Los misterios de Selene..   1 comment

La Luna es el único satélite natural de la Tierra y el quinto satélite más grande del Sistema Solar. Es el satélite natural más grande en el Sistema Solar en relación al tamaño de su planeta, un cuarto del diámetro de la Tierra y 1/81 de su masa, y es el segundo satélite más denso después de Ío. Se encuentra en relación síncrona con la Tierra, siempre mostrando la misma cara a la Tierra. El hemisferio visible está marcado con oscuros mares lunares de origen volcánico entre las brillantes montañas antiguas y los destacados astroblemas. A pesar de ser el objeto más brillante en el cielo después del Sol, su superficie es en realidad muy oscura, con una reflexión similar a la del carbón. Su prominencia en el cielo y su ciclo regular de fases han hecho de la Luna una importante influencia cultural desde la antigüedad tanto en el lenguaje, como en el calendario, el arte o la mitología. La influencia gravitatoria de la Luna produce las corrientes marinas, las mareas y el aumento de la duración del día. La distancia orbital de la Luna, cerca de treinta veces el diámetro de la Tierra, hace que tenga en el cielo el mismo tamaño que el Sol, permitiendo a la Luna cubrir exactamente al Sol en eclipses solares totales.

La Luna es el único cuerpo celeste en el que el hombre ha realizado un descenso tripulado. Aunque el programa Luna de la Unión Soviética fue el primero en alcanzar la Luna con una nave espacial no tripulada, el programa Apolo de Estados Unidos consiguió las únicas misiones tripuladas hasta la fecha, comenzando con la primera órbita lunar tripulada por el Apolo 8 en 1968, y seis alunizajes tripulados entre 1969 y 1972, siendo el primero el Apolo 11 en 1969. Estas misiones regresaron con más de 380 kg de roca lunar, que han permitido alcanzar una detallada comprensión geológica de los orígenes de la Luna (se cree que se formó hace 4,5 mil millones de años después de un gran impacto), la formación de su estructura interna y su posterior historia.

Desde la misión del Apolo 17 en 1972, ha sido visitada únicamente por sondas espaciales no tripuladas, en particular por los astromóviles soviéticos Lunojod. Desde 2004, Japón, China, India, Estados Unidos, y la Agencia Espacial Europea han enviado orbitadores. Estas naves espaciales han confirmado el descubrimiento de agua helada fijada al regolito lunar en cráteres que se encuentran en la zona de sombra permanente y están ubicados en los polos. Se han planeado futuras misiones tripuladas a la Luna, pero no se han puesto en marcha aún. La Luna se mantiene, bajo el tratado del espacio exterior, libre para la exploración de cualquier nación con fines pacíficos.

La Luna…en realidad es un quebradero de cabeza para los Astrónomos

Formación

Varios mecanismos han sido propuestos para explicar la formación de la Luna hace 4.527 ± 0.010 mil millones de años. Esta edad es calculada en base a la datación del isótopo de las rocas lunares, entre 30 y 50 millones de años luego del origen del Sistema Solar. Estos incluyen la fisión de la Luna desde la corteza terrestre a través de fuerzas centrífugas, que deberían haber requerido también un giro inicial de la Tierra; la atracción gravitacional de la Luna en estado de formación, que hubiera requerido una extensión inviable de la atmósfera para disipar la energía de la Luna, que se encontraba pasando; y la co-formación de la Luna y la Tierra juntas en el disco de acreción primordial, que no explica la depleción de hierro en estado metálico.Estas hipótesis tampoco pueden explicar el fuerte momento angular en el sistema Tierra-Luna.

La hipótesis general hoy en día es que el sistema Tierra-Luna se formó como resultado de un gran impacto: un cuerpo celeste del tamaño de Marte colisionó con la joven Tierra, volando material en órbita alrededor de esta, que se fusionó para formar la Luna. Se cree que impactos gigantescos eran comunes en el Sistema Solar primitivo.
 
 importante cantidad de energía liberada en el gran impacto y la subsecuente fusión del material en la órbita de la Tierra pudo haber derretido la capa superficial de la Tierra, formando un océano de magma. La recién formada Luna pudo también haber tenido su propio océano de magma lunar; las estimaciones de su profundidad varían entre 500 km y el radio entero de la Luna.Planeta dobleEs la denominación que algunos científicos dan al sistema Tierra-Luna debido al desmesurado tamaño que presenta el satélite con relación al planeta, de sólo 81 veces menor masa, es decir sólo 3,6 veces menor que la Tierra en diámetro (si el planeta fuese del tamaño de una pelota de baloncesto, la Luna sería como una pelota de tenis).

Esta afirmación se apoya en las relaciones existentes entre los distintos planetas del Sistema Solar y sus satélites, variando éstas entre las 3,6/1 veces menor de la Luna y las 8924/1 del satélite XIII Leda con relación a Júpiter.

Otras relaciones son: V Miranda 105/1 con relación a Urano, II Deimos 566/1 con relación a Marte, VI Titán 23/1 con relación a Saturno ó I Ío de 39/1 con relación a Júpiter.

También se apoya esta denominación en la inexistencia de más satélites naturales que orbiten a la Tierra, pues lo habitual es que no exista ninguno (caso de Mercurio o Venus) o que existan multitud de ellos como sucede en los planetas del tipo joviano.

Así, cuando se dice que la Tierra describe una elipse en torno al Sol, en realidad se debe decir que la órbita la describe el centro del sistema Tierra-Luna. Ambos astros, unidos por un eje invisible, forman algo así como una haltera disimétrica que gira en torno a su centro de gravedad.

Debido a que la masa de la Tierra es muy superior a la de la Luna, ese centro, denominado baricentro, que divide a la masa común en dos partes iguales, está situado en el interior del globo terrestre, a unos 4.683 km de su centro. Así, 26 veces al año, la Luna pasa alternativamente de uno al otro lado de la órbita terrestre.

De esas consideraciones, se desprende que los movimientos de la Luna son mucho más complejos de lo que se supone, siendo necesario para determinar con exactitud los movimientos reales de la Luna tener en cuenta nada menos que 1.475 irregularidades en los movimientos lunares diferentes y que incluyen las perturbaciones de su órbita debidas a la atracción ejercida por los demás astros del sistema solar, especialmente Venus (el más cercano) y Júpiter (el de mayor masa), así como entre otros la aceleración secular del movimiento de la Luna.

Órbita de la Luna

La Luna describe alrededor de la Tierra una elipse, por lo que la distancia entre los dos astros varía y también la velocidad en la órbita. Dado que la rotación lunar es uniforme y su traslación no, pues sigue las leyes de Kepler, se produce una Libración en longitud que permite ver un poco de la superficie lunar al Este y al Oeste, que de no ser así no se vería. El plano de la órbita lunar está inclinado respecto a la Eclíptica unos 5° por lo que se produce una Libración en latitud que permite ver alternativamente un poco más allá del polo Norte o del Sur. Por ambos movimientos el total de superficie lunar vista desde la Tierra alcanza un 59% del total. Cada vez que la Luna cruza la eclíptica, si la Tierra y el Sol están sensiblemente alineados (Luna llena o Luna nueva) se producirá un eclipse lunar o un eclipse solar.

La órbita de la Luna es especialmente compleja. La razón es que la Luna esta suficientemente lejos de la Tierra (384.400 km en promedio) que la fuerza de gravedad ejercida por el Sol es significativa. Dada la complejidad del movimiento, los nodos de la Luna, no están fijos, sino que dan una vuelta en 18,6 años. El eje de la elipse lunar no está fijo y el apogeo y perigeo dan una vuelta completa en 8,85 años. La inclinación de la órbita varía entre 5° y 5° 18’. De hecho, para calcular la posición de la Luna con exactitud hace falta tener en cuenta por lo menos varios cientos de términos.

Asimismo, la Luna se aleja unos cuatro centímetros al año de la Tierra, a la vez que va frenando la rotación terrestre -lo que hará que en un futuro lejano los eclipses totales de Sol dejen de producirse al no tener la Luna suficiente tamaño como para tapar el disco solar-. En teoría, dicha separación debería prolongarse hasta que la Luna tardara 47 días en completar una órbita alrededor de nuestro planeta, momento en el cual nuestro planeta tardaría 47 días en completar una rotación alrededor de su eje, de modo similar a lo que ocurre en el sistema Plutón-Caronte. Sin embargo, la evolución futura de nuestro Sol puede trastocar esta evolución. Es posible que al convertirse nuestra estrella en una gigante roja dentro de varios miles de millones de años, la proximidad de su superficie al sistema Tierra-Luna haga que la órbita lunar se vaya cerrando hasta que la Luna esté a alrededor de 18.000 kilómetros de la Tierra -el límite de Roche-, momento en el cual la gravedad terrestre destruirá la Luna convirtiéndola en unos anillos similares a los de Saturno. De todas formas, el fin del sistema Tierra-Luna es incierto y depende de la masa que pierda el Sol en esos estadios finales de su evolución.

Atmósfera de la Luna

La Luna tiene una atmósfera insignificante debido a su baja gravedad, incapaz de retener moléculas de gas en su superficie. La totalidad de su composición aún se desconoce. El programa Apolo identificó átomos de helio y argón, y más tarde (en 1988), observaciones desde la Tierra añadieron iones de sodio y potasio. La mayor parte de los gases en su superficie provienen de su interior.

La agitación térmica de las moléculas de gas viene inducida por la radiación solar y por las colisiones aleatorias entre las propias partículas atmosféricas. En la atmósfera terrestre las moléculas suelen tener velocidades de cientos de metros por segundo, pero excepcionalmente algunas logran alcanzar velocidades de 2.000 a 3.000 m/s. Dado que la velocidad de escape es de, aproximadamente, 11.200 m/s éstas nunca logran escapar al espacio. En la Luna, por el contrario, al ser la gravedad seis veces menor que en nuestro planeta, la velocidad de escape es asimismo menor, del orden de 2.400 m/s. Podemos deducir entonces que si la Luna tuvo antaño una atmósfera, las moléculas más rápidas pudieron escapar de ella para, según una ley de la teoría cinética de los gases, inducir a las restantes a aumentar su velocidad, acelerando así el proceso de pérdida atmosférica. Se calcula que la desaparición completa de la hipotética atmósfera lunar debió realizarse a lo largo de varios centenares de millones de años.

La prácticamente ausencia de atmósfera en nuestro satélite obliga a los astronautas a disponer de equipos autónomos de suministro de gases, conocidos como P.L.S.S. en sus paseos por la superficie. Asimismo, al no existir un manto protector, las radiaciones ultravioleta y los rayos gamma emitidos por el Sol bombardean la superficie lunar, siendo necesario contar con trajes protectores especiales que eviten sus efectos nocivos.

Para la tenue atmósfera lunar cualquier pequeño cambio puede ser importante. La sola presencia de los astronautas altera localmente su presión y su composición al enriquecerla con los gases espirados por ellos y por los que se escapan del módulo lunar cada vez que se efectúa una EVA. Existe el temor de que los gases emitidos por las naves que en la década del setenta alunizaron en la Luna hayan creado una polución o contaminación de igual masa a la de su atmósfera nativa. Aunque estos gases ya deben haber desaparecido en su mayoría, aún hay una preocupación de que queden restos que impidan investigar sobre la atmósfera real de la Luna.

La atmósfera lunar recibe también aportaciones de partículas solares durante el día, que cesa al llegar la noche. Durante la noche lunar, la presión puede bajar hasta no ser más que de dos billonésimas partes de la atmósfera terrestre, subiendo durante el día hasta las ocho billonésimas partes, demostrando así que la atmósfera lunar no es una atmósfera permanente, sino una concentración de partículas dependiente del medio exolunar.

La ionosfera que rodea a nuestro satélite se diferencia de la terrestre en el escaso número de partículas ionizadas, así como de la presencia de electrones poco energéticos que, arrancados del suelo de la Luna, son emitidos al espacio por el impacto de los rayos solares. Actualmente, se ha podido determinar la existencia de una cola de sodio compuesta por vapores que se desprenden de nuestro satélite de forma similar a como lo hacen los gases de los cometas.

La ausencia de aire, y en consecuencia de vientos, impide que se erosione la superficie y que transporte tierra y arena, alisando y cubriendo sus irregularidades. Debido a la ausencia de aire no se transmite el sonido. La falta de atmósfera también significa que la superficie de la Luna no tenga ninguna protección con respecto al bombardeo esporádico de cometas y asteroides. Además, una vez que se producen los impactos de éstos, los cráteres que resultan prácticamente no se degradan a través del tiempo por la falta de erosión

Descubrimiento de agua en la Luna

El 13 de noviembre de 2009, la Agencia espacial de Estados Unidos NASA anunció el hallazgo de agua en la Luna. Cuando, el 9 de octubre la NASA estrelló la sonda LCROSS y su cohete Centauro en el fondo del cráter Cabeus en el polo sur de la Luna, en una operación que buscaba confirmar la presencia de agua en el satélite natural de la Tierra. La colisión levantó una columna de material desde el fondo de un cráter que no ha recibido la luz del Sol en miles de millones de años.

El agua que se levantó por el impacto de la sonda podría llenar una docena de baldes de ocho litros, dijo el científico Anthony Colaprete. Los datos preliminares obtenidos del análisis de esos materiales “indican que la misión descubrió, exitosamente, agua (…) y este descubrimiento abre un nuevo capítulo en nuestro conocimiento de la Luna”, afirmó la NASA.

“La concentración y distribución de agua y de otras sustancias requieren más análisis, pero podemos decir con seguridad que (el cráter) Cabeus contiene agua”, afirmó Colaprete.

Hasta aqui, la Historia oficial….Ahora los misterios:

 La Luna es mucho más vieja de lo que se ha imaginado, quizás incluso más vieja que la Tierra y el Sol… examinando rocas lunares se ha llegado a determinar que éstas datan de 4.5 mil millones de años, mucho más viejas que la Tierra, incluso casi tan viejas como el Sistema Solar, como menciona el investigador Jastrow. Las rocas más viejas encontradas en la Tierra datan de 3.5 mil millones de años. Actualmente, es aceptado por la comunidad científica que la Tierra data de 4.6 mil millones de años. En 1973, la respetada revista científica de astronomía de la Universidad de Harvard, Sky and Telescope, reveló en la conferencia de este mismo año Lunar Conference, que una roca encontrada en la luna databa de 5.3 mil millones de años, lo que la haría más vieja que la Tierra.

La Luna tiene tres distintas capas de roca. Al contrario de como se supondría, las rocas más duras están en la superficie y las más blandas en el interior. Estas diferencias apuntan a que la Tierra y la Luna aparecieron la una lejos de la otra, una idea que los astrofísicos son incapaces de comprender, ya que no entienden como la Luna se ha convertido en un satélite de la Tierra.

Se han encontrado rocas magnetizadas sobre la superficie lunar, no lo suficientemente fuertes como para poder enganchar un clip pero con suficiente magnetismo para ser detectado. ¿Qué es lo que lo hace tan extraño? ¡Pues que no existe ningún campo magnético en la Luna! ¿Cómo podrían haberse magnetizado las rocas?. El argumento es que la Luna se magnetizó al impactar con la Tierra… pero si realmente eso tuvo lugar, la Luna tendría que haberse destruido por la fuerza de atracción del campo magnético de la Tierra.

Durante las misiones de los Apollos, equipo sismográfico fue ubicado sobre la Luna en lugares separados. Entre 1969 y 1977 se detectaron a lo largo de cada año 3.000 terremotos lunares los cuales fueron detectados con el equipo sismográfico. La mayoría de las vibraciones eran bastante pequeñas y estaban causadas por meteoritos que impactaban sobre la superficie lunar, pero otras vibraciones fueron detectadas dentro de la Luna. En 1958 tuvo lugar un evento en el cráter llamado Alphonsus. En noviembre de este año el astrónomo soviético Nikolay A. Kozyrev del Crimean Astrophysical Observatory, dejó al mundo asombrado cuando fotografió por primera vez una erupción gaseosa en la luna cerca del citado cráter. Kozyrev lo atribuyó al escape de gases fluorescentes. A pesar de que fue rechazado por la comunidad científica, otros astrónomos en el Lowell Observatory también vieron actividad en la región de Aristarchus en 1963. Días después, luces de colores permaneciendo más de 1h fueron reportados desde diferentes observatorios. Algo estaba ocurriendo dentro de la Luna. Y sea lo que sea, ocurre siempre de la misma manera a la misma hora. Cuando la Luna se acerca a la Tierra, se detectan señales sísmicas lunares idénticas en diferentes regiones de la misma. ¿Cómo es que esta actividad sísmica lunar ocurre siempre de forma periódica? Wilson Sullivan, del New York Times, escribió, “es difícil de entender como podría esto ser un fenómeno natural. No obstante, algo artificialmente construido podría producir los mismos resultados sísmicos, los cuales ocurren una y otra vez”.

Hay muchas indicaciones de que la Luna podría estar hueca. La densidad de la Luna, 3.34 gr/cm3, es significativamente diferente de los 5.5. gr/cm3 del manto de la Tierra. Estudios de las rocas lunares proponen que ésta posee un núcleo muy pequeño o la inexistencia de éste. En el año 1962 el científico de la NASA el Dr. Gordon MacDonald dijo, que según los datos de densidad de la Luna, la densidad de la misma disminuía al incrementar la profundidad, lo que podría llegar a indicar que la Luna está hueca. Otros científicos han confirmado estos datos, como el Premio Nobel de química Dr. Harold Urey, quien sugirió que podían haber cavidades dentro de la Luna. El científico del MIT Dr. Sean C. Solomon también propuso que la Luna podía estar hueca. En 1966, Carl Sagan argumentó en su libro “Intelligent Life in the Universe”, que un satélite natural nunca podía estar hueco. La evidencia más fuerte de que la Luna está hueca provino del suceso con el Apollo 12 el 2 de noviembre de 1969. Cuando los astronautas regresaron al Apollo, dejando atrás el módulo lunar, éste cayó sobre la superficie lunar provocando un terremoto artificial. Dejaron caer el módulo lunar como un experimento sismico. El equipo sismográfico registró unas vibraciones inesperadas y sorprendentes. ¡La Luna reverberó como una campana durante más de 1h! A la vibración le llevó 8 minutos llegar hasta su punto álgido para empezar a descender de nuevo en intensidad. Maurice Ewing, uno de los codirectores de tal experimento sísmico dijo que lo que había ocurrido era igual que hacer golpear una campana de una iglesia una vez y ver que el sonido se mantenía durante 30 minutos. Lo mismo volvió a ocurrir con el Apollo 13, en tal ocasión el choque fue similar a lo que provocarían 11 toneladas de TNT. De acuerdo con la NASA, en esta ocasión “la Luna actuó como si fuese un gong”. Las reverberaciones duraron más de 3 h y viajaron a una profundidad de 22 a 25 millas. Estudios similares han arrojado resultados similares. El 13 de mayo de 1972 un meteorito chocó con la Luna y provocó un choque similar a 100 toneladas de TNT. La vibración de tal impacto atravesó toda la luna hasta su centro, no obstante, las vibraciones no volvieron a la superficie indicando que el núcleo de la Luna está hueco.

Es curioso que la superficie lunar sea dura con un interior más ligero o inexistente. La superficie lunar contiene minerales como el titanio usado en la Tierra para construir aviones o vehículos espaciales. Cuando los astronautas intentaron realizar un agujero con un taladro sobre la superficie lunar, todo el mundo pudo ver por televisión como los esfuerzos fueron inútiles pudiendo únicamente penetrar unos pocos centímetros. Parece ser que sobre la superficie lunar hay metales procesados. Sí, metales procesados, como por ejemplo lo sería el acero, que es una aleación de otros metales, pues algo parecido sobre la superficie lunar. Uranio 236 y Neptunio 237 se encontraron sobre la Luna cuando estos elementos no se han encontrado en la naturaleza; ambos fueron encontrados en las rocas lunares por la Argone National Laboratory. En 1976, la Associated Press reportó que los Soviéticos había descubierto partículas de hierro que no se oxidaban sobre la superficie lunar de una misión de 1970. Algo que es desconocido en la naturaleza y muy superior en tecnología terrestre.

El misterio mayor de todos es descubrir cómo la Luna llegó donde está actualmente. Las diferentes teorías:

– La Luna es una parte de la Tierra que se separó de ésta hace eones de tiempo… pero nadie puede localizar dónde de la Tierra podría haberse separado. Esta teoría fue desechada al encontrar que no existe prácticamente similitud entre la composición de la Luna y la Tierra.

– La Luna fue creada de los restos dejados por la creación de la Tierra… esta teoría no se acepta de acuerdo con la actual teoría de la gravitación, ya que todos los restos hubiesen sido atraídos por la gravedad de la Tierra.

– Actualmente es aceptada la teoría de que la Luna tiene un origen en algún otro lugar y entró en el campo gravitatorio de la Tierra en algún momento del pasado distante. Según esta teoría hay dos posibilidades, (1) la Luna era originalmente un planeta que colisionó con la Tierra creando restos que combinados formaron la Luna, (2) la Luna viajaba por el Sistema Solar y fue atraída por el campo magnético terrestre. No obstante, ninguna de ambas teorías ha podido ser probada por falta de evidencia, ya que no existe ningún resto en la Tierra que un choque con la Luna o que ésta fuese atraída por la Tierra.

En cuanto a la órbita de la Luna sobre la Tierra, ésta es un círculo perfecto y además estacionario, lo cual significa que la Luna siempre está mirando a la Tierra con la misma cara. Por lo que se sabe, es el único satélite con una órbita como ésta. Esta órbita perfectamente circular es extraña, teniendo en cuenta que el centro de la masa lunar está 1 milla más cercana a la Tierra que su centro geométrico. Este hecho debería provocar una órbita inestable y tambaleándose. Además, prácticamente todos los satélites de nuestro Sistema Solar orbitan a la altura del ecuador de los planetas. Pero no nuestra Luna, con una órbita extrañamente cerca de la órbita de la Tierra alrededor del Sol o inclinada hacia la elíptica de la Tierra más de 5 grados. Es muy extraño que la Luna fuese a parar de forma natural a tan preciso lugar siguiendo una órbita perfectamente circular alrededor de la Tierra. El escritor científico William Ray Shelton dijo que algo tiene que haber puesto a la Luna en la altitud en la que está, en el curso que sigue y a la velocidad a la que se mueve. La pregunta es, ¿qué es ese ‘algo’?

Un último dato ‘anómalo’ es que la Luna está ubicada en el preciso lugar a la distancia precisa desde la Tierra en relación al Sol, para cubrir completamente al Sol en un eclipse. O sea, en otras palabras, que la Luna está ubicada a la distancia perfecta para que con un diámetro de 2.160 millas pueda cubrir 864.000 millas, que es el diámetro del Sol al interponerse entre la Tierra y el Sol; lo que viene a llamarse un eclipse solar provocado por la Luna.

En Julio de 1970 dos científicos rusos propusieron una teoría extravagante para explicar todas estas anomalías. Michael Vasin y Alexander Shcherbakov publicaron un artículo en la revista soviética Sputnik que se titulaba: “¿Es la Luna una creación de una Inteligencia Alienígena?. Según el artículo de Vasin y Shcherbakov, escribieron que “abandonando los caminos tradicionales del ‘sentido común’, nos hemos adentrado en lo que aparentemente puede parecer una fantasía irresponsable y sin sentido. Pero cuanto más minuciosamente estudiamos toda la información recopilada sobre la Luna, más nos convencemos de que nuestra hipótesis se ve apoyada por los datos que encontramos”. Esta teoría de la Luna como una Nave-Espacial, fue revitalizada en 1975 con la publicación de “Our Mysterious Spaceship Moon” por Don Wilson quien recopiló una cantidad ingente de datos que apoyaban su tesis.

Construcciones en la Luna

El editor científico del New York Herald Tribune, John J. O’Neil, el 29 de julio de 1953, declaró haber visto un “puente” de 12 millas de largo cruzando el cráter Mare Crisium. Después de informar sobre este descubrimiento a la Association of Lunar and Planetary Observers, O’Neil fue recibido con desdén por los astrónomos. No obstante, un mes después el “puente” fue confirmado por el astrónomo británico Dr. H. P. Wilkens, quien dijo a la BBC, “parece artificial. Es casi increíble que tal cosa pueda haberse formado en primer lugar, o si se hubiese formado pueda haber permanecido intacto durante tanto tiempo”. Otra confirmación vino de la mano de Patrick Moore de la British Astronomical Association, quien declaró que el “puente” apareció “de repente” casi de la noche a la mañana.

Otra estructura importante es conocida como “Shard” localizada en el área de la Luna llamada Ukert, el cual se encuentra en un punto cercano a la Tierra. El Shard fue fotografiado por el Orbiter 3 para preparar las misiones de los Apollos. Este raro monumento consiste en una torre de una milla y media de alto desde la superficie lunar. Dr. Bruce Cornet, un geólogo independiente que ha estudiado las fotos del Shard dijo, “ningún proceso natural podría explicar tal estructura”.

Pero posiblemente la estructura más increíble de todas es la llamada “the Tower” (la Torre), en la región de Sinus Medii. Dr. Cornet dijo, “la Torre representa un enigma de grandes proporciones, porque se alza más de 5 millas sobre la superficie lunar, y ha sido fotografiada desde 5 ángulos diferentes y 2 diferentes altitudes. En todas las fotografías la misma estructura es visible y puede ser vista desde diferentes ángulos. La Torre existe en frente a la izquierda del Shard en la fotografía Lunar Orbiter III-84M. La parte de arriba de la Torre tiene una geometría cúbica y parece que está compuesta de cubos regulares juntados unos con los otros formando un gran cubo con una anchura de más de 1 millas!”.

El investigador privado George H. Leonard llegó a una sorprendente conclusión en relación a la actividad y las estructuras en la Luna. En 1977, después de años de “cazar” los dossieres de la NASA con fotos de la Luna, declaró haber encontrado suficiente evidencia para convencerse de que “la luna está ocupada por una raza inteligente o razas que probablemente vinieron desde fuera del Sistema Solar”. Leonard añadió, “la luna está firmemente en posesión de estos ocupantes, evidencia de su presencia está por doquier: en la superficie, en la zona más cercana a la Tierra y en la cara oculta, en los cráteres, y en las zonas montañosas; tal sospecha puso en marcha los programas para investigar la Luna por los Estados Unidos y los Rusos”. Leonard publicó un libro en 1977 llamado “Somebody Else Is on the Moon”, en el que discute más de dos docenas de fotos. Después de estudiar cientos de fotos, Leonard concluyó que al menos se están haciendo dos cosas en la Luna: minería para extraer minerales y reparando los daños de la superficie lunar.

Otros investigadores afirmar que en las fotos de la Luna se pueden ver una serie de cúpulas transparentes, indicando posibles ruinas de ciudades y grandes estaciones. A estas anomalías varias pirámides han sido vistas en la Luna, especialmente en el Mar de la Tranquilidad donde alunizó un Apollo. En noviembre de 1966, el Lunar Orbiter II tomó fotos desde 29 millas de la superficie del Mar de la Tranquilidad, mostrando lo que parecen ser finas pirámides u obeliscos similares a la de Cleopatra Needle en Central Park, algunas de una altitud de un edificio de 50 pisos. Por supuesto que la NASA negó que hubiese ninguna anomalía sobre la Luna a medida que iban publicando las fotos. El 22 de noviembre de 1966, el Washington Post publicó en primera portada el siguiente titular: “Seis Misteriosas Sombras de Estatuas han sido Fotografiadas por el Orbiter de la Luna”.

Para finales de la década de los ’70, la fiebre producida por las anomalías lunares había menguado considerablemente y no volvió a comentarse nada sobre ellos hasta 1996, cuando el investigador Robert Hoagland presentó una serie de fotografías altamente curiosas en una conferencia celebrada en el National Press Club de la ciudad de Washington, D.C.

Agrupados bajo el nombre Enterprise Mission, el ex-piloto de pruebas Ken Johnson de la NASA, los geólogos Ron Nicks y Brian Moore y el mismo Hoagland indicaron que muchas de la fotos lunares tomadas por la misión Apolo 12 indicaban peculiaridades que jamás habían sido tomadas en cuenta: estructuras casi sacadas de la fantasía con nombres como “el palacio de cristal” (fotografiado a una altura de 15 millas sobre la Luna cerca del cráter Hyginus) y “el Castillo” (una enorme estructura vítrea flotando sobre la superficie lunar a más de nueve millas de altura). Los comunicados de prensa emitidos por la Enterprise Mission por Internet y otros medios apuntaban: “Estas películas oficiales de la NASA, analizadas por un espacio de cuatro años con tecnología que no existía hace 30 años, cuando se tomaron las originales, representan prueba innegable de la existencia de estructuras artificiales de gran antigüedad en la Luna”.

La odisea del sargento Wolfe

Una de las presentaciones de mayor impacto en el “Disclosure Project” auspiciado por el Dr. Steven Greer lo fue el testimonio grabado del sargento Karl Wolfe de la Fuerza Aérea de los EE.UU. (USAF). A mediados de la década de los ’60, el sargento se desempeñaba como técnico fotográfico militar, y un buen día recibió órdenes de sus superiores para personarse en la base aérea Langley, donde se había recibido la información visual obtenida por la sonda Lunar Orbiter. Recogiendo sus instrumentos, Wolfe se desplazó hasta la base Langley, donde unos oficiales le llevaron a un hangar que contenía el laboratorio fotográfico de la base. El local estaba vacío salvo por otro militar de bajo rango encargado de procesar el material fotográfico –negativos de 35 milímetros que eran convertidos a su vez en mosaicos de dieciocho pulgadas. Cada tira de negativos correspondía a una pasada de la sonda sobre la superficie lunar.

Dio la casualidad que el aparato empleado para el procesamiento de imágenes no funcionaba, y ambos hombres se sentaron a esperar a que les trajesen otro. Repentinamente, el otro militar le dijo a Wolfe: “Por cierto, hemos descubierto una base en la cara oculta de la Luna”.

Wolfe no ocultó su sorpresa, preguntando enseguida a quien le pertenecía, ya que faltarían varios años para el programa Apolo iniciase sus exploraciones. Seguro que los rusos –o hasta tal vez los misteriosos chinos– se habían adelantado a Estados Unidos. Pero el otro hombre repitió que efectivamente, había una base en la Luna.

“En ese momento –confiesa Wolfe en la grabación hecha para el Disclosure Project– sentí miedo. Si alguien hubiese llegado a entrar en el laboratorio, sabía que estaríamos en peligro por haber hablado sobre esta información”.

Pero no apareció nadie, y para su mayor sorpresa, el técnico fotográfico de la base Langley le mostró uno de los fotomosaicos que presentaba una base artificial en nuestro satélite, con figuras geométricas, torres, construcciones esféricas de gran altura y estructuras parecidas a platos de radar, pero de proporciones colosales. “Algunas de ellas”, apunta Wolfe, “tenían unas dimensiones que superaban la media milla”.

Domo lunar.

Las misteriosas estructuras lunares parecían tener un revestimiento reflectivo, mientras que otras guardaban cierto parecido con las torres de refrigeración de las centrales nucleares. Tan reveladora era la información visual que Wolfe llegó al punto de no querer ver nada más, sabiendo bien que peligraba su vida. “Me hubiera encantado seguir mirando, y haber hecho copias”, admite el sargento, “pero sabía que era un riesgo enorme, y que el joven que me había enseñado los fotomosaicos estaba excediendo su autoridad al mostrármelos”.

La singular experiencia del sargento Wolfe recibió cierta corroboración por parte de Larry Warren, el controvertido testigo principal del célebre incidente OVNI en la base angloestadounidense de Bentwaters en el Reino Unido. Después de su experiencia, la cúpula militar llevó a Warren y otros soldados a un cuarto de proyección donde se les enseñó un rodaje extraordinario: tomas de la superficie lunar que permitían ver estructuras cuadradas de color arenoso, y en primer plano, el coche lunar Rover utilizado por los astronautas, que podían ser vistos apuntando hacia las estructuras.

¿Llegaron primero los rusos?

Aunque la historia siempre dirá que Armstrong, Aldrin y Collins fueron los primeros humanos en llegar a la Luna, este hecho siempre estará matizado por la incómoda realidad de que la antigua U.R.S.S. había lanzado, en enero de 1959, lo que se piensa era un vehículo de tres etapas diseñados para llegar hasta la Luna: la sonda Luna 1 pasó a tres mil millas de nuestro satélite, y las demás sondas pertenecientes a dicha serie de lanzamientos progresivamente lograron orbitar y hacer aterrizajes suaves en la Luna mientras que los primeros intentos de EE.UU. por llegar al espacio seguían atascados en la plataforma de lanzamiento. No se puede negar, entonces, la posibilidad de que una misión tripulada secreta perteneciente a la U.R.S.S. haya alcanzado la Luna.

Existe un incidente que puede servir como inquietante corroboración a estas misiones rusas: mientras que el módulo de mando de la misión Apolo 17 sobrevolaba el cráter Orientalis, el piloto Al Worden afirmó haber visto un objeto de manufactura humana, de luces pulsantes, en el fondo del cráter. El control en Houston formuló la interrogante: “¿Acaso creen que se podrá tratar de Vostok?” Durante su siguiente órbita lunar, Worden pudo observar el aparato nuevamente.

El programa Vostok correspondía a los primeros lanzamientos tripulados de la Unión Soviética, y algunos de ellos siguen ocultos en el secreto más absoluto. En 1969, un sistema de clasificación de la NASA acerca de los supuestos vehículos de lanzamiento utilizados por la URSS identificaba seis categorías distintas desde la “A” a la “G”; esta última letra designaba al “gigante de Webb”, un lanzador de dimensiones colosales identificado por el administrador de la NASA, James Webb, como el vehículo ruso utilizado para llevar tripulación e instrumentos hasta la Luna.

El 19 de Julio de 1969 el modulo principal de la misión Apolo XI entraba en órbita alrededor de la Luna y comenzaba a ultimarse todos los preparativos que permitirían que el modulo Eagle alunizara sobre la superficie de nuestro satélite dos días después. La rutina de los preparativos técnicos fue interrumpida por una llamada de Misión Central de Houston (Texas) que previno a los astronautas de algo insólito que debían tratar de comprobar: al parecer varios astrónomos aficionados habían telefoneado a la NASA para informar de que estaban viendo un fenómeno LTP en las inmediaciones del cráter Aristarco, muy cerca de la órbita de la nave estadounidense. Tras recibir la orden, Neil Armstrong, sin pensarlo un segundo, fue hacia una de las ventanillas del modulo y observo, en la cercanía de lo que creyó que era el cráter Aristarco en cuestión “un área considerablemente mas iluminada que la zonas de alrededor. Parece que tiene algo de fluorescencia“. Sorprendentemente, tras el final de la misión, Houston no se pronuncio nunca sobre la naturaleza de este y otros avistamientos de luces extrañas durante este vuelo espacial, si bien posteriores mediciones del cráter Aristarco pusieron de relieve que en la zona existían unos niveles de radioactividad de difícil explicación.

Desde entonces hasta hoy han pasado ya 25 años. En aquellos épicos días de la llegada del hombre a la Luna muchos astrónomos creyeron ingenuamente que los astronautas de las misiones Apolo despejarían las incógnitas nacidas a la luz de sus observaciones nocturnas. Pero pocas esperanzas se demostraron tan infundadas como esta. En definitiva, se encontraron con un satélite “muerto” geológicamente hablando. Por otra parte, el casi 1/3 de tonelada de tierra y piedras lunares que trajeron con sigo a la Tierra, así como sus filmaciones y mediciones sobre el terreno, después de haber sido analizadas concienzudamente en los laboratorios de la NASA norteamericana, no solo se ratificaron las impresiones de los astronautas sobre la esterilidad de aquel mundo, sino que ayudaron a incluir nuevos y aun mas incómodos enigmas. Por ejemplo, las misiones Apolo pusieron de relieve la existencia de un campo magnético irregular alrededor de la Luna que incluso se puede encontrar en los materiales “exportados” del satélite. No esta claro como pudieron originarse semejantes índices de magnetismo en este pequeño cuerpo astronómico, incapaz de contener un núcleo de metal caliente o fundido. Pero además – señalaron los propios ingenieros de la NASA – la Luna tampoco gira suficientemente veloz como para crear un efecto dinamo sobre los minerales lunares.

En Junio de 1985 el investigador norteamericano Willian Corliss hizo acopio de estas y otras “irregularidades” no resueltas por la NASA en el transcurso de su proyecto LUNAR, ORBITER y APOLO, enunciando en su obra “The moon and the planet: A catalog on astronomical anomalies” mas de 60 categorías distintas de fenómenos extraños relacionados con la Luna. Entre las mas espectaculares se encuentran las que hacen referencia a su órbita irregular y que han pretendido explicarse gracias a perturbaciones gravitacionales de origen no identificado. La mas seria de estas perturbaciones es el alejamiento de la Tierra que excepcionalmente nuestro satélite y que pone en evidencia la fragilidad del sistema gravitacional Tierra-Luna, al tiempo que valida la teoría de que esta ultima fue capturada por nuestro planeta hace varios miles de años y que por lo tanto, corre el serio riesgo de volverse a escapar en cualquier momento… o lo que es peor, terminar por impactar contra este calido punto azul “algún día – especifica Corliss en su trabajo” en el futuro, pudríamos perder la Luna y esta podría terminar convirtiéndose en un planeta por derecho propio”.

Ni que decir tiene que, durante los últimos 2 años esta clase de especulaciones han allanado considerablemente el terreno a escritores cuyos argumentos están a medio camino entre la ciencia y mas delirante ciencia-ficción. Uno de ellos, sin duda de los mas notables, es el norteamericano Don Wilson, quien tan solo 3 años después de cancelar el proyecto Apolo publico en 1975 su libro “La Luna una misteriosa nave espacial“, en el que además de acusar a la NASA de ocultar información obtenida durante sus misiones en la Luna, concluía que nuestro satélite era en realidad una especie de gigantesca nave espacial, esférica en cuyo núcleo se encontraba una colosal base extraterrestre. No tardaron en irse a la zaga autores como George H. Leonard, quien, en su libro “Some one else in on our Moon” (1976) mostraba convencido algunas fotografías de la NASA de nuestra visita a la Luna en donde – a su juicio – se apreciaban claramente muestras de tecnología alienígena. Sus argumentos se fundamentaban sobre imágenes de pobre calidad en las que parece apreciarse rastros de ruedas sobre el polvo lunar, presuntas excavadoras gigantescas o entradas a bases subterráneas.

Teoría del orígen artificial de la luna

De las teorías más sorprendentes en relación con nuestro satélite destaca una en particular, que atribuye a la Luna un origen artificial. Según dicha teoría, la Luna sería una estructura creada por una antigua inteligencia en tiempos inmemoriales, uno de cuyos fines sería “vigilar” o controlar desde allí el desarrollo de la vida inteligente en nuestro planeta.

Su superficie habría sido recubierta con minerales, para dotarla de una apariencia normal, o bien habría sido abandonada hace mucho tiempo y, sobre ella, se habrían ido acumulando durante milenios distintas capas de material procedente del choque de asteroides.

En esta teoría, se basó el concepto de la Estrella de la Muerte de la mítica Star Wars, un planetoide artificial en manos del maligno Imperio.

La idea es, desde luego, descabellada, pero sugerente y encuentra su lugar en este blog, que hemos creado para… soñar.

Sin embargo, hay un conjunto de datos que esgrimen continuamente los autores que acogen esta idea que, cuando menos, nos pueden llevar a tener una serie de dudas razonables:

  • El tamaño de la Luna es desproporcionado para un planeta del tamaño de la Tierra.Si nos fijamos en los demás satélites que conocemos, son mucho más pequeños que el planeta alrededor del cual giran: eran planetoides un día atrapados por la gravedad del mismo, o producto del material expulsado por dicho planeta en algún choque con un asteroide. Por el tamaño, nuestra Luna nunca podría haber sido atrapada por la gravedad de la Tierra: es demasiado grande. Debido a eso, la hipótesis comúnmente más aceptada es que la Luna es producto de un hipotético choque entre un planeta, aproximadamente del tamaño de Marte, y la Tierra. El material expulsado de tan violento cataclismo quedó flotando durante millones de años alrededor de la Tierra en forma de anillo (como en Saturno) y, posteriormente, dicho material terminaría agrupándose en lo que hoy constituye nuestro satélite.
  • Siempre vemos la misma cara de la Luna: hay otra que permanece siempre oculta a la Tierra.La perfecta sincronía en la Luna entre sus movimientos de rotación y traslación alrededor de la Tierra, de manera que siempre veamos la misma cara, no tiene parangón en ninguna parte del universo conocido. La imaginación se escapa y sueña con una Luna artificial que oculta alguna clase de equipos de observación dirigidos hacia nuestro planeta y situados en su cara visible.
  • El Sol y la Luna, aunque son astros de un tamaño completamente diferente y se encuentran situados a una distancia de la Tierra completamente dispar, sorprendentemente se ven del mismo tamaño desde la Tierra.Por esa razón, la mayor parte de las veces en que hay un eclipse de Sol, la Luna tapa milimétricamente el disco solar, aunque también se producen de vez en cuando eclipses de tipo anular, por las periódicas variaciones de distancia entre los tres astros. Algunos matemáticos y físicos han hecho cálculos de probabilidades en relación con este tema y han llegado a la conclusión de que la probabilidad de que astros con diámetros tan diferentes y situados a tan distintas distancias de nuestro planeta se vean con el mismo tamaño desde aquí son casi infinitesimales.
  • La hipótesis de la “luna hueca”.Dos han sido las razones que han conducido a algunas personas a hablar de la posibilidad de que nuestro satélite esté hueco:  Por un lado, cuando en la desatrosa misión Apolo XIII, los astronautas tuvieron que desprenderse de partes del cohetemódulo que orbitaba alrededor de la Luna, para poder regresar a la Tierra, éstas cayeron sobre nuestro satélite y las vibraciones causadas por el impacto captadas por distintos sistemas de medición se asemejaban a las vibraciones de una campana.Por otra parte, la Luna presenta diversidad de densidades en sus diferentes zonas. Es decir, hay más atracción gravitatoria en unas partes de la Luna que en otras, como si tuviera algunas zonas más huecas que otras. Este hecho generó una serie de problemas en el inicio de la exploración de nuestro satélite, pues dificultaba el alunizaje en el mismo o la posibilidad de dejar satélites orbitando alrededor de ella, pues los equipos necesitaban realizar un continuo recálculo de las condiciones gravitatorias, para no acabar estrellándose sobre la misma o saliéndose fuera de la órbita.

Sea lo que sea, la Luna no dejará nunca de ser una fuente de misterios para el ser humano.

Color real de la Luna

 

Y tambien Piramides….

Como siempre juzguem ustedes…

Publicado octubre 1, 2012 por astroblogspain en Uncategorized

Una respuesta a “Los misterios de Selene..

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  1. Muy buena investigación

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