El manuscrito Voynich   2 comments

El manuscrito Voynich. El misterioso texto custodiado

en la Universidad de Yale.

 

 

Desde la más remota antigüedad han existido textos (papiros, tablillas, inscripciones) que hablan de los secretos de la naturaleza y de las fuentes de saber desconocido. Muchos fueron destruidos en incendios como el de la Biblioteca de Alejandría. Otros están guardados en bibliotecas secretas, solo accesibles a muy pocas personas.  Otros libros,  desaparecieron sin dejar el más mínimo rastro, no es el caso del misterioso libro que trataremos a continuacion, este post se lo dedico a Ana Rosco, Que esperemos que le guste.

 

En este artículo nos centramos en relatar lo que ya se sabe sobre el llamado papiro o, manuscrito Voynich.

El manuscrito Voynich es un misterioso libro ilustrado, de contenidos desconocidos, escrito hace unos 500 años por un autor anónimo en un alfabeto no identificado y un idioma incomprensible, el denominado voynichés.

A lo largo de su existencia constatada, el manuscrito ha sido objeto de intensos estudios por numerosos criptógrafos profesionales y aficionados, incluyendo destacados especialistas estadounidenses y británicos en descifrados de la Segunda Guerra Mundial. Ninguno consiguió descifrar una sola palabra. Esta sucesión de fracasos ha convertido al manuscrito en el Santo Grial de la criptografía histórica.

Este texto cumple la ley de Zipf, según la cual en todas las lenguas conocidas la longitud de las palabras es inversamente proporcional a su frecuencia de aparición (cuantas más veces aparece una palabra en un idioma, más corta es), hace pensar que se trata no sólo de un texto redactado en un lenguaje concreto, sino también que este lenguaje está basado en alguna lengua natural, ya que lenguajes artificiales como los élficos de Tolkien o el klingon de Star Trek no cumplen esta regla. Esto es debido a que la explicación a esta ley se basa en la economía lingüística: las palabras que más utilizamos son más cortas y así requieren menos energía, por ello es el uso de una lengua el que acaba por imponer esta ley. Es prácticamente imposible que el autor del manuscrito Voynich conociera la ley de Zipf, enunciada muchos siglos después, y por tanto que la aplicase a una lengua inventada por él.

El nombre del manuscrito se debe al especialista en libros antiguos Wilfrid M. Voynich, quien lo adquirió en 1912. Actualmente está catalogado como el ítem MS 408 en la Biblioteca Beinecke de libros raros y manuscritos de la Universidad de Yale.

En 2009, investigaciones de la Universidad de Arizona (EE.UU.) demostraron, mediante la prueba del carbono 14, y con una fiabilidad del 95%, que el pergamino del manuscrito podía datarse entre 1404 y 1438. Por otra parte, el McCrone Research Institute de Chicago demostró que la tinta fue aplicada no mucho después, confirmando así que el manuscrito es un auténtico documento medieval.

Sobre el lugar en que pudo haberse escrito, tan solo se dispone de una posible pista. En una de sus ilustraciones aparece una ciudad amurallada, y son sus almenas dibujadas las que aportan una orientación. Su forma es la de las almenas llamadas de cola de golondrina, un estilo estético que más tarde, en el renacimiento, se popularizó por toda Europa, pero que en el momento en que supuestamente se elaboró el manuscrito, según los últimos estudios de la Universidad de Arizona, solo se podía encontrar en el norte de Italia. Quizá en la amplia región que transcurre entre Milán y Venecia.

El libro tiene alrededor de 240 páginas de pergamino, con vacíos en la numeración de las mismas (la cual es aparentemente posterior al texto, quizás del siglo XVI), lo que sugiere que varias páginas se habían extraviado ya antes de su compra por Voynich. Para evitar extravíos posteriores el padre Theodore C. Petersen lo fotocopió en 1931, repartiendo dichas copias entre varios investigadores interesados en su estudio e intento de traducción. Se utilizó pluma de ave para escribir el texto y dibujar las figuras con pintura de colores; según se puede apreciar, el texto es posterior a las figuras, ya que en numerosas ocasiones el texto aparece tocando el borde de las imágenes, algo que no ocurriría si éstas hubiesen sido añadidas posteriormente.

Las ilustraciones del manuscrito no aclaran los contenidos del texto pero denotan que el libro consta de seis “secciones”, con diferente materia y estilo. Exceptuando la última sección, que contiene únicamente texto, casi la totalidad de las páginas contienen al menos una ilustración. Las secciones y sus nombres convencionales son:

  • Herbario: cada página muestra una planta (en ocasiones dos) y algunos párrafos de texto, un formato típico de herbarios europeos de la época. Algunas partes de estas ilustraciones son copias en mayor escala y detalle de bocetos vistos en la sección farmacéutica (debajo).

Astronómica: Contiene diagramas circulares, algunos de ellos con soles, lunas y estrellas, lo que sugiere que trata de astronomía o astrología. Una serie de 12 diagramas muestra símbolos convencionales para constelaciones zodiacales (dos peces para Piscis, un toro para Tauro, un soldado con un arco para Sagitario, etc.). Cada símbolo está rodeado por exactamente 30 figuras de mujeres en miniatura, la mayoría de ellas desnudas, cada una sosteniendo una estrella. Las dos últimas páginas de esta sección (Acuario y Capricornio) se extraviaron, mientras que Aries y Tauro están separados en cuatro diagramas con 15 estrellas cada uno. Algunos de estos diagramas se encuentran en páginas desplegables.

Biológica: Un texto denso y continuo con figuras de pequeñas mujeres desnudas tomando baños en balnearios públicos o tinas interconectadas por una elaborada red de tuberías, algunas de ellas claramente en forma de órganos del cuerpo. Algunas de las mujeres llevan coronas. Posiblemente sean ninfas.

                     

Cosmológica: Más diagramas circulares, pero de naturaleza desconocida. Esta sección también posee páginas desplegables, una de ellas de seis páginas de largo, que contiene una especie de mapa o diagrama con seis “islas” conectadas por calzadas, castillos y posiblemente un volcán.

Farmacéutica: Varios dibujos con leyendas de partes de plantas aisladas (raíces, hojas, etc.); objetos similares a jarras farmacéuticas (albarelos) a lo largo de los márgenes y algunos párrafos de texto.

Recetas: Muchos párrafos cortos, cada uno marcado con una “viñeta” en forma de flor (o estrella) que hacen pensar en una serie de órdenes, pasos o instrucciones para elaborar algo (presumiblemente un producto químico o alquímico).

 

El texto (llamado voynichés) fue claramente escrito de izquierda a derecha, con un margen derecho desigual. Las secciones más largas se encuentran partidas en párrafos, a menudo con “viñetas” en el margen izquierdo. No hay evidencia de signos de puntuación.

El texto es fluido, como si el escriba entendiera lo que estaba escribiendo mientras lo hacía; el manuscrito no da la impresión de que cada carácter haya tenido que ser calculado antes de ser escrito en la página.

El texto consiste de más de 170.000 glifos, normalmente separados unos de otros por pequeños espacios. La mayoría de los glifos están escritos con uno o dos trazos simples. Considerando que existen disputas sobre si ciertos glifos son distintos o no, se calcula que el alfabeto entero consta de entre 20 y 30 glifos totales para casi todo el texto, con raras excepciones de algunas docenas de caracteres “extraños”, encontrados una o dos veces en todo el texto.

Los espacios más anchos dividen el texto en alrededor de 35.000 “palabras” de longitud variada. Estas parecen seguir una cierta fonética o reglas ortográficas de cierto tipo; por ejemplo, algunos caracteres deben aparecer en cada palabra (como las vocales en el castellano), algunos caracteres nunca siguen a otros, algunos pueden ser dobles pero otros no.

El análisis estadístico del texto reveló patrones similares a los de lenguas naturales. Por ejemplo, la frecuencia de palabras sigue la Ley de Zipf y la entropía (alrededor de 10 bits por palabra) es similar a aquella de textos en latín. Algunas palabras aparecen exclusivamente en ciertas secciones, o sólo en algunas páginas; otras son frecuentes en todo el manuscrito. Existen muy pocas repeticiones entre las miles de “leyendas” adjuntas a las ilustraciones. En la sección herbario, la primera palabra de cada página aparece solamente en esa página, pudiendo representar el nombre de la planta.

Por otro lado, el “idioma” del manuscrito Voynich, el voynichés, es distinto de los idiomas europeos en varios aspectos. En particular no existen palabras con más de 10 “letras”. Además, la distribución de letras dentro de una palabra es algo peculiar: algunos caracteres aparecen solamente al principio de una palabra, otros solamente al final y algunos siempre en el medio, esta característica es muy particular en lenguas como la árabe, donde la misma letra se representa de diferentes formas, dependiendo de donde esté ubicada en la palabra, de esta manera se escribe diferente al inicio, en el centro o al final, lo que presume que podríamos estar frente a un alfabeto más reducido, en el entendido de que estamos mirando como un símbolo distinto lo que podría ser el mismo.

El texto parece ser más repetitivo que los típicos idiomas europeos; existen secuencias en las cuales la misma palabra común aparece hasta tres veces consecutivas.

Dado que el alfabeto del manuscrito Voynich no se asemeja a ningún tipo de escritura conocida, y que el texto continúa sin ser descifrado, la única evidencia práctica de la edad y origen del libro son sus ilustraciones. En especial los atuendos y peinados de las figuras humanas y algunos castillos vistos en los diagramas. Todo es característicamente europeo y, basándose en esta evidencia, la mayoría de los expertos fechan el libro entre los años 1450 y 1520. Esta estimación es apoyada por otras pistas secundarias.

Se atribuye a los primeros propietarios reales del manuscrito la creencia de que su autor fue Roger Bacon (1214-1294). El manuscrito presenta notables parecidos con una obra del autor inglés Anthony Ascham, “A Little Herbal” (Un pequeño herbario), publicada en 1550.

Roger Bacon es considerado por algunos como el autor del Manuscrito Voynich, debido a sus estudios en los campos de la Alquimia, Astrología y lenguas. A Bacon también se le atribuye el manual de Alquimia Speculum Alchemiae.

Los primeros propietarios teóricos del manuscrito habrían sido Rodolfo II de Bohemia (1552-1612) (nieto de Carlos I de España) y Jacobus Horcicky de Tepenecz (que lo habría poseído entre 1612 y 1622), quien a su vez se lo habría pasado a Georgius Barschius (quien en teoría lo habría tenido entre 1622-1665). De este último personaje no se tienen noticias más que por unas cartas que posiblemente escribió Johannes Marcus Marci (poseedor del libro en 1665), dirigidas a Athanasius Kircher. Quizá emulando al orientalista Andreas Mueller, que había conseguido estafar a Kircher con un texto fraudulento, y con la colaboración de Raphael Missowsky, habría escrito el manuscrito y creado toda la representación anterior.

Permanecería en manos de Athanasius Kircher desde 1665 hasta 1680, sin que pudiera descifrarlo, pasando a la biblioteca del Collegio Romano (actualmente la Universidad Pontificia Gregoriana) hasta 1912, momento en el que lo compraría Wilfrid M. Voynich (entre 1912 y 1930) para pasar posteriormente a su viuda, Ethel Boole Voynich (entre 1930 y 1961), a Hans Peter Kraus (entre 1961 y 1969), el cual lo cedió a la Universidad de Yale.

El primer dueño confirmado del manuscrito fue un cierto Georgius Barschius, un oscuro alquimista que vivió en Praga a comienzos del siglo XVII. Aparentemente Barschius se encontraba tan confundido con respecto al libro como nos encontramos en la actualidad. Tras enterarse de que Athanasius Kircher, un erudito jesuita del Collegio Romano, había publicado un diccionario de copto (etíope) y “descifrado” los jeroglíficos egipcios, envió una muestra del manuscrito Voynich a Kircher en dos ocasiones, pidiéndole pistas. Su carta a Kircher en 1639, recientemente hallada por René Zandbergen, es la mención más antigua del manuscrito hallada hasta la fecha.

Se desconoce si Kircher respondió al pedido, pero aparentemente se encontraba lo suficientemente interesado como para intentar adquirir el libro, que Barschius rehusó vender. Tras la muerte de Barschius el manuscrito pasó a manos de su amigo Johannes Marcus Marci, en aquel entonces rector de la Universidad Carolina de Praga, quien rápidamente envió el libro a Kircher, su amigo corresponsal. La carta de Marci (1665) se encuentra aún adjunta al manuscrito. En esta carta le ofrece el manuscrito para su descifrado y menciona que fue adquirido por el emperador Rodolfo II de Bohemia (1552-1612) por 600 ducados de oro. La carta menciona luego que en la corte de Rodolfo II se creía que el autor del manuscrito era Roger Bacon (el fraile franciscano que vivió entre 1214 y 1294).

No se encuentran menciones del libro en los dos siglos siguientes, aunque muy probablemente lo conservaron, junto con la correspondencia de Kircher, en la biblioteca del Collegio Romano (actualmente la Universidad Pontificia Gregoriana). Allí permaneció probablemente hasta que las tropas de Víctor Manuel II de Italia conquistaron la ciudad en 1870, anexionando los Estados Pontificios al nuevo Estado italiano. El nuevo Gobierno italiano decidió confiscar muchas de las propiedades de la Iglesia, incluida la biblioteca del Collegio. De acuerdo con las investigaciones de Xavier Ceccaldi y otros, justo después de este acontecimiento se transfirieron precipitadamente muchos de los libros de la biblioteca de la universidad a las bibliotecas personales de su facultad, donde quedaban a salvo de la confiscación. La correspondencia de Kircher, incluyendo el manuscrito, se encontraba entre estos libros.

Parece ser que alrededor del año 1912 el Collegio Romano se encontraba en una situación económica precaria y decidió vender, discretamente, algunas de sus propiedades. Así fue cómo Wilfrid Voynich adquirió 30 manuscritos, entre ellos el que nos ocupa. Treinta años después de la muerte de Voynich, en el año 1961, su viuda vendió el libro a otro marchante de libros antiguos, llamado H. P. Kraus. Como no pudo encontrar un comprador, Kraus donó el manuscrito a la Universidad de Yale en 1969.

La hipótesis de la autoría de Roger Bacon condujo a Voynich a concluir que la única persona que pudo vender el manuscrito a Rodolfo fue John Dee, un matemático y astrólogo de la Corte de Isabel I de Inglaterra, y conocido por ser propietario de una gran colección de manuscritos de Bacon. Dee y su scrier (ayudante “medium”) Edward Kelley vivieron varios años en Bohemia, donde habían esperado ofrecer sus servicios al Emperador. Sin embargo, los minuciosos diarios de Dee no mencionan esta venta, lo que la hace bastante improbable. De todas formas, si el autor no fuera Bacon, la relación de Dee con el manuscrito simplemente desaparece. Por otra parte, el propio Dee lo podría haber escrito, y luego propagó el rumor de que era una obra original de Bacon, con la esperanza de venderlo posteriormente.

File:Enochian alphabet.png

El alfabeto “enoquiano”, de acuerdo a los diarios de John Dee.

El compañero de Dee en Praga, Edward Kelly, o Kelley, era un extravagante alquimista, que presumía de poder transmutar el cobre en oro gracias a un polvo secreto que había extraído de la tumba de un obispo en Gales. Como scrier de Dee, también afirmaba ser capaz de invocar a los ángeles con una bola de cristal, y mantener largas conversaciones con ellos, que Dee anotaba escrupulosamente. Al lenguaje de los ángeles lo llamaba “enoquiano”, derivado de Enoc, el padre de Matusalén; según el apócrifo “Libro de Enoc”, Enoc fue llevado a visitar el Cielo en un carro tirado por ángeles, y luego escribió un libro acerca de lo que allí vio. Algunos han sugerido que, igual que Kelley inventó el “enoquiano” para engañar a Dee, podría haber creado el manuscrito Voynich para estafar al Emperador (quien además pagaba a Kelley por sus presuntos conocimientos alquímicos). Sin embargo, si Roger Bacon no es el autor del manuscrito, la relación de Kelley con el mismo es tan improbable como la de Dee.

Se ha sospechado en muchas ocasiones que el propio Voynich elaboró el manuscrito. Como anticuario de libros, seguramente tenía los conocimientos y medios necesarios, y un “libro perdido” de Roger Bacon habría valido una fortuna. Sin embargo, el reciente descubrimiento de la carta de Baresh (Georgius Barschius) a Kircher ha eliminado completamente esta posibilidad, salvo que Voynich hubiese “quitado” la carta del libro original que la contenía y hubiese falsificado un libro nuevo basándose en el contenido de dicha carta.

Una reproducción fotostática de la primera página del manuscrito Voynich, hecha por Voynich en algún momento anterior a 1921, mostraba el rastro débil de unas palabras que habían sido borradas. Con la ayuda de algunos productos químicos, se pudo leer que el texto decía “Jacobj `a Tepenece”: es decir, Jakub Horcicky de Tepenec, en latín Jacobus Sinapius, un especialista en hierbas medicinales, médico personal de Rodolfo II y encargado de sus jardines botánicos. Voynich, y muchos otros después, dedujeron de esta “firma” que Jacobus poseía el manuscrito Voynich antes que Baresh, y vio en ello una confirmación de la historia de Raphael. Otros han sugerido que el propio Jacobus pudo ser el autor.

Sin embargo, la caligrafía de las palabras difuminadas no coincide con la de la firma de Jacobus, que aparece en un documento recientemente localizado por Jan Hurich. Por ello es posible que la escritura de la primera página fuera añadida posteriormente por un dueño o librero, y sería sólo la hipótesis de esta persona acerca del autor del manuscrito. En los libros de historia de los jesuitas de los que disponía Kircher, Jacobus era el único alquimista o médico de la corte de Rodolfo que merece una entrada de una página completa mientras que, por ejemplo, apenas si mencionan a Tycho Brahe. Además los productos químicos aplicados por Voynich han deteriorado tanto el pergamino que actualmente apenas si se puede ver rastro de la escritura, así que también existe la sospecha de que la firma fuera falsificada por Voynich para contribuir al fortalecimiento de la hipótesis de la autoría de Roger Bacon.

Johannes Marcus Marci conoció a Kircher cuando encabezaba una delegación de la Universidad Carolina de Praga a Roma en 1638, y en los 27 años siguientes los dos eruditos intercambiaron correspondencia sobre una gran variedad de disciplinas científicas. La misión de Marci formaba parte de la lucha continua de la facción secularista de la Universidad para mantener su independencia respecto a los jesuitas, quienes dirigían el Colegio Clementinum de Praga, rival de la Universidad. A pesar de esos esfuerzos, las dos universidades se fusionaron en 1654 bajo control de los jesuitas. Por tanto, se ha especulado que la animosidad política contra los jesuitas llevó a Marci a “fabricar” la carta de Baresch, y más tarde el manuscrito Voynich, en un intento de desacreditar a su “estrella” Kircher.

La personalidad y conocimientos de Marci parecen adecuados para llevar a cabo esta tarea, y Kircher, un “Doctor Sabelotodo”, era una presa fácil, pues se le recuerda más por sus errores espectaculares que por logros genuinos. Incluso la carta de Baresch guarda cierto parecido con un fraude que el orientalista Andreas Mueller hizo al propio Kircher: Mueller elaboró un manuscrito ininteligible y se lo envió a Kircher, con una nota adjunta que explicaba que procedía de Egipto. Pidió a Kircher una traducción, y se sabe que Kircher hizo una inmediatamente.

Merece la pena señalar que las únicas pruebas de la existencia de Georg Baresch son tres cartas enviadas a Kircher: una remitida por Baresch (1639) y dos por Marci (como un año después). También es curioso que la correspondencia entre Marci y Kircher acaba en 1665, precisamente con la carta adjunta al manuscrito Voynich. Sin embargo, el resentimiento secreto de Marci contra los jesuitas es pura conjetura: era un católico devoto, él mismo había estudiado para hacerse jesuita, y poco después de su muerte en 1667 le fue concedida la pertenencia honorífica a la Orden.

 

Raphael Missowsky, amigo de Marci al que se atribuye la historia de Bacon, era criptógrafo entre otras muchas cosas, y parece que inventó un cifrado presuntamente indescifrable. Esto ha llevado a la hipótesis de que elaboró el manuscrito Voynich como una demostración práctica de dicho cifrado, y convirtió al pobre Baresh en un involuntario conejillo de Indias. La hipótesis sigue con que después de que Kircher publicase su libro sobre el copto, Raphael pensó que engañar a éste sería un trofeo mucho más jugoso que engañar a Baresch, y convenció al alquimista para que pidiera ayuda al jesuita. Habría inventado la historia de Roger Bacon para motivar más a Barech. El hecho de que se abstuviera de dar su opinión en la carta adjunta al manuscrito Voynich puede significar que Marci sospechaba que era una mentira. Sin embargo, no hay pruebas definitivas de esta teoría.

El doctor Leonell Strong, investigador del cáncer y criptógrafo aficionado, intentó descifrar el manuscrito Voynich. Strong dijo que la solución era “un peculiar sistema doble de progresiones aritméticas de un alfabeto múltiple”. Strong defendía que el texto revelaba que el autor del manuscrito Voynich era el autor inglés del siglo XVI Anthony Ascham, cuya obra incluía A Little Herbal (“Un pequeño herbario”), publicado en 1550. Aunque el manuscrito Voynich contiene secciones parecidas al herbario, el principal argumento contra esta hipótesis es que se desconoce dónde habría obtenido este autor los conocimientos literarios y criptográficos necesarios.

Antonio Averlino a mediados del siglo XV se trasladó a Milán, llamado por el propio Francesco Sforza, para el cual construyó el Ospedale Maggiore (alrededor de 1456). Las teorías a favor de Filarete como autor del código Voynich (o implicado en su redacción) se basan en varios detalles. A saber: que en una parte del Manuscrito se representa lo que podría ser el sistema de circulación de agua basado en cañerías de terracota, utilizado por Filarete en el Ospedale Maggiore; que la fortaleza que aparece en su representación de una ciudad circular coincide con el castillo Sforza, en cuya ampliación también estuvo implicado (aparte de ser autor de un tratado sobre un modelo de ciudad ideal) y, por último, que el propio Filarete era aficionado a los códigos, llegando a incluir en ocasiones anagramas en los textos que escribía. Además, se apunta a que Filarete, tras perder el favor de los Sforza, se encontraba en una situación complicada para continuar desarrollando su profesión. Unido a la relación de amistad que tenía con otros hombres de ciencia que trabajaban para el Imperio Otomano (potencia rival de Milán en el Mediterráneo), el Manuscrito Voynich podría ser una forma de llevarse sus secretos (algunos de los cuales suponían la muerte si las autoridades lo descubrían).

 

Teorías acerca de su autoría y propósito

 

La impresión general que proporcionan las páginas que nos han llegado del manuscrito sugieren que su propósito era servir como una farmacopea o desarrollar temas comunes en la medicina medieval o renacentista. Sin embargo, los detalles intrigantes de las ilustraciones han alimentado muchas teorías acerca del origen del libro, su contenido, y los fines para los que fue concebido. Nuevas corrientes de estudio han relacionado algunas de las ilustraciones con secretos de los gremios de artesanos de Milán (farmacopea de venenos, producción de cristal, etc…), los cuales estaban protegidos tradicionalmente hasta el punto de que su transmisión a potencias extranjeras suponía graves castigos.

Herbario

La primera sección del libro es casi seguro un herbario, pero han fracasado completamente todos los intentos para identificar las plantas, ya sea con especies existentes o con los dibujos estilizados de los herbarios contemporáneos. Sólo se pueden identificar con alguna certidumbre un par de plantas, entre las que se incluyen el pensamiento silvestre y el helecho “culantrillo” o “cabello de Venus”. Los dibujos del herbario que se asemejan a los bocetos “farmacológicos” parecen ser “copias en limpio” de éstos, salvo que se completaron las partes que faltaban con detalles inverosímiles. De hecho, muchas de las plantas parecen ser compuestas (jocosamente se les ha llamado “frankenplantas”): se juntan las raíces de una especie con las hojas de otra y las flores de una tercera; en ocasiones las raíces han sido adornadas con “ojos”, zarpas o incluso garras: se desconoce qué significan estos adornos (salvo que fuesen claves o pistas visuales de algún tipo).

Girasoles

Brumbaugh cree que una ilustración representa un girasol del Nuevo Mundo, lo que ayudaría a fechar el manuscrito y abriría posibilidades intrigantes acerca de su origen. Sin embargo, la semejanza es escasa, sobre todo si se la compara con la especie silvestre original; y puesto que se desconoce la escala del dibujo, la planta podría representar un ejemplar de una amplia familia botánica, compuesta por muchas especies (margarita, camomila,…) y extendida por todo el mundo.

Ricinus communis

Otra de las posibles especies que se distinguiría en las hojas y en los frutos es la planta Ricinus communis.

Alquimia

Los recipientes y tubos de la sección “biológica” podrían indicar una relación con la alquimia, lo que sería relevante si el libro contuviera instrucciones para la preparación de compuestos médicos. Sin embargo los libros alquímicos del periodo comparten un lenguaje visual común, en el que se representan los procesos e ingredientes por medio de imágenes específicas (el águila, el sapo, un hombre en una tumba, una pareja en la cama, el sol, etc.) o símbolos textuales convencionales (un círculo con una cruz, etc.); no se identifica ninguno de ellos en el manuscrito.

Herbario alquímico

Sergio Toresella, experto en herbarios antiguos, señaló que el manuscrito Voynich podría ser un herbario alquímico, que de hecho no tiene nada que ver con la alquimia. Se trata de un herbario ficticio con dibujos inventados, con el que los curanderos cargaban para impresionar a sus clientes. Parece que existió una pequeña industria doméstica de tales libros en alguna parte de Italia Septentrional, justo en esa época. Sin embargo, esos libros eran muy diferentes del manuscrito Voynich en estilo y diseño, y siempre estaban escritos en lenguaje normal.

Herbario astrológico

Las consideraciones astrológicas siempre tuvieron un papel importante en la recolección de hierbas medicinales, sangrías y otros procedimientos médicos comunes en la época más probable de elaboración del manuscrito (ver, por ejemplo, los libros de Nicholas Culpeper). Sin embargo, aparte de los obvios signos zodiacales, y un diagrama que parece mostrar los planetas clásicos, nadie ha sido capaz de interpretar las ilustraciones dentro de las tradiciones astrológicas conocidas (sean europeas o de otros lugares).

Microscopios y telescopios

Un dibujo circular en la sección “astronómica” (folio 68 vuelto, sección 3) representa un objeto de forma irregular con ocho brazos curvados y estrellas amarillas y azules en su interior; algunos lo han interpretado como el dibujo de una galaxia, que sólo se puede observar con un telescopio e incluso se ha insinuado que el propio Roger Bacon pudo fabricar uno con un espejo cóncavo: sin embargo incluso con los mayores telescopios actuales ninguna galaxia presenta ese aspecto salvo que se utilice la fotografía; la Galaxia de Andrómeda aparece bastante de canto y no de frente como la que se aprecia en el manuscrito.
El parecido es muy discutible: en una inspección ocular el centro de la “galaxia” se asemeja más bien a un estanque de agua mientras que los presuntos brazos son líneas espirales con texto, no con estrellas amarillas o azules.

Se han interpretado otros dibujos como células vistas a través del microscopio: ello implicaría un origen moderno del manuscrito (siglo XVII), más que medieval.

Energía nuclear

Jacques Bergier, en su obra Les livres maudits (editorial J’ ai Lu, París, 1971), traducida al español como Los libros condenados (Plaza & Janés, 1973), propone una interesante y casi horripilante hipótesis: el autor del Manuscrito Voynich poseía conocimientos extraordinariamente avanzados y demasiado peligrosos para el mundo moderno, por ejemplo el secreto de las estrellas novas, por lo cual los ocultó para evitar nuestra propia autodestrucción.

No hay pruebas de tales conocimientos avanzadísimos en el manuscrito, salvo algunos diseños “astronómicos” (por ejemplo estrellas que parecen “explotar” en los folios 68 anverso y 69 reverso, aunque pueden representar cualquier otra cosa): de todos modos es altamente improbable que Voynich en 1912, por no mencionar al dúo mágico-alquimista Dee-Kelley (hacia 1585) o incluso el propio Roger Bacon supiese qué es la energía nuclear, cómo manipularla o liberarla de modo artificial.5 6 7

Autores múltiples

Prescott Currier, un criptógrafo de la Marina de los Estados Unidos, que trabajó con el manuscrito en los 70, observó que se podían separar las páginas de la sección “herbario” en dos conjuntos, las manos A y B, con propiedades estadísticas distintas y caligrafías diversas. Concluyó que el manuscrito Voynich era la obra de dos o más autores con diferentes dialectos y convenciones ortográficas. Sin embargo, estudios recientes han puesto en duda esta conclusión. Un experto en caligrafía que examinó el libro opinó que una sola mano había redactado el manuscrito entero. Además, cuando se examinan todas las secciones, se ve una transición más gradual, con el herbario A y el herbario B en los extremos opuestos. Así, las observaciones de Prescott podrían ser tan sólo la consecuencia de que las secciones del herbario hubieran sido escritas en dos épocas muy separadas en el tiempo; también cabe la posibilidad de que el manuscrito actual haya sido cosido a partir de secciones que, originalmente, tenían otra disposición.

Teorías acerca de la lengua

Se han propuesto muchas hipótesis acerca de la naturaleza de la lengua del manuscrito Voynich. Sigue una lista no exhaustiva:

Cifrado de letras

Según esta teoría, el manuscrito Voynich contiene texto con significado en alguna lengua europea, que se hizo oscuro a propósito convirtiendo las letras mediante algún sistema de cifrado: un algoritmo que operaba sobre letras individuales. Al parecer, se han reconocido algunos símbolos que apuntarían a que el código utilizado coincidiría con la clave de cifrado de la cancillería Milanesa en el siglo XV.

Ha sido la hipótesis de trabajo en la mayoría de los intentos de desciframiento durante el siglo XX, incluido un equipo de criptógrafos de la NSA (Agencia de Seguridad Nacional de EE. UU.) dirigido por William F. Friedman, a principios de los años cincuenta. Primero agrupó el First Study Group (1944-1946) y luego el Second Study Group. Se descartaron los cifrados de sustitución simple, porque son muy fáciles de descifrar. Por eso los esfuerzos se han dirigido en general hacia los cifrados polialfabéticos, inventados por León Alberti hacia 1460. Este tipo incluye el popular cifrado de Vigenère, tal vez reforzado por el uso de símbolos vacíos o equivalentes, reordenación de letras, rupturas falsas de palabras, etc. Algunos autores suponen que se eliminaron las vocales antes del cifrado. Algunos han pretendido el éxito en el desciframiento siguiendo estos supuestos; pero ninguno ha logrado amplia aceptación, principalmente porque los algoritmos de desciframiento propuestos dependen de tantas suposiciones por parte del lector, que se podría obtener un texto con significado de cualquier serie aleatoria de símbolos.

El principal argumento para esta teoría es que el uso de un alfabeto extraño por parte de un autor europeo no es muy explicable, salvo como un intento de ocultar información. Lo cierto es que Roger Bacon sabía de cifrados, y la fecha estimada para el manuscrito apenas coincide con el nacimiento de la criptografía como disciplina sistemática. Contra esta teoría está el argumento de que un cifrado polialfabético normalmente destruiría las características estadísticas “naturales” que se observan en el manuscrito, tales como la Ley de Zipf. Además, aunque los cifrados polialfabéticos se inventaron hacia 1467, las variantes sólo se hicieron populares en el siglo XVI, un poco tarde para la fecha estimada del manuscrito.

Cifrado con libro de códigos

Según esta teoría, las “palabras” del manuscrito Voynich en realidad serían códigos para consultar en un diccionario o libro de códigos. La prueba principal de este aserto sería que la estructura interna y la distribución de la longitud de esas palabras son similares a las de los números romanos (en ese tiempo habría sido un código natural que elegir). Sin embargo, los cifrados basados en libros de códigos sólo son viables en textos cortos, pues son muy engorrosos de leer y escribir.

Cifrado visual

James Finn propuso en su libro Pandora’s hope (La esperanza de Pandora, 2004) que el manuscrito Voynich es en realidad hebreo codificado visualmente. Una vez que se han trascrito correctamente las letras, usando como guía el E.V.A., se pueden leer muchas de las palabras del manuscrito en hebreo, y se repiten con diversas deformaciones para confundir al lector. Por ejemplo, la palabra AIN del manuscrito significa “ojo” en hebreo, y también aparece con formas distorsionadas como “AIIN” o “AIIIN” para hacerlas parecer palabras diferentes cuando en realidad son la misma. También se utilizan otros métodos de criptografía visual. Esto explicaría el fracaso que los demás investigadores han tenido al descifrar el manuscrito, porque se basan más en una metodología matemática. El principal argumento en contra es que tal codificación cualitativa constituye un obstáculo formidable para el talento del descifrador individual, dada la multiplicidad de posibles interpretaciones visuales alternativas del mismo texto. Sería difícil separar cuánta interpretación es del texto genuino, y cuánta refleja simplemente la subjetividad del intérprete.

Esteganografía

Esta teoría mantiene que el texto del manuscrito Voynich carece en su mayor parte de significado, pero contiene la información oculta en detalles discretos: por ejemplo, la segunda letra de cada palabra, o el número de letras en cada línea. Esta técnica, llamada esteganografía (en griego, “escritura encubierta”) es muy antigua, y la describió, entre otros, el abad Johannes Tritemius en 1499. Se ha sugerido que el texto traducido ha de ser obtenido mediante una rejilla de Cardano de algún tipo. Esta teoría es difícil de probar o rechazar, puesto que los textos esteganográficos pueden ser arbitrariamente difíciles de transcribir. Un argumento en contra es que usar un texto que aparenta estar cifrado va en contra del principal objetivo de la esteganografía, que es ocultar la propia “existencia” del mensaje secreto.

Algunos han sugerido que el texto con significado podría estar codificado en la longitud o forma de ciertos rasgos de la escritura. Hay ejemplos de esteganografía de aproximadamente esa época, que usan el tipo de letra (por ejemplo regular frente a cursiva) para ocultar información. Sin embargo, cuando se examina con un gran aumento, los rasgos de escritura del manuscrito Voynich tienen un aspecto natural y aparecen afectados principalmente por la superficie rugosa del pergamino.

Lenguaje natural exótico

El lingüista Jaques Guy ha sugerido que el texto del manuscrito Voynich podría estar expresado en una lengua natural exótica, aunque escrito con un alfabeto inventado. Ciertamente, la estructura de palabras es similar a la de muchas familias lingüísticas de Asia Oriental y Central, principalmente la sino-tibetana (chino, tibetano y birmano), la austroasiática (vietnamita, jemer,…) y tal vez la tai (tailandés, lao,… ). En muchas de estas lenguas, las “palabras” (es decir, las unidades lingüísticas más pequeñas con un significado definido) constan de una sola sílaba; y esas sílabas tienen una estructura bastante rica, incluidos patrones tonales.

Esta teoría goza de cierta plausibilidad histórica. Aunque esas lenguas disponen en general de sistemas de escritura propios, éstos suelen ser notablemente difíciles para los visitantes occidentales, lo que motivó la invención de varios alfabetos fonéticos, habitualmente usando letras latinas, pero a veces se emplearon letras inventadas. Aunque los ejemplos conocidos son muy posteriores al manuscrito Voynich, la historia registra cientos de exploradores y misioneros que lo podrían haber hecho (incluso antes del famoso viaje de Marco Polo en el siglo XIII), pero especialmente después de que Vasco de Gama descubriese la vía marítima a Extremo Oriente en 1499. El autor del manuscrito Voynich podría ser también un nativo del Lejano Oriente que vívía en Europa, o bien se educó en una misión europea.

El principal argumento a favor de esta teoría es que es consistente con todas las propiedades estadísticas del texto del manuscrito Voynich que han sido comprobadas a la fecha, incluyendo las palabras dobladas y triplicadas que aparecen en los textos escritos en chino y vietnamita con la misma frecuencia aproximada que en el manuscrito. También explica la aparente falta de números y de características sintácticas occidentales (tales como artículos y cópulas), y la inescrutabilidad general de las ilustraciones. Otra posible pista la constituyen dos grandes símbolos rojos en la primera página, que han sido comparados con el título de un libro de estilo chino, dado la vuelta y pobremente reproducido. Además, la aparente división del año en 360 grados (en lugar de 365 días), en grupos de 15 y comenzando en Piscis, son rasgos propios del calendario agrícola chino (jie q’i). El principal argumento en contra de esta teoría es que nadie (incluidos los eruditos de la Academia de Ciencias de Pekín) ha podido encontrar ningún ejemplo claro de simbolismo oriental o de ciencia asiática en las ilustraciones.

A finales de 2003, el polaco Zbigniew Banasik propuso que el manuscrito es texto redactado en idioma manchú, y dio una traducción incompleta de la primera página del manuscrito.

Lengua políglota

En el libro Solution of the Voynich Manuscript: A liturgical Manual for the Endura Rite of the Cathari Heresy, the Cult of Isis (“La solución al manuscrito Voynich: un manual litúrgico del rito de Endura en la herejía cátara, el culto a Isis“, 1987), Leo Levitov afirmó que el manuscrito era una transcripción sencilla de una “lengua oral políglota”, que definió como “una lengua literaria comprensible para aquellos que no entendieran el latín, a quienes se les podría leer en esta lengua”. Propuso un desciframiento parcial en una mezcla de lengua flamenca medieval con muchos préstamos lingüísticos del francés antiguo y antiguo alto alemán.

Según Levitov, el rito de Endura no era sino un ritual de suicidio asistido, asociado con la fe cátara (aunque la historicidad de este ritual está puesta en duda). Explica que las plantas quiméricas no están destinadas a representar ninguna especie botánica, sino que son símbolos secretos de la fe. Las mujeres en las tinas junto a la red de tuberías representan el propio suicidio ritual, que incluiría la venesección: cortarse las venas para que la sangre se derramase en un bañera con agua caliente. Las constelaciones sin análogo celestial representan las estrellas del manto de Isis.

Se cuestiona esta hipótesis en varios frentes. Uno es que se sabe muy bien que la fe cátara era un gnosticismo cristiano, y no se asociaba de ninguna forma con Isis. Otro es que esta teoría sitúa el origen del libro en los siglos XII o XIII, con lo que sería considerablemente más antiguo que lo que incluso los partidarios de la teoría de Roger Bacon defienden. Levitov no ofreció ninguna defensa frente a este argumento, más allá de su traducción.

Lengua artificial

La peculiar estructura interna de las “palabras” del manuscrito Voynich ha llevado a William F. Friedman y John Tiltman a postular por separado que el texto podría ser simplemente una lengua artificial, y más específicamente, una lengua filosófica. Las lenguas de este tipo tienen un vocabulario organizado según un sistema de categorías, por lo que se puede deducir el significado general de una palabra por la secuencia de las letras que la componen. Por ejemplo, en la lengua artificial moderna Ro, bojo es la categoría de los colores, y cualquier palabra que comience con esas letras sería el nombre de un color: así rojo es bofoc, y amarillo es bofof (es, pues, una versión extrema de la Clasificación Decimal Universal que se usa en las bibliotecas).

Este concepto es bastante antiguo, como lo prueba el libro Philosophical Language (“Lengua Filosófica”) de John Wilkins. En los ejemplos más conocidos, las categorías se subdividen añadiendo sufijos; como resultado, un texto sobre una materia concreta tendría muchas palabras con prefijos similares. Por ejemplo, todos los nombres de plantas empezarían con letras similares, y análogamente con todas las enfermedades, etc. Esta característica podría entonces explicar la naturaleza repetitiva del texto Voynich.

 

Dos Lenguas a la vez?

Pero todavía podemos hacer más conjeturas. Los pergaminos en ocasiones son lavados y reutilizados. Esta es una manera utilizada por los falsificadores modernos para crear un documento que burle la datación por radiocarbono. Pero al hacerlo deja huellas químicas. Sabemos que el manuscrito Voynich fue la primera aplicación de la tinta de su pergamino. Y parece poco probable que el pergamino hubiese estado sin escribir por décadas o siglos esperando que alguien lo utilizase para realizar una falsificación. Combinado con el hecho de que no tenemos ninguna razón para dudar de la historia de la propiedad del libro tal como se indica en la carta de Marci, podemos estar bastante seguros de que el libro fue escrito casi al mismo tiempo que se hizo el pergamino. Así que echemos un vistazo a otras propiedades del libro para ver lo que podemos aprender.
Esto es importante. No hay correcciones en el libro. Asimismo, no hay lugares donde el texto se ha comprimido para que quepa en la página. Esto sería muy improbable si se tratara de un manuscrito original, en el que con seguridad se habrían esperado ese tipo de errores de menor importancia, al menos en una primera edición. Entonces, ¿cómo se explica esto? Hay una serie de posibles explicaciones, pero dos de ellas son las más probables.
La primera es que el libro sea una copia, tal vez de algo escrito por Roger Bacon. Si un escriba tiene un original para trabajar, puede ver cuántas palabras contiene y planificar la escritura para que quepan en la página. Y si copia con cuidado no necesitará correcciones. La teoría de la copia es también compatible con otras características, como que parece haber sido escrito solo por una o dos personas. Pero si se trata de una copia, nos deja con más dudas sobre su contenido. Por qué alguien querría tomarse la molestia de hacer un buen ejemplar de un libro que no dice nada.
La segunda teoría que explica el aspecto aseado del libro es quizás más reveladora. El texto podría ser una completa tontería, escrito por el escriba tal como está. No habría necesidad de correcciones. No habría necesidad de comprimir la escritura porque se quedase sin espacio.
La teoría de que se trate de un “completo disparate” también tiene pegas. Si no tiene sentido, es una tontería muy buena. Es casi demasiado buena como para que se trate del trabajo de un aficionado. Se han realizado exhaustivos análisis por ordenador del texto por muchos investigadores diferentes, usando diferentes técnicas. No solo para tratar de traducirlo (todos los intentos fracasaron), sino también para comparar su lenguaje con los idiomas actuales. La frecuencia de las letras, las longitudes de la palabras y su frecuencia son muy similares a las de las lenguas reales. Pero no se ajusta exactamente con los de ninguna otra lengua real. Es especulación, pero podría ser que un monje o profesional hubiese escrito el libro teniendo en mente todas estas consideraciones, dándole un aspecto realista, pero parece menos probable que un aficionado o un profesional de un campo diferente pudiera escribir un galimatías tan bueno.
Pero las pistas que indican que hay un significado en el texto no terminan aquí. Los patrones sobre el uso de las palabras y su interrelación también se diferencian en cada una de las 6 secciones del libro, como si las secciones tratasen en realidad acerca de temas diferentes. Las páginas de cada sección son más similares entre sí de lo que lo son con páginas de otras secciones.
Un análisis más amplio de esto lleva a otro punto interesante. Un conocido análisis hecho en la década de los 70 por la Marina de los EE.UU. (en concreto por el criptógrafo Prescott Currier) encontró que el manuscrito Voynich está escrito en dos idiomas distintos. Él usó el término lenguajes, pero también advirtió que su observación podría estar relacionada con que la temática fuese completamente distinta, que se hubiesen utilizado dos esquemas de encriptación diferentes, o que se tratase de dos dialectos de un mismo idioma. Él los llamó Voynich-A y Voynich-B. Curiosamente, Voynich-A y Voynich-B son dos estilos diferentes de escritura, aunque ambos usan el mismo alfabeto. Cada página del libro está escrito íntegramente en A o B. Las secciones de biología y de las estrella del libro están escritos en Voynich-B, los otros están escritos en Voynich-A. La excepción es la sección primera y más grande, la de botánica, que contiene una combinación de los dos. Pero no están mezcladas. El libro está encuadernado en bifolios, que son grupos de páginas dobladas, que se apilan una encima de la otra para formar un libreto. Cada bifolio en el manuscrito Voynich está escrito íntegramente en un idioma u otro.

Terminaremos con la teoría que quizás es la que está más fundamentada en todo el conocimiento que tenemos sobre el libro. A principios del siglo XV, quizá un profesional (un médico, astrólogo o alquimista), quiso crear algo de material con aspecto de contener sabiduría que demostrase que el propietario tenía conocimientos genuinos de Oriente. Quizá contrató a un monje o escriba para producir un libro lleno de extraordinarias y curiosas ilustraciones de múltiples ciencias, escrito con un texto que nadie pudiese  leer, de tal manera que que él podría decir a sus clientes que era la fuente de la gran sabiduría oriental que atesoraba. El monje con la ayuda de otro  colega idearon un alfabeto y utilizaron su conocimiento de varios idiomas para elaborar un texto convincente pero sin sentido. Lo hicieron  tan bien que su propietario podría incluso haberlo utilizarlo para impresionar a sus colegas. Así, este profesional anónimo terminó con un material de marketing  impresionante, que era conceptualmente equivalente a la bata usada por un naturópata, el diagrama de energía en la pared de un gurú de yoga, o el doctorado  comprado en internet por quien todos sabemos.

Quizá algún día alguien encuentre algún significado en este manuscrito, pero hoy por hoy esta es la mejor de las teorías.

 

Sin embargo, nadie ha podido asignar un significado plausible a cualquier prefijo o sufijo del manuscrito, además de que todos los ejemplos conocidos de lenguas filosóficas son bastante tardíos (siglo XVII).

Actualmente el manuscrito Voynich se encuentra en la Biblioteca Beinecke de libros raros y manuscritos de la Universidad de Yale, catalogado como el ítem MS408.

Aqui os dejo el enlace para descargar el manuscrito completo, y el y Codex Seraphinianus, de regalo..

ENLACE:

http://letitbit.net/download/66472.6…iteia_.7z.html

Formato: PDF
240 páginas. Manuscrito Voynich

360 páginas. Codex Seraphinianus

Todas las páginas tienen ilustraciones.

A ver si teneis suerte y lo descifrais….

El Codex Seraphinianus es un libro escrito e ilustrado por el artista italiano, arquitecto y diseñador industrial Luigi Serafini durante treinta meses, entre 1976 y 1978. El libro es de aproximadamente 360 páginas (según la edición), y parece ser una enciclopedia visual de un mundo desconocido, escrito en una de sus lenguas, una escritura alfabética que tiene el propósito de parecer un sinsentido.

El Codex se divide en once capítulos, divididos en dos secciones. En la primera sección parece describir el mundo natural, que trata de la flora, la fauna, y la física. La segunda se refiere a las humanidades, los diversos aspectos de la vida humana: la historia, la ropa, la cocina, la arquitectura y así sucesivamente. Aparentemente cada capítulo está dedicado a un tema enciclopéLas ilustraciones son a menudo parodias surrealista de las cosas en nuestro mundo: una fruta sangrado, una planta que crece en aproximadamente la forma de una silla, una pareja que hace el amor y se transforma en un caimán, etc Otras son más extrañas; máquinas aparentemente sin sentido, a menudo con una apariencia delicada, que se mantienen unidas por pequeños filamentos. También hay ilustraciones fácilmente reconocibles, como mapas o rostros humanos. Por otro lado, sobre todo en el capítulo de la “física”, muchas imágenes se ven casi totalmente en abstracto. Prácticamente todas las figuras son de colores brillantes y ricas en detalles.dico general.

 

El idioma del códice ha desafiado análisis completo por los lingüistas desde hace décadas. El sistema numérico utilizado para la numeración de las páginas, sin embargo, se ha descifrado (aparentemente de forma independiente) por Allan C. Wechsler y el búlgaro Ivan lingüista Derzhanski,entre otros. Es una variación de la base 21. En una charla en la Sociedad de Bibliófilos de la Universidad de Oxford celebrada el 12 de mayo de 2009, Serafini declaró que no hay significado oculto detrás de la escritura del Codex, que su propia experiencia en la escritura era muy similar a la escritura automática, y que lo que él quería que su alfabeto para transmitir al “lector” es la sensación que tienen los niños al sentarse en frente de un libro que todavía no pueden entender, a pesar de que ven que su escritura tiene sentido para los adultos.

 

 

Rarito es un rato el codex….

Bueno que teneis tarea….

 

 

Publicado noviembre 22, 2012 por astroblogspain en Uncategorized

2 Respuestas a “El manuscrito Voynich

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  1. Se prepara un buen post de Marte, con ultimas noticias..

  2. Mi sugerencia para descifrar el Manuscrito Voynich es en el hecho de que cada una de sus páginas individuales codifica alguna otra información. El cifrado no es sólo una forma escrita. Voynich manuscrito – no es mi tarea, cifrado clásico escrito, sólo rebus simbólico – ideograma. http://gloriaolivae.pl/

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