barco para dirigirse a Río de Janeiro. A partir de allí, su rastro se perdía. El expediente también mencionaba, que durante su estadía en prisión fue conocido con el apodo de Tatunca Nara.

Solo el dato de la fecha, bastaba para demoler una de las primeras incongruencias detectadas del relato que Tatunca contara a Karl Brugger. Era imposible que su proclama de príncipe de Akakor fuera viable en 1968, teniendo en cuenta que su ingreso a Sudamérica se produjo en esa misma época.

En medio de la polémica, otro tema salió a luz. Se denunció que en los días posteriores a la muerte de Brugger, el consulado alemán entró a su departamento y se llevó toda la documentación privada del periodista.

¿Qué estaba pasando?.

Surgieron versiones acerca de un nuevo libro que Brugger pensaba publicar a la brevedad. Según sus allegados, el periodista confió, que estaba trabajando en una hipótesis más controversial acerca del tema de las ciudades subterráneas, y que de conocerse, causaría sensación. También habló, sobre incursionar en el tema nazi y sus exploraciones en la jungla sudamericana, pues dijo contar con documentos inéditos que avalarían su investigación (6).

De estas afirmaciones se desprende, que Brugger nunca perdió las esperanzas de encontrar las ciudades perdidas. Podemos suponer, que era consciente de la verdadera identidad de Tatunca Nara, pero aún así, el indígena continuó jugando un papel fundamental en el trazado de su historia. Tal vez Brugger, no creyó necesario hacer público un detalle que ponía en riesgo la credibilidad de su libro, y por otra parte, hasta sus últimos días tuvo la certeza que Tatunca no mentía.

Pero si no mentía, no se explica el fracaso de todas las expediciones emprendidas, incluyendo la del propio Brugger. Ahora bien, en el tren de conjeturas, ¿qué es lo que se esconde tras Akakor?. Y, ¿por qué ese repentino interés en el factor nazi?.

Veamos.

Durante la redacción de Crónicas de Akakor, Tatunca Nara contó a Brugger una intrigante historia. Refirió, que en 1936 Sinakaia, príncipe de su pueblo por esos años, tomó parte en el asalto de Santa María, poblado brasileño situado en las zonas altas del Río Negro. Los Ugha Mongulala, asesinaron a gran parte de los ocupantes, exceptuando, a cuatro mujeres que fueron hechas prisioneras. Sólo sobrevivió una monja de nacionalidad alemana, Reinha, que más tarde renunció a sus hábitos y se casó con Sinkaia. De esta unión habría nacido Tatunca Nara.

Cuatro años después, en 1941, la nueva princesa partió como embajadora en un viaje secreto hacia Alemania. Un año después, Reinha regresó con algunos dirigentes alemanes. Se estableció una alianza entre los dos pueblos. El acuerdo contemplaba que Akakor, recibiría dos mil soldados alemanes para enseñar a los Ugha Mongulala el manejo de armas poderosas, y que a cambio, estos últimos, se comprometían a construir grandes fortificaciones y a ganar nueva tierra cultivable.

“Pero la parte más importante del acuerdo, estableció que los alemanes desembarcarían en la costa brasileña y ocuparían las ciudades más importantes. Los guerreros de los Ugha Mongulala apoyarían la campaña mediante rápidas incursiones sobre los poblados de los Blancos Bárbaros situados en el interior del país.

Tras la esperada victoria, Brasil sería dividido en dos territorios: los soldados alemanes reclamarían las provincias de la costa; los Ugha Mongulala serían satisfechos con la región sobre el Gran Río que les había dado por los Dioses 12.000 años antes.”

Según Tatunca los soldados alemanes tenían una ruta de viaje que les permitía ingresar al Continente Sudamericano sin problemas.

“El punto de partida lo constituía una ciudad alemana llamada Marsella. Se les decía que su destino era Inglaterra. Una vez a bordo de la nave, que podía moverse bajo el agua como un pez, les era revelado su auténtico destino. Después de viajar durante tres semanas por el océano oriental, llegaban a la desembocadura del Gran Río. Aquí les recogía un barco más pequeño, que los transportaba hasta las zonas altas del Río Negro.

En la última parte de su viaje eran acompañados por exploradores de Ugha Mongulala. El trayecto hasta la gran Catarata situada en la frontera entre Brasilo y Perú lo realizaban en canoas, y desde aquí solamente eran necesarios veinte horas de camino hasta llegar a Akakor. En conjunto el viaje de los soldados alemanes duraba unas cinco lunas.”

Para 1945 dos mil soldados alemanes se encontraban viviendo en Akakor. La finalización de la Segunda Guerra interrumpió el plan original. Ante la imposibilidad de volver a Alemania, los soldados optaron por establecerse con los Ugha Mongulala.

En este punto de su libro, Brugger, prestó mucha atención y decidió buscar registros históricos que dieran asidero a la versión brindada por Tatunca.

Escribió:

“Las operaciones en América del Sur de las asociaciones secretas alemanas no fueron menos numerosas y bien fundadas. Ya en 1938, un submarino alemán reconoció la zona inferior del Amazonas. Su tripulación hizo una investigación geográfica y estableció contactos con la colonia alemana en Manaus. Realizó asimismo el primer film histórico sobre la Amazonia, que todavía se conserva en los archivos de Berlín Oriental. El material fotográfico hecho público demuestra que el interés de los investigadores fue mucho más allá de la mera recogida de datos personales. Otras operación, que se halla documentada en los archivos de la fuerza aérea brasileña, fue el viaje del barco de la S.S. Carolina en junio de 1943 desde Maceió hasta Belem. Sólo puede imaginarse cuáles eran las órdenes del audaz carguero alemán.

La fuerza área brasileña pensó que transportaba un cargamento de armas para agente secretos alemanes y atacó el barco sin éxito. Más esta explicación, vista retrospectivamente, parece poco probable. Nunca hubo colonia alemana alguna en el área de Maceió ni tampoco instalaciones de las fuerzas brasileñas. Hay numerosas referencias sobre operaciones secretas del Tercer Reich en Brasil. Testigos oculares afirman haber observado el desembarco de submarinos alemanes en la costa de Río de Janeiro. Un periodista de la revista brasileña Realidad e incluso descubrió en el Mato Grosso una colonia alemana, compuesta al parecer exclusivamente de antiguos miembros de las S.S.

“Según la Crónica de Akakor, 2.000 soldados alemanes llegaron a la capital de los ugha mongulala entre 1940 y 1945. El punto de partida de esta operación secreta lo constituyó Marsella. Entre sus miembros se encontraban A. Jung de Rastatt, H. Haag de Mannheim, A. Schwager de Stuttgart, y K. Liebermann de Roth. Mujeres y niños acompañaron al último grupo. El contacto había sido facilitado por una hermana misionera alemana de la estación de Santa Bárbara. Una investigación de los datos contenidos en la Crónica de Akakor suministró la evidencia de que los cuatro soldados mencionados fueron dados por muertos en 1945. Según información recibida de la diócesis amazónica, la estación misionera de Santa Bárbara fue atacada y destruida por tribus salvajes indias en el año 1 936. Entre los numerosos muertos se encontraban varias monjas alemanas.

“Teniendo en cuenta los preparativos técnicos que el desembarco de 2.000 soldados alemanes habría requerido, los datos son insuficientes. Pero las operaciones de los comandos secretos alemanes durante la Segunda Guerra Mundial podrían ser comprobadas en los casos en los que hubieran sido organizadas por la Abwehr. Los documentos sobre las actividades de la división extranjera del Partido Nacional Socialista o de asociaciones secretas del tipo de la Ahnenerbe o bien nunca fueron registrados o bien fueron quemados. Técnicamente, el desembarco de 2.000 soldados alemanes podría haber sido posible. La predilección de Hitler por las ciencias ocultas debió haberle urgido a establecer contactos con un «Pueblo Escogido».

 

Coincidimos con Brugger, que tanto la Abwehr, como la Ahnenerbe, contaban con los medios necesarios para implicarse en una operación de esta envergadura.

La Abwehr, fue el servicio de inteligencia alemán que comenzó a funcionar en 1866. Durante la Segunda Guerra Mundial fue dirigido por el Contralmirante Wilhelm Canaris (1887-1945?) . Además de estar encargado de la inteligencia, la Abwer, desarrolló tareas de espionaje, contrainteligencia, seguridad, actividades de sabotaje y subversión. En Sudamérica se concentraron en tareas de inteligencia naval y marítima. Muchos países del continente que simpatizaban con los alemanes, prestaron una valiosa colaboración a la causa nazi.

Algunos biógrafos sostienen que Canaris fue,

“el artífice de un plan denominado Z-Plan, un plan, para continuar la guerra, en caso de que Alemania perdiera militarmente. También creó una organización denominada “Die Kette”  , para continuar la guerra desde fuera de Alemania si el territorio era invadido y cuyo símbolo era un águila alemana sobre un Sol negro. Tanto el Z-Plan como la organización Die Kette no fueron concebidos con fines a corto o mediano plazo, sino para perdurar por varias generaciones”.

Una hipótesis no confirmada sugiere que Canaris, quién era amigo del general Franco,

“obtuvo la península de Jandia (Fuenteventura) en las Islas Canarias por su contribución en la guerra civil, supuestamente era una base secreta de submarinos que sería descubierta después de la guerra, donde los alemanes la utilizarían como vía de escape, aprovisionamiento y escala rumbo a otras bases secretas en América del Sur y la Antártica. Esta residencia llamada Villa Winter sería del General Gustav del servicio de inteligencia alemán al que los nativos de la isla llamarían “Don Gustavo”. Esta base estaría construida bajo alto secreto sobre cuevas y caverna naturales que comunicarían a su vez con la residencia camuflada que serviría de bunker y punto de observación de la costa.”

Resulta sugestiva la mención de bases sudamericanas. ¿Pudo haberse establecido alguna en territorio brasileño?. No, si pensamos que este país le declaró la guerra al Eje en 1942, factor que complica cualquier acción de esa índole. Pero las posibilidades están abiertas y no se pueden descartar.

Como segunda opción tenemos a la Ahnenerbe.

La Studiengesellschaft für Geistesurgeschichte‚ Deutsches Ahnenerbe e.V.(traducido del alemán como “Sociedad para la Investigación y Enseñanza sobre la Herencia Ancestral Alemana”), conocida como Ahnenerbe o también SS-Ahnenerbe, fue una entidad científica alemana constituida formalmente en 1935 por dirigentes e ideólogos del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán para realizar y divulgar investigaciones con fines educativos en apoyo de la ideología nazi y en particular, de sus teorías relacionadas con la raza aria en paralelo con sus investigaciones de la raza germana.

En 1940, durante la Segunda Guerra Mundial, la Ahnenerbe fue integrada en la estructura de las SS, organización fundamental del aparato de Estado del Tercer Reich, y dirigida, bajo la presidencia de Heinrich Himmler, por Walther Wüst y Wolfram von Sievers, orientando su actividad hacia expediciones arqueológicas, etnológicas y antropológicas tanto en países sudamericanos como Brasil o países del Himalaya. Al final de la guerra, quedó disuelta y sus actividades investigadas en el marco de los juicios de Núremberg, siendo declarada organización criminal en 1946 junto con las SS. Sievers fue juzgado y condenado a la pena capital como criminal de guerra. Por su naturaleza, la Ahnenerbe y su historia son uno de los temas abordados por las controvertidas teorías sobre el ocultismo nazi.

https://i2.wp.com/upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/7/7e/Ahnenerbe.svg/500px-Ahnenerbe.svg.png

La Ahnenerbe se registra como fundación a partir de contribuciones el 1 de julio de 1935 por inspiración de Heinrich Himmler, Hermann Wirth y el teórico Walter Darré, con el fin, según establece el auto de acusación del proceso de Núremberg llamado de los médicos

Más tarde, en 1940, es integrada en las SS como la sección coordinadora etnológica, Ahnenerbe-Stiftung, del Instituto de investigaciones científicas militares, Institut für Wehrwissenschaftliche Zweckforschung. En su organigrama, estaba presidida por Himmler y dirigida por el rector de la universidad de Múnich, el profesor Sturmbannführer-SS Walther Wuest. Su administración en numerosos departamentos fue puesta bajo la responsabilidad del coronel Standartenführer-SS Wolfram Sievers.2

Sus actividades se centraron inicialmente en los campos de la antropología y la arqueología con el objetivo de demostrar las teorías de la superioridad racial, defendidas desde los años 1910 por los extremistas de la Sociedad Thule

La Ahnenerbe patrocinó en 1938 el envío de una expedición al Tibet, única conocida fuera de Alemania a pesar de su carácter secreto, bajo la dirección del biólogo Ernst Schäfer, a pesar de los recelos de este sobre la obsesión de Himmler por el ocultismo.

Partió en abril de 1938, llegó al Tíbet en enero siguiente. El equipo incluía a Bruno Berger, quien estudió los cráneos de unas 400 personas para intentar probar que el Tíbet era el lugar de nacimiento de una raza nórdica. Sus primeras conclusiones fueron que los tibetanos estaban en algún punto entre los mongoles y las razas europeas. Otros miembros del equipo eran Edmont Geer y Karl Vinert. Se especula con que Schäfer pudo intentar probar personalmente que el Yeti era una especie de oso y, aunque él no encontró este espécimen, sí envió más de 50 animales a Alemania para realizar un estudio adicional, así como 5000 tipos diversos de grano. El equipo también adquirió 108 páginas del texto sagrado Kangschur.

La expedición terminó formalmente en mayo de 1939, pero Schäfer no publicaría sus resultados hasta 1950,

Sociedad Thule:

El principal interés de la Sociedad Thule fue una reivindicación sobre los orígenes de la raza aria. «Thule» era un país situado por los geógrafos grecorromanos en el más lejano norte. La sociedad fue bautizada en honor a la Ultima Thule (en latín ‘el norte más distante’), mencionada por el poeta romano Virgilio en su poema épico Eneida, que era la porción más al norte de Thule y se suele asimilar a Escandinavia. La ariosofía la designó como capital de la Hiperbórea y situaron Ultima Thule en el extremo norte cercano a Groenlandia o Islandia.

Los thulistas creían en la teoría intraterrestre. Entre sus metas, la Sociedad Thule incluyó el deseo de demostrar que la raza aria procedía de un continente perdido, quizás la Atlántida.

Como la sección Ahnenerbe de las SS, y debido a su pasado ocultista, la Sociedad Thule se ha convertido en el centro de muchas teorías conspirativas sobre la Alemania nazi. Tales teorías incluyen la creación de una nave espacial y de armas secretas. Debido a que el grupo ayudó a Hitler con sus habilidades de oratoria, algunos han sugerido incluso que la sociedad le concedió de alguna forma poderes mágicos que contribuyeron a su posterior éxito.

También se afirma que la Thule-Gesellschaft contaba con una psíquica llamada Maria Orsitsch, que los convenció de que la raza aria no era originaria de la tierra, sino que venía de la estrella Aldebarán en Tauro, a unos 65 años luz de distancia.

Además se ha sugerido que Vril, Thule-Gesellschaft y DHvSS se fusionaron entre sí en algún momento (quizás 1919). Se dice que en DHvSS habrían adorado a una diosa alemana de la montaña llamada Isia, así como a la piedra negra (Schwarzer Stein).

Segun la cronica de Akakor, Machu Pichu, tambien es una ciudad creada por los dioses antiguos

https://i0.wp.com/todofondosdelugaresdelmundo.com/wp-content/uploads/images/cd/machu-picchu.jpg

En la Region brasileña de la supuesta ubicacion de Akakor, se han descubierto cientos de geoglifos.

En el suroeste de la Amazonia -especialmente en la zona de Río Branco, estado de Acre, Brasil y del río Beni, Bolivia- la tala masiva de árboles hizo visibles en las últimas décadas del siglo XX, geoglifos de formas geométricas.

En 1977 el profesor Ondemar Dias, del Instituto Brasileño de Arqueología de Río de Janeiro, los incluyó en el inventario nacional arqueológico; desde entonces ya se han detectado más de 250 geoglifos. Se trata de prolijas zanjas o fosos de 1 a 4 metros de profundidad y unos 12 metros de ancho -reforzadas en sus lados por la propia tierra de la excavación- que forman diferentes diseños, algunos de 300 m2 de superficie: círculos, cuadrados, rectángulos, rectas, paralelas o en forma de “U”.

Las figuras, cuya perfecta geometría habla de un significado simbólico, están conectadas entre sí por una especie de camino formado por dos líneas paralelas más elevadas; al parecer no eran lugares de habitación, especulándose podrían ser centros ceremoniales de peregrinación.

Hay dataciones de movimientos que se remontan al 1.200 a. C., pero la mayoría de los geoglifos fueron realizados alrededor del año 1250 d. C.

Los geoglifos datados entre los años 100 a. C. y 400 d. C., pueden estar relacionados con la expansión general de montículos y cerámica barrancoide en el área sur del Amazonas, producto de la expansión de grupos arawak; mientras que los construidos hacia el año 1.200 d. C. estarían asociados a las migraciones Tupi-Guaraní.

Las sociedades del sito -al parecer, densamente poblado- debieron ser sedentarias y organizadas, haciendo trabajos en cooperación.

26 de junio de 2012:

Acaban de ser descubiertos 20 nuevos geoglifos en Brasil, entre los Estados de Acre y de Amazonia. El Blog da Amazonia ha publicado esta tarde en exclusiva las fotografías de dos de estas nuevas estructuras arqueológicas con diseños geométricos de varios formatos.

GeoglifosUno de los 20 nuevos geoglifos recién descubiertos a 20 kilómetros de Boca de Acre

Con el nuevo descubrimiento, Brasil cuenta ya con 300 de estas misteriosas estructuras que pueden tener hasta dos mil años y que pertenecen a pueblos hasta ahora desconocidos.

Todos ellos están situados en la Amazonia Occidental y han aparecido por obra y gracia de un pecado ambientalista: la desforestación de la selva para convertirla en pasto para el ganado.

No acaso, la mayoría de estos geoglifos, de los que se está pidiendo que sean considerados patrimonio artístico nacional para que no puedan ser destruidos ni deteriorados, se han encontrado en el estado de Acre, donde la selva ha sido más castigada.

Quizás porque el nuevo descubrimiento ha sido dado a conocer a la clausura de la conferencia de la ONU sobre el medio ambiente de Rio+20, el Blog da Amazonia, que acaba de dar la noticia y publicado algunas fotos en exclusiva, ha sido enseguida bombardeado de comentarios, casi todos insistiendo en que ello ha sido posible gracias a la destrucción de la Amazonia.

Geoglifo en Fazenda AtlanticaGeoglifo nuevo en forma de doble cuadrado entre Acre y Amazonia

Los sentimientos, pues, ante la aparición de estos nuevos, interesantes y siempre misteriosos geoglifos, son contrastantes en Brasil. Los amantes de la arqueología y del conocimiento de los pueblos primitivos que pudieron poblar la Amazonia, se felicitan.  A los ecologistas, el motivo que ha hecho posible ese descubrimiento, les apaga la emoción.

Entre los comentarios de ayer tarde en Brasil los hay de todos los colores. Algunos irónicos que apuntan que ahora el gobierno se puede felicitar de no haber puesto freno todos estos años a la destrucción del gran pulmón de la Amazonia, para no privarnos ahora de la contemplación de estos geoglifos.

Otros, como el de Mingana Jones divertidos. Escribe Jones: “Durante mis aventuras en la Amazonia descubrí que esos dibujos fueron hechos por la extinguida tribu de las Amazonas, tribu famosa por estar constituida por lesbias que aún odiaban a los  hombres. El diseño de un hombre enorme en el suelo fue hecho con la intuición de espantar a los hombres de las montañas vecinas. Al no aceptar tener relaciones con los hombres, esa tribu se extinguió”.

Lo cierto es que aún nadie sabe a ciencia cierta la funcionalidad de tales geoglifos. Podrían ser, según los investigadores, desde estructuras defensivas a centros de ceremonias religiosas, o bien lugares de encuentros y peregrinaciones.

No hay que ser muy perspicaces para entender que si existen tantas hipótesis sobre su origen y utilidad, es porque en realidad son un misterio que aún el hombre moderno no ha sido capaz de descubrir .

Indios en AcreImágenes de una tribu primitiva descubierta hace poco en Acre, tierra de los geoglifos

Paititi:

Paititi o Paitití o Gran Paitití es una legendaria ciudad perdida inca, o reino o pre-inca, de quien se dice haber existido este de los Andes, escondido en algún lugar de la selva del sureste de Perú, norte de Bolivia o sur-oeste de Brasil. La leyenda se originó en la interpretación de algunos escritos del siglo XVI, cuyos autores eran Vaca de Castro, Pedro Sarmiento de Gamboa, Juan Álvarez Maldonado. Estos escritores se referían a un reino situado en la selva baja amazónica, probablemente cerca de la actual frontera entre Bolivia y Brasil. La leyenda del Paititi continuó en 1635 cuando en las Crónicas de Lizarazu,2 fue citado el Inca Guaynaapoc y su retorno desde el Cusco al Paititi donde reinaba su padre, en las cercanías del río Guaporé (en la actualidad el estado brasileño de Rondonia). En Perú también se ha desarrollado otra leyenda sobre la historia de Inkarri que, después de haber fundado Q’ero y Cusco, se retiró a la selva de Pantiacolla a vivir el resto de sus días en la ciudad de Paititi. Esta leyenda se divulgó por el arqueólogo Oscar Núñez del Prado en 1955 después de un contacto que tuvo con la comunidad de nativos quechua hablantes en el pueblo de Q’ero (Cordillera de los Andes).

El 4 de noviembre de 1780 se inician el movimiento de José Gabriel Condorcanqui contra la dominación española, adoptando el nombre de Túpac Amaru II, en honor de su antepasado el último Inca de Vilcabamba. Túpac Amaru se declara Inca y además Señor del Amazonas con dominio en el Gran Paititi, y jura con el siguiente bando su coronación: “…Don José Primero, por la gracia de Dios, Inca rey del Perú, Santa Fe, Quito, Chile, Buenos Aires y Continentes de los Mares del Sur, Duque de la Superlativa, Señor de los Césares y Amazonas con dominio en el Gran Paititi, Comisario Distribuidor de la Piedad Divina,

Descubrimientos recientes

En 2001, el arqueólogo italiano Mario Polia descubrió en los archivos de los Jesuitas en Roma un informe del misionario Andrea López. En este informe, cuyo origen data de alrededor del año 1600, López habla de una ciudad grande, rica en oro, plata y joyas, ubicada en medio de la selva tropical, cerca de una catarata llamada Paititi por los nativos. López informó al Papa de su descubrimiento, pero algunas teorías conspiracionistas cuentan que el lugar exacto de Paititi ha sido mantenido en secreto por el Vaticano.

Quienes suponen que el mito refleja una realidad concreta, sugieren que la ciudad del Paititi y sus riquezas se encuentran probablemente en las selvas montañosas del sureste peruano, en el departamento de Madre de Dios, en algunos de los valles actualmente íncluidos dentro del Parque Nacional del Manú, al este del Cerro Atalaya, hacia los lugares llamados Pantiacolla en cuyas cercanías existen sugestivos montículos llamados “pirámides” de Paratoari

Últimamente la estudiosa italiana Laura Laurencich Minelli ha divulgado el contenido del libro Blas Valera Exul immeritus populo suo, del jesuita Blas Valera, y dos grabados originales del 1618, donde se describe el Paititi con vista desde la selva y desde la sierra. Aunque este libro no ha obtenido el reconocimiento universal se han desarrollado nuevas hipótesis sobre la ubicación del Paititi

Desde entonces, se han llevado a cabo investigaciones más serias asociadas con Paititi en lugares perdidos de montañas y selvas peruanas. Algunos de estos nuevos exploradores han sido el médico y explorador peruano Carlos Neuenschwander Landa, el sacerdote salesiano argentino Juan Carlos Polentini Wester, por informaciones y relatos del hacendado Aristides Muñiz Rodríguez de la zona de Lares y Lacco como lo relata el libro “Paititi En la Bruma de la Historia”, y “Paititi” de Editorial Salesiana y, desde 1984, hasta fechas recientes (2007), el psicólogo/explorador Gregory Deyermenjian (EEUU) y el explorador/cartógrafo Paulino Mamani (Perú).

El coronel Percival Harrison Fawcett (Torquay, Inglaterra, 1867–¿Río Xingú?, Brasil, ¿1925?) fue un militar, topógrafo y explorador británico.

Junto con su hijo Jack y el amigo de éste, Raleigh Rimell, Fawcett desapareció bajo circunstancias desconocidas en 1925 durante una expedición por descubrir aquello que prefería llamar su objetivo principal o “Z”, lo que él creía era, según las antiguas leyendas y testimonios esotéricos, una misteriosa ciudad perdida en la selva inexplorada de Brasil.

File:PercyFawcett.jpg

Fawcett nació el 18 de agosto de 1867 en la localidad de Torquay del condado de Devon, Inglaterra hijo de Edward B. y Myra Fawcett. Recibió su educación en Newton Abbot Proprietary College. Su padre, nacido en la India, era miembro de la Royal Geographical Society, y, evidentemente, de él heredó Percy su interés por la aventura y las exploraciones. Su hermano mayor Edward Douglas Fawcett (18661960) era un alpinista, ocultista oriental y escritor de novelas populares de aventuras.

En 1886 recibió un destino en la Artillería Real y sirvió en Trincomalee, Ceylon donde además conoció a su esposa. Más tarde trabajó para el servicio secreto en África del Norte y aprendió el arte del topógrafo. También fue amigo de los escritores H. Rider Haggard y Arthur Conan Doyle; Sir Arthur Conan Doyle usaría más tarde sus informes como fuente de inspiración para su famosa novela “El mundo perdido“.

La primera expedición de Fawcett a Sudamérica fue en 1906 cuando viajó a Brasil para cartografiar un área de la selva en el borde de la frontera entre Brasil y Bolivia, por encargo de la Royal Geographical Society, que había sido comisionada para cartografiar el área como una tercera parte imparcial. Llegó a La Paz en junio. En su expedición de 1907, Fawcett afirmó haber visto y pegado un tiro a una anaconda gigantesca de 62 pies de largo, por lo que fue extensamente ridiculizado por la comunidad científica. Relató a otros animales misteriosos, desconocidos a la zoología, como un pequeño perro felino cerca del tamaño de un perro raposero, que él afirmó haber visto dos veces.

Fawcett realizó siete expediciones entre 1906 y 1924. Se llevaba bien con los locales sobre todo gracias a los regalos, paciencia y comportamiento amable. En 1910 Fawcett hizo un viaje al río Heath para encontrar su origen. Después de su expedición de 1913 supuestamente afirmó haber visto a perros con dobles narices. Éstos pudieron haber sido tigres sabuesos andinos de dos narices.1

Regresó a Gran Bretaña para el servicio activo en el ejército durante la Primera Guerra Mundial, se ofreció como voluntario para el frente en Flandes, y encabezó una brigada de artillería a pesar de tener casi cincuenta años de edad. Después de la guerra regresó a Brasil para estudiar la fauna local y la arqueología.

Búsquedas de una civilización prehistórica

Fawcett había estudiado antiguas leyendas y archivos históricos, convenciéndose de que una ciudad perdida existió en algún sitio de la región de Mato Grosso, una ciudad, a la que puso el nombre de “Z”. Según el propio Fawcett, su principal fuente escrita era un documento portugués del siglo XVIII, dejado por un grupo de cazadores de fortuna que anduvieron durante 10 años por regiones interiores de Brasil, descubriendo finalmente una antigua ciudad en ruinas (la ciudad perdida del Manuscrito 512). Para Fawcett, aquella ciudad, o ciudad de Raposo, como la prefería llamar, era una de las varias ciudades perdidas del Brasil, remanentes de una vieja civilización (la Atlántida), cuyo pueblo había degenerado, pero aun conservaba vestigios de un pasado olvidado, en momias, pergaminos y láminas de metal cinceladas.

Otro testimonio de la existencia de aquella civilización prehistórica lo representaba para Fawcett una extraña estatuilla de basalto negro, de 25 cm de alto, cuyo origen no se pudo identificar claramente. Fawcett la obtuvo de su amigo H. Rider Haggard y la llevaba consigo en su última expedición. Tras acudir a la ayuda de un psicometrista, según relata Fawcett, averiguó que la estatuilla era de origen atlante.

En 1921 Fawcett emprendió una expedición por la Bahía, guiándose tanto por el Manuscrito 512, como por el testimonio de otro viajante británico, coronel O´Sullivan Beare, ex cónsul en Río de Janeiro, quien afirmaba haber visitado una ciudad perdida parecida a la del Manuscrito 512, a pocos días de camino de la ciudad del Salvador.

Según menciona Fawcett en su libro, después de recorrer la región del río Gongogi logró reunir nuevos testimonios de la existencia de ciudades perdidas.

Expedición final

En 1925, con la financiación de un grupo de financieros situado en Londres, llamado The Glove (“El Guante”),2 Fawcett regresó a Brasil con su hijo mayor Jack para una expedición con tal de descubrir aquellas ciudades perdidas. Antes de partir, Fawcett dejó instrucciones declarando que si él y sus compañeros no volvieran, ninguna expedición de rescate debería ser enviada, o, al contrário, los rescatadores sufrirían su destino.

Un hombre con años de experiencia, Fawcett viajaba con todas las necesidades escogidas a mano, cosas como conservas alimenticias, leche pulverizada, armas, cohetes de señales y, por supuesto, un sextante y un cronómetro (inventado por John Harrison) para determinar la latitud y la longitud. También escogió a mano a sus compañeros para esta expedición, ambos elegidos por su salud física, habilidad y lealtad el uno al otro: su hijo mayor Jack Fawcett y el amigo de muchos años de Jack, Raleigh Rimell. Fawcett eligió a sólo dos compañeros, de modo que podrían viajar más ligeramente y pasar más desapercibidos por las tribus de la selva, siendo algunas de éstas hostiles hacia los exploradores. Muchas tribus entonces todavía no habían entrado en contacto con los blancos.

La última señal de Fawcett databa del 29 de mayo de 1925, cuando telegrafió a su esposa que estaba listo para penetrar el territorio inexplorado acompañado únicamente de Jack y Raleigh Rimmell. Relató que estaban cruzando el Alto Xingú, un afluente de sudeste del Río Amazonas. Desde entonces nada más se escuchó de ellos.

Muchos supusieron que los indios locales los habían matado, varias tribus postuladas en aquel tiempo — los Kalapalos, quienes fueron los últimos en verlos, o los Arumás, Suyás, o tribus Xavantes, cuyo territorio estaban penetrando. Ambos jóvenes ya estaban cojos y enfermos cuando fueron vistos pot última vez, y no hay ninguna prueba de que fueron asesinados. Es probable que murieron de causas naturales en la selva brasileña.

En 1927 un letrero con nombre de Fawcett fue encontrado entre una tribu indígena. En junio de 1933 una brújula de teodolito perteneciente a Fawcett fue encontrada cerca de los indios Baciary de Mato Grosso por el coronel Aniceto Botelho. Como se pudo averiguar posteriormente, el letrero con el nombre de Fawcett era del tiempo de su expedición de 1921 y lo más probable es que el coronel lo había ofrecido como regalo al jefe da la tribu; en el caso de la brújula también su pudo probar que hubiera sido dejada antes de que Fawcett se había adentrado en la selva en su viaje final.

Indios xingu:

De las tribus de este rio viene el nombre de Amazonas, por las mujeres guerreras.

El Yawalapiti viven en el Parque Indígena del Xingu, en la región del Alto Xingu, junto con Kiabi, Yudjá y las tribus de Suya. Las formas de vida de estas cuatro tribus son muy similares a pesar de tener idiomas diferentes. Sus aldeas están situadas alrededor del lago Ipavú, que está a seis kilómetros del río Kuluene.

El primer contacto histórico entre la tribu Yawalapiti y los europeos se produjo en 1887, cuando fué visitada por la expedición de Karl von den Steinen. En este tiempo estaba localizada en el curso alto del río Tuatuari, en una región entre lagunas y cenagales

 

 

Rumores e informes no verificados

Durante décadas siguientes varios grupos efectuaron expediciones de rescate sin resultados. Lo que lograron recopilar fueron solamente varios rumores que no podían ser verificados. Además de relatos diciendo que Fawcett había sido muerto por indios o animales salvajes, existía una historia de que Fawcett había perdido su memoria y pasó el resto de la vida como jefe de una tribu de caníbales.

Aproximadamente cien de los “potenciales rescatadores” han perecido en más de 13 expediciones enviadas para develar el destino de Fawcett. Uno de los primeros era dirigido por el explorador americano George Miller Dyott en 1927; afirmó haber encontrado pruebas de la muerte de Fawcett a manos de los indios Aloique, pero la autoridad de su historia pronto comenzó a decaer. Una expedición de 1951 desenterró huesos humanos que más tarde resultaron ser inconexos a Fawcett o sus compañeros. Los indios de la tribu Kalapalo capturaron a la expedición de 1996, pero los liberaron unos días más tarde cuando los expedicionarios les habían dejado todo su equipo.

Historia de Villas Boas

El explorador danés Arne Falk-Rønne viajó a Mato Grosso en los años 1960. En un libro de 1991 escribió que conoció el destino de Fawcett de Orlando Villas Boas, quién lo había oído de uno de los asesinos de Fawcett. Por lo visto, el coronel y sus compañeros tuvieron un accidente en el río y perdieron la mayor parte de los regalos que habían traído para las tribus indígenas. Seguir el camino sin regalos resultaba ser una violación del protocolo local; como los miembros de la expedición entonces estaban todos enfermos más o menos seriamente, la tribu Kalapalo que ellos encontraron se decidió por matarlos. Los cuerpos de Jack Fawcett y Raleigh Rimell fueron lanzados al río; el coronel Fawcett, considerado un anciano y por lo tanto distinguido, recibió un entierro apropiado. Falk-Rønne visitó la tribu Kalapalo y relató que uno de sus miembros había confirmado la historia de Villas Boas sobre como y por qué Fawcett había sido matado.

¿Huesos de Fawcett?

En 1951 Orlando Villas Boas supuestamente recibió huesos restantes del esqueleto de Fawcett y los hizo analizar científicamente. Según se afirma, el análisis confirmó que los huesos pertenecían a Fawcett. Sin embargo, Brian Fawcett (19061984), hijo menor del coronel, rehusó aceptarlos. Villas Boas afirmó que Brian estuvo demasiado interesado en obtener dinero de la venta de libros sobre la desaparición de su padre. El análisis científico posterior confirmó que los huesos no eran de Fawcett. Desde 1965 los huesos, según se informa, descansaban en una caja en el apartamento de uno de los hermanos Villas Boas en São Paulo.

En 1998 el explorador inglés Benedict Allen intentó dirigirse a los indios Kalapalo, los que, según Villas Boas, habían admitido que hubieron muerto a los tres miembros de la expedición Fawcett. Un anciano de los Kalapalo, Vajuvi, afirmó durante una entrevista con Allen filmada por la BBC que los huesos encontrados por Villas Boas aproximadamente 45 años antes no eran realmente de Fawcett. Vajuvi también negó que su tribu hubiera tenido alguna parte en la desaparición de Fawcett. No existen ningunas pruebas contundentes que apoyasen una u otra declaración.

La ciudad perdida de Z

En 2005 el reportero titular neoyorquino David Grann visitó la tribu Kalapálo y descubrió que ésta había transmitido una historia oral sobre Fawcett, entre los primeros blancos que la tribu había visto alguna vez. La cuenta oral decía que Fawcett y su partido se habían quedado en su pueblo y luego se habían marchado en dirección hacia el este. Los Kalapalos advirtieron a Fawcett y sus compañeros que no tomaran ese camino, pues serían muertos por “indios feroces” que ocupaban aquel territorio. Sin embargo, Fawcett insistió en ir. Los Kalapalos observaron el humo de la fogata de la expedición cada tarde durante cinco días antes de que desapareciera. Los Kalapalos dijeron que estaban seguros de que los indios feroces los habían matado. El artículo también relata que una civilización monumental realmente pudo haber existido cerca de donde Fawcett buscaba, como fue descubierto recientemente por el arqueólogo Michael Heckenberger y otros. Las conclusiones de Grann están detalladas en su libro The Lost City of Z (2009).

Inspiraciones ficticias

Se dice que Fawcett ha sido una inspiración para Indiana Jones, el arqueólogo/aventurero ficticio, y una versión ficcionalizada con Fawcett ayudando a Jones en una novela. También, según un artículo en la Comics Scene #45, era la inspiración de Kent Allard, un álter ego de Shadow.

Arthur Conan Doyle también fundó en parte su carácter de Profesor Challenger en Fawcett, y las historias de la “ciudad perdida de Z” se hicieron la base para su novela “El mundo perdido“.

Expediciones para encontrar Paititi

  • 1925 — Percy Harrison Fawcett, en la región de Mato Grosso (Brasil).
  • 1954-55 — Hans Ertl, en Bolivia.
  • 1958-1980 – El explorador peruano Carlos Neuenschwander Landa llevó a cabo más de 15 expediciones en busca del Paititi y fue el primero en recorrer el Camino de Piedra en la cordillera de Paucartambo. Además estudió los Petroglifos de Pusharo, descubrió la Fortaleza de Hualla, además de otros sitios ubicados en el valle del Rio Yavero.
  • 1972 — Bob Nichols.
  • 1984 a 2000 — en total 14 expediciones por Gregory Deyermenjian en las más remotas zonas de alturas y selvas de las Provincias de La Convención, Calca, y Paucartambo en Cusco y de Manu en Madre de Dios, el Perú.
  • 1997 — Lars Hafksjold, en la región de Madre de Dios (Perú). En el mismo año el explorador noruego desaparece en el Parque Nacional Madidi.
  • 1998 — En agosto, el joven explorador chileno Camilo Valdivieso realiza sus primeras indagaciones en los petroglifos de Pusharo y su relación con la ciudad perdida.
  • 2000 — Investigaciones hacia el río Alto Madre de Dios, desarrolladas por Valdivieso y un grupo internacional.
  • 2001 — En junio, la expedición Kota Mama II liderada por John Blashford-Snell localizaron unas ruinas antiguas significativas en la selva al este de Lago Titicaca en Bolivia, las cuales se creen que ya eran descubiertos antes por Hans Ertl.
  • 2002 — Jacek Palkiewicz, en la región de Madre de Dios (Perú).
  • 2002 — Camilo Valdivieso accede hacia cercanías de las nacientes del río Sinkibenia, encontrando importantes evidencias arqueológicas sobre la presencia Inca en zonas no exploradas anteriormente.
  • 2004 — En junio, el equipo de exploración Quest For Paititi de Deyermenjian y Mamani descubrieron varias ruinas incas importantes a largo de la Carretera Inca de Piedra, encima de la cumbre del¨”Último Punto” en el norte de la región de Pantiacolla, Perú.
  • 2005 — la expedición más reciente de Thierry Jamin y Herbert Cartagena.
  • 2006 — Paititi Expedición: más allá de la Meseta de Pantiacolla y al alcance más extremo de los Incas, llevado a cabo por Gregory Deyermenjian y Paulino Mamani en junio del 2006, al Río Taperachi norte del Río Yavero. Aquí encontraron los asentamientos más lejanos hasta ahora identificados de los Incas, más allá de los restos que encontraron en las zonas montañosas en el “Último Punto” en 2004.
  • 2006 — En noviembre, la expedición Destinia.com liderada por Juan José Revenga proponía buscar Paititi en la región del río Madre de Dios.
  • 2008 — En diciembre, el genetista franco-peruano Jhoan Garcôa Tapia inicia la búsqueda del Paititi en la región Cusco – Apurímac.
  • 2009 — En junio, el investigador italiano Yuri Leveratto y las guías peruanas Fernando Rivera Huanca y Saúl Robles Condori llegan a la Cumbre del cóndor, una de las Pirámides de Pantiacolla, comprobando su origen natural. Describen también algunos petroglifos de origen amazónico en el río Inchipato.
  • 2011 – En septiembre, los investigadores Gregory Deyermenjian, Ignacio Mamani, Alberto Huillca, Yuri Leveratto y Javier Zardoya, en una expedición en la cual hallaron las ruinas de la Ciudadela pre-inca de Miraflores.
  • 2011 – En diciembre, los investigadores Evandro Santiago, Zairo Pinheiro y Joaquim Cunha da Silva (Brasil) y Yuri Leveratto (Italia) acompañados por el guía local Elvis Pessoa, llegaron al sitio arqueológico de Ciudad Laberinto, (Rondonia), llevando a cabo estudios sobre su origen y función.
  • 2011 – En diciembre, el investigador italiano Yuri Leveratto y la guía brasilera Fernando Chogo dos Santos llegaron a la Fortaleza del Río Madeira, sitio arqueológico ubicado en la cercanías del Río Madeira.

El Manuscrito 512:

El Manuscrito 512 o Documento 512 es un manuscrito de archivo perteneciente al periodo de Brasil Colonial (mediados del siglo XVIII) y conservado actualmente en el acervo de la Biblioteca Nacional de Río de Janeiro (división de “Manuscritos”, serie “Obras Raras”). El documento, conformado por diez páginas, está escrito en portugués y lleva el título de Relação histórica de uma occulta e grande povoação antiguissima sem moradores, que se descobriu no anno de 1753 (“Relación histórica de una oculta y gran Población, antiquísima, sin moradores, que se descubrió en el año de 1753”). Aunque está redactado como un informe expedicionario, el documento posee al mismo tiempo ciertas características de una carta personal, considerando el carácter de relación entre el autor y el destinatario.

Por su contenido el documento representa una narración dejada por un grupo de bandeirantes portugueses; el nombre propio del autor, jefe de la expedición, no se conservó. El documento relata el descubrimiento, en el corazón de un sertão o sertón brasileño, de las ruinas de una desconocida ciudad perdida, con rasgos de una civilización altamente desarrollada de tipo grecorromano. El informe menciona también el hallazgo de los yacimientos de oro y plata en ese contexto.

El texto contiene varias lagunas como resultado del deterioro del documento provocado por los termitas mientras el manuscrito permanecía olvidado en los archivos (17541839), causa por la que jamás se pudieron saber el nombre del autor y la localización geográfica exacta de la supuesta ciudad abandonada.

El Manuscrito 512 es probablemente el documento más famoso de la Biblioteca Nacional, y según el punto de vista de los modernos historiadores brasileños constituye la base del mayor mito de la arqueología nacional.1 Durante los siglos XIX y XX la ciudad perdida del Manuscrito 512 era objeto de acaloradas discusiones científicas, como también de infatigables búsquedas emprendidas por aventureros e investigadores.

Por su estilo vivo y pintoresco el relato del Manuscrito 512 es considerado por algunos una de las obras más bellas de la lengua portuguesa.2

El acceso al relato original es extremamente restringido actualmente, aunque una versión digital de éste pasó a ser disponible con la actualización digital de la Biblioteca Nacional.

File:Manuscrito 512 01.jpg

El documento, cuya pertenencia al siglo XVIII, además de la fecha indicada (1754), se confirma también por una serie de determinados aspectos relatados, su descubrimiento y noción de relevancia, sin embargo, tuvieron lugar apenas en 1839. En ese año el Manuscrito, ya muy viejo y deteriorado por los insectos, fue descubierto de manera casual en el acervo de la biblioteca pública de la corte (actual Biblioteca Nacional) por el naturalista Manuel Ferreira Lagos y entregado al Instituto Histórico y Geográfico Brasileño (IHGB). Fue en las manos de uno de los fundadores del Instituto que la escritura tuvo su real valor reconocido y divulgado: tras la lectura el canónigo Januário da Cunha Barbosa publicó una copia integral del manuscrito en la Revista do Instituto Histórico y Geográfico Brasileiro con la adición de un prefacio, donde esbozaba la teoría de ligación entre el asunto del documento y la saga de Robério Dias, el hombre aprisionado por la corona española por negarse a revelar la ubicación de las minas de metales preciosos en la província de Bahía.

El contexto histórico del Brasil de esa época, tras haber ganado hace poco su independencia, era él de la búsqueda de una identidad nacional y valoración de los atributos brasileños; la monarquía estaba interesada en la exaltación de la grandeza imperial y su glorioso pasado, como también en la centralización política, a lo que podría coadyuvar el descubrimiento en el territorio del país de restos de antiguos estados altamente desarrollados, dando así cierta clase de legitimidad al nuevo Imperio del Brasil. De esa forma, el documento adquirió un destaque y un enfoque muy importante en los primeros años de su descubrimiento, tanto por parte de los aventureros, como intelectuales, aristócratas y religiosos y hasta el propio emperador Don Pedro II. La valoración del Manuscrito como importante fuente del pasado nacional se produjo también a raíz del reciente descubrimiento de los monumentos de grandes civilizaciones precolombinas, como la ciudad de Palenque en México y las fortificaciones establecidas en las fronteras del Perú. Como señalaba Cunha Barbosa, aludiendo al relato del Manuscrito, monumentos semejantes podían ser encontrados también en el territorio de Brasil.

Entre 1841 y 1846 se llevaron a cabo búsquedas de la ciudad abandonada del Manuscrito 512 bajo el patrocinio del IHGB, para las cuales se comisionó al canónigo Benigno José de Carvalho, socio correspondiente del Instituto. Sin embargo, a pesar de toda la diligencia del clérigo, su larga e infeliz expedición por la Chapada Diamantina terminó sin resultado alguno; tras el fracaso del canónigo Benigno las esperanzas al descubrimiento de la ciudad abandonada ceden lugar a la decepción y el escepticismo. Llegó a predominar la teoría de que la visión de la ciudad abandonada del Manuscrito 512 fue inspirada por formaciones rocosas de la Chapada Diamantina; así, el Dr. Teodoro Sampaio, quien había realizado un viaje por esta región en 187980, estaba seguro de que el relato del Manuscrito 512, siendo en sí una ficción, describía en forma poética las extrañas formas de piedra encontradas en el lugar.

El número de referencia 512, con el cual el Manuscrito llegó a ser conocido, aparece por primera vez en 1881 en el Catálogo de la Exposición de la Historia de Brasil, compuesto por el Dr. Ramiz Galvão.

O Vale do Pati visto da BR-242, Chapada Diamantina, Bahia, Brasil.

File:Vale do Pati.jpg

Las minas perdidas de Moribeca

En el subtítulo del Manuscrito 512 se dice que una tal comitiva de bandeirantes pasó 10 años viajando por los interiores de Brasil (los sertones), tratando de descubrir las legendarias minas perdidas de Moribeca. Según el historiador brasileño Pedro Calmon, era conocido bajo este nombre indígena un aventurero y bandeirante que vivió en los siglos XVI y XVII, llamado Belchior Dias Moréia (también Belchior Dias Moreyra y Belchior Dias Caramuru), descendiente de Diogo Álvares Correia o Caramuru y Catarina Álvares Paraguaçu, primer matrimonio luso-indígena de Brasil; según otra versión más antigua, expuesta por Sebastião da Rocha Pita y repetida por Januário da Cunha Barbosa en su prefacio a la edición impresa del Manuscrito 512, Moribeca era el apodo del hijo de Belchior, Robério (o Rubério) Dias. En cualquier caso, el personaje de ese nombre era conocido por sus grandes riquezas provenientes de ciertas minas de la sierra de Itabaiana, en los alrededores de Araguaçu. Habiendo prometido a la corona entregarle las minas a cambio del título de marqués de las Minas, posteriormente Moribeca se dio cuenta del engaño por parte del rey Felipe III de España (II de Portugal), pues dicho título era otorgado al nuevo gobernador general de Brasil, Don Francisco de Sousa. Moribeca entonces se negó a revelar el secreto de las tan codiciadas minas, por lo que fue recluido en la cárcel real. Según Calmon, Moribeca, o Belchior Dias, pasó dos años en cadena y logró recuperar su libertad, pagando el rescate; en la versión de Rocha Pita (que no menciona el nombre de Moribeca), Robério Dias muere en la cárcel justamente en víspera de llegada de la orden real condenándolo a la muerte.

La leyenda de las minas perdidas de Moribeca o El Dorado brasileño posteriormente llegó a ser la fuente de incansables búsquedas por parte de los bandeirantes. De esa forma, el objetivo que perseguía la expedición o bandeira de 174353 resulta ser muy típico para su época.

El documento narra como la comitiva descubrió una cordillera de montes que brillaban con numerosos cristales, causando admiración y asombro en la gente. Sin embargo, al principio los bandeirantes no consiguieron descubrir un paso franco para poder acometer la cordillera y se acamparon al pie de las montañas. Después un negro de la comitiva se dio en perseguir a un venado blanco y descubrió un camino pavimentado en piedra que pasaba a través de la montaña. Habiendo alcanzado la cima, los bandeirantes vieron desde arriba una gran población, que a primera vista consideraron ser alguna de las ciudades de la costa de Brasil; tras descender al valle, mandaron exploradores para saber más sobre la población y sus habitantes y estuvieron esperándolos durante dos días; un detalle bastante curioso es que escuchaban cantar gallos durante esos días, lo que les hacía pensar, que la ciudad estaba habitada. Mientras tanto, llegaron los exploradores, trayendo la nueva de que no había moradores. Estando todavía la gente insegura, se resolvió a comprobarlo un indio de la comitiva, el cual regresó con la misma noticia, atestiguada luego ya por todo el grupo de exploradores.

Finalmente toda la comitiva efectuó la entrada a la ciudad, la cual era posible por tan sólo un único camino, empedrado y adornado con tres arcos, el del medio era mayor y principal, y los dos de lados eran más pequeños. Como observa el autor, sobre el arco principal había unas letras, imposibles de copiar por la gran altura.

Las casas en la ciudad, todas con pisos, estaban abandonadas desde hace ya mucho tiempo y no tenían por dentro ningunos objetos de enseres, ni muebles. La descripción de la ciudad reúne rasgos propios a distintas civilizaciones de la la antigüedad, sobre todo la griega y la romana, aunque contiene también detalles no identificados o sin asociación. Así, el autor nota que todas las casas en la ciudad por su regularidad y simetría parecían una sola, como si fueran de un propietario.

En el texto se da la descripción de distintos objetos apreciados por la comitiva. Así, está descrita una plaza con una columna de piedra negra en el medio, en la cima de la cual había estatua de un hombre con un brazo extendido, señalando hacia el norte; el pórtico de la rúa principal, en cuya parte superior había un bajorrelieve con la imagen de un joven semidesnudo, coronado de laurel; enormes edificios por los lados de la plaza, uno de los cuales parecía ser palacio de algún señor de la tierra, y el otro evidentemente era un templo, donde aun se conservaron parcialmente la fachada, las naves y las imágenes en relieve (en particular, cruces de varias formas y coronas). Cerca del lugar pasaba un ancho río, del otro lado del cual habían campos muy lozanos con algunas lagunas, todas llenas de arroz, como también innumerables bandadas de patos, que podían ser cazados simplemente con las manos.

Después de caminar tres días río abajo, los bandeirantes se toparon con una catarata, al lado de la cual había una serie de cuevas y excavaciones subterráneas, probablemente minas, donde yacían dispersos pedazos de mena parecida a la plata. La entrada a una de las cuevas estaba cerrada con una enorme losa, sobre la cual había una inscripción en signos o letras desconocidas.

A distancia de un tiro de cañón de la ciudad la comitiva descubrió un edificio como casa de campo, por dentro del cual había una grande sala y quince habitaciones pequeñas, todas con puertas para la sala.

Después los bandeirantes realizaron una prospección a orillas del río, hallando buena pinta, prometiéndoles muchas riquezas de oro y plata. En ese lugar, la comitiva se separó, realizando algunos de los hombres una marcha de nueve días, pasados los cuales avistaron una canoa con dos personas blancas, vestidas a la europea; aparentemente, éstas huyeron después de que los bandeirantes habían hecho un tiro par atraer su atención, aunque, estando dañada esa parte del documento, se puede suponer también que este grupo de bandeirantes experimentó después un enfrentamiento con alguna clase de salvajes, velludos y bravos.

Finalmente, la entera expedición alcanzó los ríos Paraguaçu y Uná, donde el jefe de la comitiva compuso el informe, dirigiéndolo luego a cierta persona influyente en Río de Janeiro. Es notable el vínculo personal existente entre el autor del documento y la persona a quien se está dirigiendo: el autor insinúa que el secreto de los descubrimientos realizados lo viene revelar tan sólo a él, su destinatario, recordando de lo mucho que le debe. Expresa también su preocupación a respecto de que un indio, miembro de la Compañía, abandonó la comitiva para regresar a la ciudad perdida por su propia cuenta. Finalmente, el autor propone al destinatario largar esas penurias y venir a utilizarse de esas riquezas, sobornando al indio desertor para que éste no revele el secreto y lo conduzca hacia los tesoros.

Moneda de oro

Uno de los miembros de la comitiva (João António, único nombre que se conservó en el documento) encontró en las ruinas de una de las casas en la ciudad un dinero de oro, de forma esférica, mayor que las monedas brasileñas de 6400 reales. Sobre una parte aparecía la imagen de un muchacho arrodillado, sobre la otra un arco, una corona y una flecha. Este descubrimiento convenció a la comitiva que debajo de las ruinas debían estar enterrados inmensos tesoros.

Inscripciones misteriosas

En el texto aparecen reproducidas cuatro inscripciones en letras o jeroglíficos desconocidos: 1) sobre el pórtico de la rúa principal, 2) sobre la losa que cerraba la entrada a una de las cuevas cerca de la catarata, 3) sobre el pórtico del templo y 4) sobre la columnata en la casa de campo. Al final del documento aparecen también nueve signos sobre las losas (como es posible suponer, aquellas que cerraban las entradas; esta parte del manuscrito también se perdió). Como notaban algunos investigadores, los signos copiados se asemejan más que nada a las letras del alfabeto griego o fenicio (algunos también a los números arábigos).

Posible autoría del Manuscrito 512

Los historiadores brasileños propusieron varias candidaturas posibles para el autor del Manuscrito 512, del cual solamente se sabe con certeza que era Mestre de Campo (Maestro de Campo), un oficial mayor, según se lee claramente en el documento.

Según la versión más aceptada actualmente, propuesta por el historiador Pedro Calmon y el investigador alemán Hermann Kruse , el documento fue escrito por Mestre de Campo João da Silva Guimarães, un bandeirante que durante el siglo XVIII recorrió los sertones de Minas Gerais y Bahía en busca de riquezas. Tras recorrer los sertones desconocidos de Bahía entre 1752-53, anunció el descubrimiento de las muy codiciadas minas de plata de Robério Dias, justamente en la región de los ríos Paraguaçu y Uná. De este modo, existe coincidencia de fecha y localización con las señaladas en el Manuscrito 512.

Sin embargo, después de que las pruebas de menas presentados por Guimarães fueron examinadas por la Casa de la Moneda dos años después, resultó que no tenían ningún valor. Decepcionado, Guimarães se fue a vivir con los indios, desapareciendo después de 1764.

A pesar de la aparente coincidencia de la fecha y el lugar, resulta dudoso, sin embargo, que Guimarães fuera el verdadero autor del Manuscrito 512. Existen varios documentos relativos a ese bandeirante y a sus hallazgos, y en ninguno se hace mención de la ciudad perdida. Tampoco coincide la duración de las dos expediciones: la de Guimarães duró menos de 2 años (1752-53) y no 10 (1743-53), como la de los bandeirantes de 1753, según se dice claramente en el Manuscrito 512.

El Manuscrito 512 en la obra de Richard Francis Burton

El célebre explorador, aventurero y escritor británico Sir Richard Francis Burton incluyó una traducción del Manuscrito 512 en su libro Explorations of The Highlands of Brazil (“Exploraciones de los Altiplanos de Brasil”), que relata sus viajes por el país a partir de 1865, cuando Burton fue enviado con una misión consular a Santos. Una vez allí, Burton viajó por los altiplanos centrales de Brasil, yendo en canoa abajo por el río São Francisco desde sus orígenes hasta las cascadas de Paulo Afonso, o sea, en lugares probablemente cercanos a los descritos por los bandeirantes de 1753. La traducción al inglés del Manuscrito 512 fue realizada por su esposa Lady Isabel Burton. Aparentemente, se trata de la primera traducción y divulgación del Manuscrito en Europa.

El Manuscrito 512 y la ciudad perdida de Z de Percy Fawcett

El más célebre y fiel partidario de la veracidad del Manuscrito 512, sin duda, era el famoso investigador británico coronel Percy Harrison Fawcett (18671925?). Para él, el documento servía como principal indicio de la existencia en las regiones inexploradas de Brasil de restos de ciudades muy antiguas, pertenecientes a una civilización altamente desarrollada de una misteriosa raza blanca que gobernaba Sudamérica en la época prehistórica (los atlantes).

El objetivo principal de Fawcett era una supuesta ciudad perdida, posiblemente habitada, localizada en algún lugar de Mato Grosso y a la que él denominaba Z. Al contrario de la versión popularizada en nuestros días, Z no era la misma ciudad del Manuscrito 512, a la que Fawcett denominaba ciudad de Raposo (por Francisco Raposo, nombre ficticio que el coronel utilizaba para identificar al desconocido autor del Manuscrito 512), situándola en la Chapada Diamantina, a 11°30′″S 42°30′″O aproximadamente. Sin embargo, admitía la posibilidad de que ambas ciudades, de hecho, resultarían ser una sola. La fuente de la información sobre Z se desconoce; las tradiciones esotéricas desde los tiempos de Fawcett hasta nuestros días vinculan a esa misteriosa ciudad con la teoría intraterrestre.

En 1921 Fawcett emprendió una expedición por la Bahía, guiándose tanto por el Manuscrito 512, como por el testimonio de otro viajante británico, coronel O´Sullivan Beare, ex cónsul en Río de Janeiro, quien afirmaba haber visitado una ciudad perdida parecida a la del Manuscrito 512, a pocos días de camino de la ciudad del Salvador.

Según menciona Fawcett en su libro, después de recorrer la región del río Gongogi logró reunir nuevos testimonios de la existencia de ciudades perdidas.

En 1925 Fawcett se embarcó en su última expedición, acompañado de su hijo Jack y el amigo de éste, Raleigh Rimell, yendo en dirección al río Xingú en busca de su objetivo principal, planeando de regreso realizar investigaciones en la ciudad de Raposo de 1753. Sin embargo, como es bien sabido, se pierde aquí cualquier rastro del coronel y sus acompañantes, cuyo destino jamás se pudo averiguar con certeza. A partir del momento de su desaparición el misterio de la última expedición Fawcett se pone en primer plano, haciendo eclipsar el propio misterio de la ciudad perdida, ya que el objetivo primordial de nuevas expediciones comienza a ser la búsqueda del coronel desaparecido.

Fawcett compuso un ensayo literario basándose en el relato del Manuscrito 512, titulado The Lost Mines of Muribeca (“Las Minas Perdidas de Muribeca”), que constituye el primer capítulo del libro de sus memorias, editado por su hijo menor Brian en 1953.

El Dorado:

La leyenda de El Dorado es sobre un lugar mítico que se suponía que tenía grandes reservas de oro y que fue buscado por los exploradores españoles e ingleses con gran empeño, atraídos por la idea de un lugar con calles pavimentadas de oro, en donde el preciado metal era algo tan común que se le daba poca importancia. Muchos de ellos murieron en el intento por descubrir la ciudad, ya que las largas expediciones transcurrían por la selva y a la dureza del terreno había que unir la falta de provisiones. Se suponía que estaba ubicado en alguna parte del centro de Colombia, Perú, Bolivia, Ecuador, Brasil, Venezuela, etc., pero en especial en zonas de la Nueva Granada.

El mito empezó en el año 1530 en los Andes de lo que hoy es Colombia, donde el conquistador Gonzalo Jiménez de Quesada encontró por primera vez a los Muiscas, una sociedad ubicada en lo que actualmente se conoce como el Altiplano Cundiboyacense. La historia de los rituales muiscas fue llevada a Quito por los hombres de Sebastián de Belalcázar; mezclada con otros rumores, se formó allí la leyenda de El Dorado, «El Hombre Dorado», «El Indio Dorado», «El Rey Dorado». Imaginado como un lugar, El Dorado llegó a ser un reino, un imperio, la ciudad de este lugar legendario.

En busca de este reino legendario de oro fue primero enviado Don Ángel Guerra por la corona de la Reina Isabel la Católica, sin suerte después de una profunda búsqueda por el Amabaya, sus pasos fueron seguidos entonces por Don Francisco de Orellana y Don Gonzalo Pizarro quienes partieron de Quito en 1541 hacia el Amazonas en una de las más fatídicas y famosas expediciones para encontrar El Dorado.

File:Muisca raft Legend of El Dorado Offerings of gold.jpg

«…En aquella laguna de Guatavita se hacía una gran balsa de juncos, y aderezábanla lo más vistoso que podían… A este tiempo estaba toda la laguna coronada de indios y encendida por toda la circunferencia, los indios e indias todos coronados de oro, plumas y chagualas… Desnudaban al heredero (…) y lo untaban con una liga pegajosa, y rociaban todo con oro en polvo, de manera que iba todo cubierto de ese metal. Metíanlo en la balsa, en la cual iba parado, y a los pies le ponían un gran montón de oro y esmeraldas para que ofreciese a su dios. Entraban con él en la barca cuatro caciques, los más principales, aderezados de plumería, coronas, brazaletes, chagualas y orejeras de oro, y también desnudos… Hacía el indio dorado su ofrecimiento echando todo el oro y esmeraldas que llevaba a los pies en medio de la laguna, seguíanse luego los demás caciques que le acompañaban. Concluida la ceremonia batían las banderas… Y partiendo la balsa a la tierra comenzaban la grita… Con corros de bailes y danzas a su modo. Con la cual ceremonia quedaba reconocido el nuevo electo por señor y príncipe».
La laguna de Guatavita se encuentra en el municipio de Sesquilé, al norte de la cabecera municipal de Guatavita a una distancia de 63 km al norte de Bogotá. Su elevación sobre el nivel del mar es de 3.000 metros, una temperatura promedio de 11 C, 1.5 kilómetros de diámetro y 5 kilómetros de cicunferencia.Descubierta en 1537 por Gonzalo Jiménez de Quesada, es una laguna circular situada en lo que parece un cráter meteórico. No hay evidencia, sin embargo, de origen meteórico o volcánico.La laguna fue una de las lagunas sagradas de los Muiscas en la cual se celebraba una ceremonia en la cual el Zipa (Cacique) se bañaba en las aguas cubierto de polvo de oro. Este es uno de los orígenes de la leyenda de El Dorado. La famosa Balsa Muisca que se exhibe en el Museo del Oro es evidencia de que este tipo de rituales se celebraban en los lagos de la región.Hubo varios intentos de drenar la laguna para hallar sus tesoros ocultos, entre los cuales los más importantes fueron el del cápitan Lázaro Fonte quien pudo extraer varias piezas de oro fino, y el de Antonio de Sepúlveda en el siglo XVI, quien también logró sacar esmeraldas y piezas de cerámica.

Existen también otras lagunas en el departamento de Cundinamarca en las que se practicaba este ritual y en las cuales se encontraron piezas de oro, exhibidas hoy en día en el Museo del Oro de Bogotá. Una de ellas, la Balsa Muisca de Pasca, representa el rito de El Dorado en una hermosa figurilla de oro encontrada en la campiña cercana al pueblo de Pasca, Cundinamarca.

Las poblaciones muiscas y sus tesoros cayeron rápidamente en manos de los conquistadores. Al hacer inventario de las nuevas tierras obtenidas, los españoles pronto se dieron cuenta de que —a pesar de las cantidades de oro en manos de los indios— no había ciudades doradas, ni siquiera minas ricas, puesto que los muiscas obtenían el oro a través del comercio con naciones vecinas. Pero al mismo tiempo los españoles empezaron a escuchar historias de El dorado de los indios capturados, y de los ritos que tenían lugar en la laguna de Guatavita.

La laguna de Guatavita tiene hoy una gran zanja en uno de sus costados, evidencia de los intentos que se hicieron en 1580 de drenar la laguna.

Expediciones

La expedición más famosa en busca de El Dorado fue aquélla de Francisco de Orellana en 1541, aunque hubo otros intentos antes de ésta. Al principio, los exploradores buscaron El Dorado en los Andes, cerca de Colombia. Sebastián de Belalcázar, un conquistador español que había viajado con Cristóbal Colón y Francisco Pizarro, buscaron El Dorado en el sur-occidente de Colombia en 1535. Nicolás de Federmann, explorador y cronista alemán que participó en la conquista española de Venezuela y Colombia, también dirigió una expedición para buscar El Dorado en 1535. El conquistador español Gonzalo Jiménez de Quesada partió en busca de El Dorado en 1536. Después de haber derrotado a los Muiscas y haber establecido a Bogotá como la capital del Nuevo Reino de Granada, Quesada se dio cuenta de que Federmann y Belalcázar también habían reclamado la misma tierra; en un pacífico encuentro llevado a cabo en Bosa, les convenció de regresar a España en 1539 y resolver el asunto.

Mientras los tres entablaban batallas legales por Nueva Granada, otros hombres continuaron la búsqueda. En 1541 Gonzalo Pizarro y Francisco de Orellana salen en pos de El Dorado y terminan en un desastroso viaje por el Amazonas. Después de dividirse en dos grupos, Pizarro y sus hombres regresaron a Quito, mientras que Orellana continuó el viaje, descubriendo y dando nombre al río Amazonas.

En 1541 el explorador español, nacido en Alemania, Felipe de Utre, emprendió una infructuosa búsqueda de El Dorado a lo largo del Amazonas en el territorio de Omagua. Encontró un territorio densamente poblado, pero ningún reino dorado.

Walter Raleigh fue el primer explorador inglés en emprender la búsqueda. Raleigh partió para la Guayana Española, entonces denominada Nueva Andalucía (actual Venezuela), a la que denominó en 1595 como “Guiana”. Navegó a lo largo del río Orinoco donde encontró algunos objetos de oro, pero nada de las dimensiones de la leyenda. A su regreso a Londres publicó un libro sobre su viaje titulado El descubrimiento de la Guiana, donde promovía la exploración del Reino Dorado. En 1617 organiza la segunda expedición a la Guayana , tomó posesión de parte de esa región en nombre de Inglaterra; pero tras destruir algunos establecimientos españoles, fue detenido de nuevo, a solicitud de España. A su regreso a Londres fue condenado a muerte y posteriormente decapitado en Whitehall en 1618.

En 1987 se publicó en un diario local Folha de Boa Vista del estado de Roraima (Brasil) lo que podría significar, si se verifica, un descubrimiento excepcional hecho por Roland Stevenson, chileno radicado en la ciudad de Manaus. Dio cuenta de un camino inca desde el Ecuador hasta las sierras de las Guyanas con tambos de piedra en su recorrido. Además encontró vestigios de indumentaria inca e inclusive grabados en piedra con motivos andinos. Especuló además con que el nombre «Guyana» podría provenir del Inca Huayna Cápac , ya que se su pronunciación es semejante, y aseguró que algunas etnias hablaban una lengua emparentada con el idioma quechua, así como que la fisonomía de algunos representantes de la etnia Yanomami era muy parecida a la de los pobladores andinos.

Ciudad de los Césares:

también conocida como Ciudad encantada de la Patagonia, Ciudad errante, Trapalanda, Trapananda, Lin Lin o Elelín, es una ciudad mítica de América del Sur, que se supone ubicada en algún lugar del Cono Sur (preferentemente en algún valle cordillerano de la Patagonia entre Chile y la Argentina).

La ciudad se caracterizó por ser buscada intensamente durante la época colonial, pues se suponía que había sido fundada según las diferentes versiones, por españoles (náufragos, o exiliados), y/o por mitimaes incas; y que estaba llena de riquezas, principalmente oro y plata.

El origen principal de la leyenda de la mítica Ciudad de los Césares, está en cuatro historias independientes. Estas historias fueron las siguientes:

El viaje de Francisco César

Artículo principal: Expedición de Francisco César.

La primera referencia a una ciudad perdida que se relacionaría con la Ciudad de los Césares, data de 1528; durante la expedición de Sebastián Gaboto al río de la Plata. El capitán Francisco César y catorce hombres más partieron a explorar el territorio hacia el oeste, y se especula que llegaron hasta los Andes o solo hasta las sierras de Córdoba.

César y seis de sus soldados volvieron tres meses más tarde relatando que habían visto una tierra muy rica que tenía “ovejas del Perú” (llamas) y gran abundancia de joyas y metales preciosos. Durante el siglo XVI se empezó a conocer a este misterioso lugar con el nombre de lo de César, a veces con intención burlesca. Cuando las historias comenzaron a hablar de la existencia de una ciudad inca, sus habitantes empezaron a ser llamados Césares.

Como su ubicación era incierta y al no encontrársela, empezó a sugerirse que esta misteriosa ciudad se hallaba mucho más al sur. Postulándose diferentes ubicaciones. Así, según el investigador Ricardo E. Latcham, de haber sido las Sierras de Córdoba, tendría explicación la presencia de llamas y de metalurgia, pues en esa zona habitaban los diaguitas y los comechingones, ambos influidos por el Imperio inca; aunque estas características también se reflejaban en las otras zonas mencionadas del norte de Chile y Argentina.

Los mitimaes incas

En aquella época también circulaban otras historias de un rico asentamiento en el sur del continente, pues un grupo de mitimaes (colonos incas) se movilizaron a la zona de Santiago del Estero en 1535 después de fracasar en un intento de rescatar al noble inca Pablo Inga, guía de Diego de Almagro y medio hermano de Atahualpa. Se creía que ellos llevaban consigo muchas riquezas y que habían fundado una ciudad inca en alguna parte del sur de Argentina. Los rumores e informes de indios que decían haber visitado este asentamiento se sucedieron durante el resto del siglo XVI.

Además, el cronista y maestre de campo Miguel de Olaverria indica que los súbditos incas que habitaban cerca al río Maule, al recibir el asedio de los mapuches y al enterarse que su rey estaba capturado por los españoles, resolvieron no volver a sus tierras, sino migrar a “lo de Cesares”. En su informe escribe que …y pasaron la gran cordillera por el río Putagán que está cerca del dicho rio Maule y hay opiniones que no vinieron al Perú a causa de estar los españoles apoderados de sus tierras y que están poblados en lo que llaman de Cesares sobre la mar del Norte de que hay noticia y muchas señales.1

Los náufragos españoles de la Patagonia

Posteriormente, también varias expediciones españolas a la zona del estrecho de Magallanes fracasaron y empezaron a circular historias sobre la fundación de ciudades por parte de sus sobrevivientes, sobre todo acerca de la suerte que corrieron los amotinados de la expedición de Simón de Alcazaba y los náufragos de la expedición armada por el Obispo de Plasencia.

El naufragio de la expedición del Obispo de Plasencia (Gutierre de Vargas y Carvajal) durante la travesía que tenía como fin tomar posesión de la gobernación del Estrecho de Magallanes ocurrió en 1540, cuando ya estaban llegando a su destino. Cerca de 200 personas lograron refugiarse en tierra y se internaron en ella para establecerse hasta que los rescataran. No se tuvo noticias de ellos hasta unos 20 años después, cuando dos de los náufragos lograron llegar a Concepción, en la Capitanía de Chile, y contaron que otros sobrevivientes habían fundado una ciudad en la Patagonia y que las riquezas de los incas estaban en ella.

La historia de dos de los náufragos

En 1563, veintitrés años después del naufragio de una de las naves del Obispo de Plasencia, llegaron a Concepción (Chile) dos hombres que habían estado en el barco. Se llamaban Pedro de Oviedo y Antonio de Cobos; y narraron cómo se habían salvado junto con la mayor parte de la tripulación y se habían internado tierra adentro al mando de Sebastián de Argüello, hasta encontrarse con un poblado de indios. Según ellos, después de algunas escaramuzas y un periodo de desconfianza, los españoles lograron asentarse en esa tierra en paz con los aborígenes y tomaron a indias como esposas. En su relato hablaban de un poblado inca ubicado más al norte que estaba en guerra con ellos. Pero más tarde estos dos hombres asesinaron a un amigo del capitán y debieron huir a refugiarse entre aquellos “incas”. El escribiente que anotó la declaración de Oviedo señaló que:

…La tierra era muy fértil y por la parte más principal que los fueron llevando caminaron dos días poco a poco y vieron multitud de oficiales plateros con obras de vasijas de plata gruesas y sutiles y algunas piedras azules y verdes toscas que las engastaban. La gente era lucida y aguilena y al fin de la del Perú sin mezcla de otras. Dizen que les enbidaban con plata y ellos se excusaron, pidiendo solo de comer y pasaje el cual se lo dieron y para el camino veinte indios que los pusieron en lo alto de la cordillera en derecho a la Villa Rica y entregados con rehenes a los pulchez pasaron y vinieron a la ciudad de Concepción donde estuvieron por huespedes el maestro del campo el general Juan gutierrez de Altamirano.2

Los exiliados de Valdivia, Villarrica y Osorno

Igualmente circuló también la leyenda que indicaban que eran ciudades opulentas que la habían formado los pobladores exiliados de las ciudades australes de Valdivia, Villarrica y Osorno. Siendo un grupo de los pobladores que se salvaron del ataque sufrido, cuando estas ciudades fueron destruidas por los mapuches y huilliches; hecho sucedido luego del desastre de Curalaba, a fines del siglo XVI.

A partir de este hecho igualmente se originó la creencia de que probablemente en la región cordillerana, al sur de Valdivia (en la zona norte de la actual Región de Los Lagos de Chile), se encontraba la ciudad principal de los césares, (puesto que se contaban hasta tres); la que se creía que estaba ubicada en medio de una laguna de nombre Payegué o Puyequé (haciendo referencia al Lago Puyehue), cerca de un estero llamado Llanquecó, al este de la cercanas “ruinas de la antigua ciudad de Osorno“. A partir de la destrucción de estas ciudades, también se crearía la versión de que un grupo de los sobrevivientes fueron a asilarse a las pampas del este, donde fundaron la ciudad.

La fusión de las cuatro historias

Con el paso de los años estas historias diferentes llegaron a fundirse en una sola, que contenía también elementos fantásticos de la tradición europea. En ella, el poblado de los náufragos españoles tomaba características de una rica ciudad inca y sus habitantes también eran llamados los Césares. Esta fusión de estas historias produjo que la leyenda definitiva de la mítica ciudad se ubicara en algún lugar indefinido del Cono Sur, de preferencia, en algún valle cordillerano de la Patagonia entre Chile y Argentina; siendo así como la leyenda de mítica Ciudad de los Césares formaría parte de la Mitología de América del Sur así como otras ciudades con riquezas como “El Dorado” y “El gran Paititi“.

Búsqueda

Producto de las riquezas que se decía existirían en esta mítica ciudad, se produjeron varias expediciones para encontrarlas. Estas expediciones fueron las siguientes:

Diego de Rojas

Artículo principal: Entrada de Diego de Rojas al Tucumán.

El primer viaje de exploración que puede considerarse que tenía como uno de sus objetivos hallar la ciudad lo realizó Diego de Rojas en 1543,cuando entró desde el Perú al territorio de la actual Provincia de Santiago del Estero, en busca de una rica región ubicada entre Chile y el Río de la Plata. El virrey del Perú Cristóbal Vaca de Castro escribió al Rey en 1542:

Asimismo hay noticia que entre la provincia de Chile y el nasçimiento del río grande que llaman de La Plata, ay una provincia que se llama [ ], hazia la parte del mar del Norte, de aquel cabo de las sierras nevadas, que diz que es muy poblada y rica; por manera, que la cordillera de las sierras nevadas que atraviesa estas provinçias hacia el Estrecho, queda entre las provinçias de Chili y esta tierra: tengo proveído para ello capitán Diego de Rojas.

Diego de Rojas logró recorrer gran parte del área que se le había encomendado explorar pero no encontró rastros de la ciudad que contaba César, aunque sí halló algunas gallinas europeas que éste había dejado entre los indios. Rojas murió sin completar su misión en 1544, durante un enfrentamiento con los juríes.

Alderete y Villagra

Cuando Francisco de Villagra volvió de Perú con refuerzos para Pedro de Valdivia en 1551, envió un destacamento desde el valle de Cuyo hacia el sur a buscar lo de César. No encontraron la región, pero sí recibieron informes de la presencia de españoles refugiados en las pampas. En la misma época, el adelantado Jerónimo de Alderete cruzó al lado oriental de los Andes a fundar una ciudad y reconocer el terreno. Él también oyó a los indígenas relatar las historias de los sobrevivientes españoles viviendo en paz con los indios y las del asentamiento inca.

Nicolás Mascardi

En el “Índice Chronologico Peruano”, el padre Manuel Rodríguez escribe que el padre Nicolás Mascardi llegó en 1670 a evangelizar los Poyas en la Capitanía de Chile y de allí pasar a la Ciudad de los Cesares. Esto último no lo logra porque fue muerto por los nativos en 1673

Más Ciudades Perdidas:

Ciudades perdidas por continente

Ruinas de Cartago.

África

Asia

Este de Asia

Sureste de Asia

Sur de Asia

Asia central

Restos de la ciudad de Ur, con el Zugurat de Ur-Nammu.

Oeste de Asia

América del Sur

Machu Picchu. La «pirámide» de Intihuatana (en el Conjunto 5). En primer plano, la Plaza Sagrada y el Templo Principal.

Ciudades incaicas

Otras

América del norte

México y América Central

Palenque.

Ciudades mayas

Lista incompleta: para más información, ver civilización maya

Ciudades olmecas

Estados Unidos

Canadá

Otras

Europa

Contrebia Leucade, ciudad celtíbera.

Océano Atlántico

Como vemos hay muchas……

Publicado diciembre 12, 2012 por astroblogspain en Uncategorized

Deja tu comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: